LETRAS     PENSAMIENTO     SANTO DOMINGO     MIGUEL D. MENA     EDICIONES  

Reynaldo Disla
(Cotuí, 19 de noviembre 1956)

> Dos cuentos cortos

UN COMERCIAL PARA MÁXIMO GÓMEZ

Sobre una idea original del Teatro Gayumba

Estrenada por el Teatro Gayumba en el parque Duarte de San Pedro de Macorís el 16 de noviembre de 1986 con las actuaciones de Nives Santana, Fernando Castillo y Manuel Chapuseaux quien dirigió el montaje.

Personajes

DIRECTORA

CAÑERO

RÓMULO

El público ocupa todo el espacio escénico. La DIRECTORA, mujer de aspecto moderno y desenvuelto, camina aparatosamente de un lado hacia otro buscando un lugar apropiado para la filmación de un comercial. Apartando a varios espectadores hace un claro en el que un ayudante pone una escalera a la que ella sube, enciende un megáfono y habla al público.

DIRECTORA: Atención, por favor. Óiganme. Vamos a empezar. Hey, allí, si pudieran hacer un poco de silencio. ¡Ssssss! Gracias. Supongo que todos saben por qué están aquí. Si hay algún curioso que no haya sido invitado a la filmación, le suplico que no entorpezca nuestro trabajo con murmullos ni con risas inoportunas; las tomas son de un carácter muy serio; así que, si comienzan a reírse, estaremos obligados a sacarlos de este sitio. ¡Si necesito que alguno se ría le avisaré!... ¡Agárrame esa escalera, tú, no ves que se está temblequeando! ¡Okey! Para los que no me conocen: yo soy la directora del comercial, no la administradora de la publicitaria, así que les ruego que no vengan a cobrarme nada, y para esos asuntos diríjanse a la agencia John and Prides y Cía., que es la encargada de realizar este anuncio para la televisión sobre la figura de Máximo Gómez, cuyo aniversario de su nacimiento... o muerte, no recuerdo bien —ese dato no está en el guión— el caso es que se trata del aniversario de una de esas dos cosas. (Mira el guión.) ¡Ah! Parece que es del nacimiento; pero aquí no estamos para hacer historia, sino t e 1 e v i s i ó n, y la televisión es i m a g e n, y en eso soy experta. (Un CAÑERO, montado en un triciclo, que ha estado vendiendo su mercancía al público, pasa cerca de la escalera.) ¡Cuidado! Además, no hay que explicar tanto, todos sabemos quién fue Máximo Gómez: un dominicano nacido en Baní, el cual... (Consulta el guión.) pues, fue un héroe, junto a José Martí y tantos otros próceres, en la guerra de independencia de Cuba contra los ejércitos españoles... Ahora vamos a grabar la primera toma (Baja, o la trasladan en la escalera a otra zona.) Las cámaras están colocadas en lugares estratégicos, en aquellas casas vecinas, detrás de las ventanas, y otras por allá: se hace esto con el propósito de que ustedes, como es fea costumbre en los extras, no se pongan a mirar la cámara; ¡ya les diré hacia dónde deben mirar! (Llama.) ¡Rómulo! Ven acá. (A varios espectadores cercanos.) Señor, ¿usted cree que tiene fuerza suficiente para levantar esta mesa? Claro que sí. Ven tú también, ayúdalo. Es a ti, no te quedes ahí como un monigote y trabaja. Vamos a llevar esta mesa para allá. ¿Y Rómulo? ¿Han visto a Rómulo? (Llama.) ¡Rómulo! Ah, ahí estás. (Entra RÓMULO, actor maquillado para representar al general Máximo Gómez, viene mirándose en un espejito, se presiona la barba a cada momento, teme que se le caiga, se ajusta el sombrero, camina desgarbado.) ¡¿Qué manera de caminar es ésa?! Eres el generalísimo Máximo Gómez. ¿En dónde estabas? (RÓMULO señala un lugar.) ¿Y qué hacías allí? (RÓMULO gesticula la acción de maquillarse.) ¿Todavía te estaban maquillando? ¡Ya basta de maquillaje, así estás bien! (Le arregla el sombrero.) Guarda ese espejo, eres buenmozo como quiera, lindo. (A los de la mesa.) Déjenla ahí. Rómulo, mi amor, súbete a la mesa, está un poco sucia, pero no sale en la pantalla. Oye, aparecerás desde las rodillas hacia arriba, en plano americano, y detrás se van a ver las cabezas de la multitud, que cuando saques el sable levantarán una mano, así, y dirán: ¡Viva Máximo Gómez! (RÓMULO prueba la consistencia de la mesa y luego sube a ella. Al CAÑERO.) Amigo, por favor, muévase un poco más para allá.

CAÑERO: Eh, ¿a mí? ¿Para acá?

DIRECTORA: Anjá. Más, más atrás. No. Ahí no. Si se queda ahí va a salir (Señala el triciclo.) esa cosa en el comercial.

CAÑERO: Bueno, yo no sabía que iban a hacer una película. Yo vi tanta gente...

DIRECTORA: Sí, sí. Meta esa bicicleta para allá atrás que no se vea, por favor.

CAÑERO: Sí, claro que sí, cómo no; voy para allá; pero al paso.

DIRECTORA: Ay, sí, sí, ande.

CAÑERO: ...porque no me puedo llevar a la gente por delante.

DIRECTORA: ¡Que salga, carajo!

CAÑERO: Ah, bueno. Ahora sí es verdad que le dio, ¿usted no ve que voy saliendo con el triciclo?; porque esto no es una bicicleta, como usted dice, esto es un triciclo; y un triciclo ocupa más lugar que una bicicleta, y si yo le doy duro para alante, voy a estropear a cualquiera de esas personas. (Al público.) Con permiso, déjenme pasar. ¿Quiere una caña? A peseta, a veinte y a quince vendo los pedazos. (Está en medio del público.)

DIRECTORA: Raúl, Aníbal, ocúpense de él. Dejen las luces ahí. Si se queda donde está, esas cañas van a salir junto con las cabezas; ¡Y vamos a filmar cabezas y manos de una multitud! ¡No esas malditas cañas! (RÓMULO baja de la mesa y le da palmaditas en el hombro para que se calme.) No te preocupes, querido, sube a la mesa. No perdamos el tiempo. El tiempo corre, cada minuto nos cuesta cientos de pesos. ¿Acaso no se dan cuenta lo que vale el tiempo para la televisión? (Al CAÑERO.) ¡¿Y todavía no ha podido echarse a un lado!? ¡Esto es el colmo! ¡Váyase de ahí, desgraciado!

CAÑERO: (Subido en el triciclo. Al público.) Pero ella está viendo que yo hago lo que puedo por irme para atrás. Por fin, ¿qué es lo que quiere? (A la DIRECTORA.) Tal vez usted cree que yo deseo salir en la película; pues se equivocó, yo no ando figureando, ando trabajando. ¿Para qué quiero salir en una película? Yo no sé de eso. Así que déjese de insultar a la gente. Yo no soy ningún desgraciado, ¿oyó?, para que vengan a estar hablándole así a uno, delante de la gente como si uno fuera un muchacho. Yo soy un hombre y no me gusta que me llamen la atención; y la calle es libre; y aquí no hay ningún letrero que diga que esto aquí es suyo...

DIRECTORA (Molesta, adopta una actitud indiferente. Busca un rollo de papel.) Ya, ¡por Dios! Vamos con la primera toma. Rómulo, párate derecho, empuña el sable... No... más gallardía, la mirada en el horizonte. Ajá. Espera. (Reculando varios pasos.) ¡Frunce el ceño! Así, ¡pero no tuerzas la boca! No, mi amor, ¡caramba! ¿No puedes fruncir el ceño sin torcer la boca? No, tampoco. (Respira.) Relájate. ¿Qué es eso? Espera... Tienes un tic nervioso. Mejor olvídate del ceño fruncido. Pon una mirada soñadora, pero firme. Bueno, está bien. Entonces cuando yo diga las palabras “bravura indómita” desenvainas el sable así: ¡fuán!, y lo mantienes en alto, sin moverte! Vamos a ver: ¡Bravura indómita! (El actor al desenvainar el sable se le atasca.) No. Otra vez, mi amorcito. Más decisión. Ta, ta, la... ¡bravura indómita! (El actor saca el sable.) Más o menos. Otra vez. ¡Bueno! ¡Muy bien! Ahora, alguien que sujete este cartel para que salga detrás de la cabeza de Rómulo. (Se dirige a dos del público.) A ti, ven, para que subas ahí a sostener este letrero. Y tú. ¿Qué pasa?, que vengan. Vinieron a esto, ¿sí o no? O simplemente están de curiosos. (Cuando los ha subido.) Agarra esa esquina y tú ésta. Abran bien el cartel. Ahí. Muy bien. Traten de que no se mueva. (A un sitio indefinido.) Luis, prepara la cámara. Hazme una señal con el foco. Okey. Vas a tomar la cabeza de él, con el cartel, luego vas abriendo y él saca el sable, y después travelling a la multitud. Ustedes no se dejen ver de este lado. Sólo debe aparecer el letrero. (El letrero dice: “Banco Atlántico, tan tuyo como tu historia.” Al público.) Entonces ya han visto, él sacará el sable; cuando él ya lo tenga arriba, inmediatamente la cámara los enfocará a ustedes que deberán estar con el puño en alto, así. (Muestra el puño cerrado y lo mira.) O no, el puño así, no. Parecería una vaina política. Mejor la mano así... abierta. Y las bocas bien abiertas y diciendo ¡Viva Máximo Gómez! Ensayemos. Rómulo, preparado. Tres, dos, uno y ¡bravura indómita! Todos, las manos arriba y... ¡Viva Máximo Gómez! ¿Qué sucede? ¿No comprendieron? Y ustedes allí levanten las manos, quiero que se vean muchas manos. Okey, de nuevo. (Se repite hasta que todo el público responda.) Muy bien. Estamos listos. Dame luz. (Se encienden las luces de filmación.) Okey Luis, espero que me avises. (Susurra apresurada.) Más solidez en la cara. La imagen profunda y subconsciente es que el banco es tan sólido como un héroe, como un soldado valiente. Ya. Luis. Preparados. (Saca el guión y tararea una melodía. Luego lee.) “Con la solidez de un ideal: liberar de la esclavitud y la explotación española al negro y al blanco cubano, el guerrillero Máximo Gómez ordenó la primera carga al machete, para pelear cuerpo a cuerpo contra el ejército español y vencerlo, entre la maleza espesa, la hierba hasta el cuello, desafiando el hambre y la sed con bravura indómita. ¡Viva Máximo Gómez!” ¡Corta! (Se sienta.) Aquí hay algo que no sirve, que suena a panfleto marxista. Ya sabía yo. ¿Quién escribió el texto? ¿Armando? Quién le quita esas ideas de la cabeza. ¡En el anuncio del banco, pone esas palabras: guerrillero, explotación, esclavitud!... No, no, esto lo arreglo ahora. ¡Qué malditos creativos!, de poetas marxistas pasan a creativos, los emplean en las publicitarias... Están en el sistema y no quieren adaptarse a él; y pretenden hacer la revolución desde un comercial. ¡Idiotas! Quitemos esas palabras. (Lee.) Con la solidez de un ideal: liberar... Liberar... ¡Hum! Eso suena a movimiento de liberación, sandinistas, el Salvador, frente de liberación, partido... quitemos eso... liberar de la esclavitud y la explotación española al negro y al blanco cubano; borremos explotación, negro y blanco... el guerrillero Máximo Gómez. ¡Se habrá visto cosa igual! Así que el personaje con el que comparamos nuestro banco y al cual promovemos para contribuir con la cultura, pone Armando que es un guerrillero; mejor hubiéramos puesto a Fidel o al Ché Guevara. ¡Lo que hay que hacer! (Tacha.) La primera carga al machete... Machete. Ven acá, entonces no era con una espada o un sable que peleaba el fulano ese. (Busca en la documentación.) Qué maldito héroe tan vulgar (Ríe.) Peleaba con un machete. No joda nadie. Supongo que eso lo sabrá mucha gente. Y ahora habrá que ser fiel a la historia. Y para qué me trajeron un sable. ¿Pero dónde consigo, a esta altura de la filmación, un machete? (Recuerda.) Ah, eh, ¿y el cañero que estaba aquí ahorita?, ¿adónde se fue?

CAÑERO: ¿Qué pasa conmigo?

DIRECTORA: Venga acá, por favor. Ábranle paso. Aníbal, tráelo.

CAÑERO: ¿Cómo la quiere, en pedacitos o entera?

DIRECTORA: ¿Qué?

CAÑERO: ¿Que si quiere de ésta? (Señala pedazos de caña envueltos en una funda de plástico.) ¿O se la pelo?

DIRECTORA: No, no es eso. Venga para acá y le diré. (Sigue corrigiendo el guión.) Para pelear cuerpo a cuerpo contra el ejército español. Ah, bueno, ahora se entiende: como el ejército español sabía pelear muy sofisticadamente con la técnica de la esgrima, venían todos estos salvajes con un condenado machete a pelear cuerpo a cuerpo y ahí se jodían los españoles... Bueno, parece que es importante el machete... maleza espesa... hierba... hambre... Ya está listo. (Al CAÑERO.) Mire, perdóneme el exabrupto de hace un momento, amigo. Alquílenos ese machete por quince minutos. Le daremos cinco pesos. (Saca un billete de la cartera.)

CAÑERO (Señala a RÓMULO.): ¿Es para él? Para la película.

DIRECTORA: Sí. Él usaba un machete. (Mira el guión.) Así como el suyo.

CAÑERO: Esto tiene más de colín que de machete.

DIRECTORA: Colín y machete es lo mismo.

CAÑERO: El colín es más fino que el machete.

DIRECTORA: Colín, para su información, era la marca de un machete.

CAÑERO: ¡Mira eso!

DIRECTORA: No perdamos tiempo.

CAÑERO: Lo que pasa es que yo no me iba a quedar aquí todo el tiempo. La gente está trabajando y nadie compra...

DIRECTORA: Está bien. Le daremos diez pesos.

CAÑERO: No, no es eso... Es que yo me he quedado mirando a ese Máximo Gómez, que como decía ahí, peleaba contra los españoles, ¿no?, en la... maleza... con la hierba alta, imagínese... Entonces veo al artista tan bien vestido y limpio... Y me acordé de una película que fui a ver al cine Ketty, dizque sobre Enrique Blanco... y sucede que Enrique Blanco era prieto y el de la película era blanco, buenmozo y se bañaba en un río con una mujer, como en el paraíso terrenal... Mire, ¡y yo salí de ese cine con un pique!... Porque todo el mundo sabe que Enrique Blanco andaba huyendo de los guardias de Trujillo; y no vivía así tan feliz... Entonces yo veo a ése, así... y creo, sinceramente, y perdone la franqueza, que esa película va a ser un clavo...

DIRECTORA: Óigame, caballero, yo no puedo ponerme a discutir si mi trabajo será bueno o malo. Yo le estoy ofreciendo a usted diez pesos por el alquiler de su machete. ¿Quiere?

CAÑERO: Sí, está bien. (Le entrega el machete.) Eso no es problema. (La DIRECTORA le pasa un billete de diez pesos.) No. Deje eso.

DIRECTORA: Tome.

CAÑERO: No. Ni el machete vale eso.

DIRECTORA: Se lo estamos alquilando.

CAÑERO: Sí, pero lo va a usar Máximo Gómez, para pelear contra la explotación y la esclavitud. Yo no le cobro nada.

DIRECTORA (Se ríe.): Tenga, no relaje.

CAÑERO: Yo no estoy relajando. Yo no le cobro nada a Máximo Gómez.

DIRECTORA: Pero es el Banco Atlántico quien le alquila el machete.

CAÑERO: ¡Ah! Eso es otra cosa. (Coge el dinero.) A un banco no.

DIRECTORA: Está bien. Váyase para allá, otra vez. Y venga a buscar su machete cuando terminemos. Que se quite. ¿No oyó?

CAÑERO: El que me haya dado diez pesos, no le da derecho a desconsiderarme. Tome los diez pesos y deme mi machete.

DIRECTORA: Dios mío. Amigo, comprenda... ¿Cómo se llama?

CAÑERO: Eso no tiene que ver. Manolo Peralta. Me apodan Patoño.

DIRECTORA: Mire, Manolo Peralta. Yo estoy muy alterada. Nerviosa. Olvídese de eso.

CAÑERO: Está bien. (Va hacia el fondo, murmurando entre el público.) Estas mujeres de dinero... creen que tienen derecho a estar pisoteando a todo el mundo, como si uno fuera su sirviente... A mí no me vengan con boches...

DIRECTORA (Agarra con asco el machete.): Habrá que limpiarlo. No debe salir así en la pantalla. Ah, ya sé. ¿Quién podría facilitarme papel metálico de ese en que vienen envueltos los cigarrillos. ¿Usted tiene? (Alguien le da papel plateado.) Ah, muy bien, gracias. (Forra el mango del machete con el papel y pone un poco en el filo.) Veremos si este machete no se pondrá presentable. (El actor la ayuda.) Así está bien. Bueno, lo sacas y listo. De nuevo todo igual. Levanten el cartel. Luis, preparados, vamos a grabar de nuevo. Avísame. (Lee el texto rehecho.) “Con la solidez inmaculada de un ideal: desatar de la negra noche del colonialismo español a los cubanos, el apóstol Máximo Gómez, dio la primera carga al machete, para vencer al ejército español entre la maleza espesa, desafiando todo con bravura indómita: ¡Viva Máximo Gómez!” Muy bien. Corta. Oye Luis, revisa la toma. (A los que sujetan el cartel.) Muy bien, muchas gracias, pueden bajar. (Enrolla el cartel y lo guarda.) Dios, qué sed. Amorcito, alcánzame el ice box (RÓMULO obedece. Ella saca una Coca-Cola y bebe. Atrae a RÓMULO y lo acaricia, arreglándole el maquillaje.) Quedaste perfecto, papito. Qué hermoso va a quedar Máximo Gómez. (Al público.) Quedaron muy bien; pero para la próxima toma necesito un poco más de entusiasmo. La situación es la siguiente: (Lee.) Máximo Gómez hablará, pronunciará un discurso, podría ser al final de una batalla; cuando concluya el discurso la multitud lo recibirá en sus brazos, levantándolo por encima de sus cabezas... (Pausa. Al público.) Ya han oído; a Máximo Gómez lo alzarán empezando por aquí, y lo irán pasando, por encima de sus cabezas, sin dejarlo caer, hasta allá, al fondo, mientras se escucha una música marcial y los vivas grabados. La cámara enfocará esta zona del público. (Examina la zona.) Por favor, joven, vaya para allá. Usted puede quedarse. (Va sacando de la zona a los negros y dejando a los blancos. Coloca delante a los que considera buenmozos.) Aquella señorita, tan elegante y buenamoza, póngase delante para que la capte la cámara. Tú, vete para el fondo. Una persona blanca aquí al lado de la señorita, usted no, aquel. No, las personas de color fuera de esta zona; quiero una escena agradable y bella. Joven, aquí delante, por favor. (El actor se acerca y le dice un secreto.) Un momento. ¡Cómo va a ser! Espera, voy a buscar la documentación. (En el libro de documentación mira algunas gráficas.) ¿Y por qué Máximo Gómez? Si hubiera sido Napoleón yo tendría más oportunidad de usar verdaderos modelos; chicas preciosas de la corte, ataviadas de joyas y vestidos; y para promover al banco habría sido más eficaz. Está bien, como dice aquí, que Napoleón perdiera algunas batallas y que Máximo Gómez no fuera derrotado nunca; pero ¿qué imagen placentera me puede dar un paquete de negros semidesnudos, armados de machetes, metidos en el monte, entre cañaverales, en la manigua? ¡Bah! Vamos a mostrar esto estilizado, prescindamos de la documentación; y para satisfacer a los historiadores, que son los únicos que lo saben —este es un país de analfabetos que aceptan las imágenes que les entran por los ojos y no las cuestionan—, para complacer a esos historiadores metamos varias manos y rostros negros de rasgos refinados. (El actor asiente, aprueba la idea. Ella busca varios negros de rasgos que considera “finos” y los coloca junto a los blancos.) Ah, tú que tienes ese indio lavadito, ven acá. Y tú. Acérquense, vengan conmigo, aquí... (Se aleja y los observa.) Muuuy bien, se ve bien... Tendrás que desplazarte por toda (Al actor, que ha estado con unos audífonos oyendo la voz que doblará y gesticulando.) esta área, abriendo los brazos, con firmeza, sincroniza bien el sonido con el movimiento de tus labios; no quiero cortar. ¿Crees que ya puedes doblar el discurso? (El actor afirma con el cuerpo entero.) Empecemos. (El actor ensaya caminando a zancadas por el área que indicó la DIRECTORA.) Un momento, así no, pareces un loco hablando y caminando así. Debes de desplazarte para que la cámara, que te seguirá, capte la multitud, allá detrás. Mejor no camines... (Idea.) Ah, habrá que desplazarte como volando por el aire, sobre rieles, mientras la cámara hace panorámica... Pero ¡rieles! Ah, una bicicleta. ¿Y el cañero? ¡Cañero!

CAÑERO: ¿Qué se le ofrece?

DIRECTORA: Una idea. Alquílenos ahora su vehículo.

CAÑERO: Pero está lleno de caña.

DIRECTORA: ¡Caña! Sí, los ingenios azucareros españoles. ¡Genial! (Busca la documentación y la mira.) Ay, usted vino como caído del cielo. (Lee.) Máximo Gómez iba por los cañaverales y los quemaba con pesar de su alma, pues amaba la agricultura, y quemaba los cañaverales, dice, para debilitar el poder económico español. Si ya no tienen nada en Cuba, que se vayan para España. (Observa las cañas.) ¡Uy! Esas cañas, decorándolas un poco se verán preciosas al lado del rostro de Rómulo, atrás la insignia del Banco Atlántico, una nube, el cielo azul y las cabezas de los modelos oyendo... ¡Precioso! Mire, la publicitaria John and Prides le comprará las cañas y le alquilamos el triciclo. ¿Cuánto cuestan esas cañas?

CAÑERO: Bueno... pero ya alquíleme a mí también; ya soy yo que le voy a hacer el show.

DIRECTORA: Pues no se crea, que lo vamos a necesitar.

CAÑERO: Ajá. Ahora me salió de verdad.

DIRECTORA: Usted empujará el vehículo cargando a Máximo Gómez. Eso se le pagará aparte.

CAÑERO: Pero, yo no sé cómo es eso. Yo no soy actor.

DIRECTORA: No se necesita ser actor; usted no va a salir...

CAÑERO: Mejor.

DIRECTORA: Dígame, ¿cuánto cuestan las cañas?

CAÑERO: Ahí quedan como veinticinco pesos de caña.

DIRECTORA: Le compramos las cañas, y por el vehículo y su trabajo técnico le pagaremos quince pesos. ¿Está bien? Son treinta y cinco pesos.

CAÑERO: Bueno. Está bien, usted es la que sabe qué es lo que se paga en estos trabajos.

DIRECTORA: Obsérveme. Usted empujará a Máximo Gómez por esta área, luego dará una vuelta, y vendrá en línea recta por aquí. ¿Entendió? Lo hará a este paso; ni tan deprisa, ni tan despacio. ¿Se da cuenta? Ahora, tome este aceite y limpie bien la parte de arriba de las cañas, para que salgan bien bonitas. ¿De acuerdo? (Va a decir otras instrucciones al actor.)

CAÑERO: Ah, qué bien. Cómo no. Miren, resulta que yo tengo las cosas del tiempo de Máximo Gómez. Nada más falta que me pongan a pelear contra los españoles... Y... ¿creen que no le clavaría un machetazo a un español? Aunque sea en una película. Si siempre me ha enculillao lo que les hicieron a los indios y a los africanos... A mí, que si me ponen a pelear se van a sorprender... Eso lo llevo yo en la sangre, mi papá peleó en la guerra del sesenta y cinco, cuando yo era un palomo... Y contra los gringos, que esos sí que estaban armados. Mira que vaina, dizque poner una caña buenamoza.

DIRECTORA: ¿Ya terminó?

CAÑERO: Sí, ¿qué le parece?

DIRECTORA: Limpie ésta un poco más. Y vírelas, con las raíces hacia abajo... ¿Oyó?

CAÑERO: Sí.

DIRECTORA: Pero, apresúrese.

CAÑERO: Hago lo que puedo. Yo nunca había aceitado una caña.

DIRECTORA: Deje de hablar y trabaje.

CAÑERO: Hablo porque usted me está hablando.

DIRECTORA: Yo no le estoy hablando, ¡cállese!

CAÑERO: Mire cómo usted me habla, yo no soy hijo suyo.

DIRECTORA: Señor, óigame: ¿está trabajando para nosotros, sí o no?

CAÑERO: Estoy trabajando, pero...

DIRECTORA: Entonces, silencio. ¡Sis! ¡Ziper en la boca! Muy bien, las cañas ya están preparadas, déjelas así. (Se aleja y despeja la zona de ensayo.)

CAÑERO: (Al público.) No sé qué cantidad de dinero ellos le ganen a la película; pero si me pagan quince pesos por un ratico y alquilan así tan caro, se ve que es un buen negocio. Si yo no tuviera dos hijos que abren la bocota así, como ciguas con hambre, esperando la primera oportunidad de que se le acabe la leche para ponerse a gritar con tanta fuerza que le revientan a uno los oídos, no estuviera aquí aguantándole la arrogancia a esta jefa.

DIRECTORA: Rómulo, ven sube. Atención, ensayo. ¡Luis, filma el ensayo! Lista grabación. Pon el casete. Okey. (El actor sube al triciclo.) No tapes las cañas, dan un lindo contraste. ¡Sonido! (Se oye una música marcial. Al CAÑERO.) ¡Empuja! (Suena la voz de un locutor: “Así hablaba Máximo Gómez.” Luego, otra voz dice el discurso que mima el actor.)

VOZ DEL LOCUTOR (Mimada por el actor.): Cuando vi “alrededor de toda aquella asombrosa riqueza, tanta miseria y tanta pobreza moral; cuando... vi al colono y me lo encontré embrutecido para ser engañado, con su mujer y sus hijitos cubiertos de andrajos y viviendo en una pobre choza, plantando en tierra ajena; cuando pregunté por la escuela y se me contestó que no la había habido nunca... entonces yo me sentí indignado y profundamente predispuesto en contra de las clases elevadas del país, y en un instante de coraje, a la vista de tan marcado como triste y doloroso desequilibrio, exclamé: ¡Bendita sea la tea! Porque... qué motivo prohibe que el hijo del infeliz colono sepa menos, no sepa nada, ni tanto como el buey que ara, mientras los hijos y las hijas del dueño del central, cuando la zafra está terminada, pueden irse a París, a pasar una temporada, a exhibirse con todo el esplendor que proporciona el lujo... ¿Y a dónde pueden ir acaso el colono, su mujer y sus hijos? Esos quedan estancados e inmóviles, como la máquina que tritura la caña... ¿Cómo se explica que el que tanto dulce suda pase, sin embargo, una vida tan amarga...” (Música.)

DIRECTORA (Sobre la música. Al CAÑERO.): ¿Usted no sabe lo que es un círculo? Yo le indiqué que empujara en redondo y viniera por la derecha, así, recto. ¿Usted no sabe lo que es izquierda y derecha? ¿No tiene educación? ¡¿Nunca fue a la escuela!? ¡Ignorante! Es por allí, doble hacia acá! (A un lugar indefinido.) Aníbal, ¡todo ese discurso debe cortarse! ¡Muy largo! ¡Es un panfleto! (Al CAÑERO.) Y usted, idiota, ¡eche para acá! Lo puse a manejar el triciclo porque suponía que usted lo conduciría bien, ¡y mire lo que hace! Sígame, para que vea por dónde debe ir. Es por aquí, por donde están estas personas! (Se dirige al sitio donde están los buenmozos.)

CAÑERO (Detenido.): Ya le dije que yo no sé de esto. De cine sólo sé cuáles películas me gustan y cuáles no. Si lo hice mal, excúseme. Para empujar un triciclo no hay que ir a la escuela, ¿o sí?; y si doblé por el lado que no era, fue porque venía embullado, oyendo el discurso de Máximo Gómez. Que me estaba gustando porque...

DIRECTORA: ¡Pero, por el demonio, ¿es que no se puede estar callado? ¡Me tiene harta! Limítese a cumplir con lo que hemos acordado. No hemos firmado un contrato. Pero llegamos a un acuerdo oral; entonces escuche: ¡oiga, escuche y oiga, por todos los diablos! ¡Y no me hable! ¡¡Usted y yo no somos iguales!! ¡Cómo voy a pasarme la filmación hablando con usted! ¡Vaya y ocupe el lugar que le corresponde!

CAÑERO (Hablándole a la DIRECTORA, pero dirigiéndose al público.): Trato de estar en mi puesto... Pero tengo derecho a oír, ¿no? Y si la voz de Máximo Gómez está en el aire, y yo no tengo los oídos tapados, tengo que oírla... No somos iguales... Claro que no lo somos... Por eso usted tiene tanta educación y se comporta con tanta cortesía con sus trabajadores... Claro que no somos iguales, ni parecidos, ahorita yo salgo en mi triciclo y usted en un carrazo. Pero con todo y eso no puede negar una cosa: sin mí, mi triciclo, las cañas y mi machete no puede hacer la película... Ahí está, ¿ve cómo se queda callada? Porque sabe que tengo la razón. Y ahora, ¿qué? Empiezo a moverme por aquí, por la derecha, por donde están los blanquitos, los boniticos... como a usted le gusta... Mire para acá... Así, ¿verdad que le gusta así? Claro que le gusta... Si casi se esta riendo... Ah, ah, ah... (La DIRECTORA está explotándose por dentro.) A que se ríe. Bueno, si no quiere... Aquí estoy empujando, ¿seguimos?

DIRECTORA (Estalla.): ¡Siií!, vamos a seguir!!

VOZ DEL LOCUTOR: “No es indispensable que los hombres usen corbata y sepan llevar levita o chaqueta para que sientan, en ciertos momentos supremos de la vida, sublevarse desde el fondo del alma un sentimiento de dignidad nacional. No hay pueblo que no sea capaz de cometer valentías y grandezas en defensa de su tierra, de su nombre y de su honor.” (Música.)

CAÑERO: ¡Así vamos bien, ¿verdad?! Agárrate bien, Máximo Gómez, que voy a doblar... Aquí es que lo suben, ¿no? (La DIRECTORA ha estado sentada, furiosa. Se ha levantado, ha sacado un cigarrillo y lo ha guardado, se ha quitado la blusa nerviosamente y se la ha envuelto en el cuello.) Vamos a subirlo. (El actor mira a la DIRECTORA. Ella está de espaldas. Al actor.) Vamos, no te quedes ahí, arriba... (A varios del público.) Sujétenlo. (Lo levanta.) Vamos, que no pesa nada, ahí se lo paso a ustedes. Mire, qué bien se ve allá arriba. ¿Verdad? Todos, hay que seguirlo pasando para allá, como ella dijo. Yo lo espero por este lado con el triciclo. (Máximo Gómez pasa de una mano a otra del público. De vez en cuando lanza unos grititos agudos, de niño mimado.)

VOZ DEL LOCUTOR: “...Sólo el proletariado tiene corazón bastante para llegar, donde quiera y por cualquier camino, en alas de su dolor. Ábrase el libro de la historia de la humanidad, y en todas sus páginas, nos dirá lo mismo. Y si esto es así y el pueblo no se une, si los descamisados no nos abrazamos, si no comprendemos nuestros verdaderos intereses, nuestros esfuerzos no serán bastante eficaces para levantar en alto la bandera de la verdadera democracia, de la República para el pueblo y por el pueblo.” (La DIRECTORA corta la grabación.)

DIRECTORA (Iracunda y nerviosa, trata de sacar el casete, pero le da al botón de retroceso.): ¡Maldición!

VOZ DEL LOCUTOR: “Soñaba con Bolívar, San Martín, Robespierre, Garibaldi y toda esa gente loca y guapa, pero soñaba despierto.” (La DIRECTORA oprime los botones.) “Y toda esa gente loca y guapa... Y toda esa gente...”

DIRECTORA (Logra sacar el casete. Mirando a RÓMULO, cargado en alto por el público.): ¿Qué pasa? ¿Coño, qué están haciendo? ¡Bájame al actor de ahí! ¡Rómulo sufre del corazón! ¿Dios mío, están locos!

CAÑERO: Loca será usted que nos mandó a subir a este pendejo... ¿Así no era que iba?... Tírenlo dentro del triciclo... (El público suelta a RÓMULO en el canasto del triciclo. RÓMULO, enredado en las cañas, quiere desmontarse, pero no puede.) Aquí vengo otra vez, ahora vuelta a la derecha y un ron... En este momento ¿qué decimos?: ¡Viva Máximo Gómez!

DIRECTORA: Aníbal, Raúl, detengan a ese hombre. Rómulo, mi amor, ten cuidado. ¡Y esta maldita cinta! ¿Cómo no me di cuenta? ¡Ah, ya verás Armando! Que paren el triciclo de mierda ese; la escena no se filmará! ¡Queda fuera del guión!

CAÑERO (Va deteniendo el triciclo.): ¿Es conmigo? Pero, vamos bien. ¿Es que lo quiere mejor de ahí? (Ve a RÓMULO envuelto en las cañas.) El que lo dañó fue él.

DIRECTORA (Sin dirigirse al CAÑERO.): Fuera todas esas vainas, el machete, el triciclo, las cañas. ¡Ya no las necesito!

CAÑERO: Oiga, si ya terminé de trabajar, págueme lo que me ofreció.

DIRECTORA (Con gran desprecio.): Pero, ¡qué se cree, miserable! Usted no ha hecho nada. Sólo ha cagado nuestro trabajo. Debería mandarlo a la cárcel. (Parte el casete en pedazos. Luego, lo tira al suelo y lo pisotea, saltando sobre él. A los demás.) Ya basta, donde se oía el discurso se oirá sólo música marcial, con percusión rock; y en vez de Rómulo, en esa escena usaré una estatua de Máximo Gómez, y se jodió Armando y sus ideas políticas y antibancarias. ¡Qué manera de obtener clientes para el banco, con un discurso subversivo!

CAÑERO (Paralelo a la DIRECTORA.): Entonces usted dizque no me va a pagar, después que usted me busca: porque yo no la andaba buscando; y si me llamó era porque me necesitaba. Y si ya no le sirvo, eso no me importa; pero págueme lo que me dijo.

DIRECTORA: ¡Váyase al diablo!

CAÑERO: Bueno... Yo quiero que usted cumpla su palabra... Pero está bien... (Empuja el triciclo. Al público.) Ustedes ven, ésta lo que quiere es jodernos como quiera... Yo lo voy a dejar así. (Empuja más fuertemente; RÓMULO, en el canasto, desesperado, saca los brazos por entre las cañas.) Y no le digo otra cosa porque usted es una mujer... que si no... Usted me cubeó. Si pone a Máximo Gómez como un musú, para engañar a la gente, no digo yo que es poco para usted engañarme a mí... Esas palabras que sonaron ahí las dijo Máximo Gómez, ¿no? Entonces él no era ningún musú.

DIRECTORA: Rómulo, ¿qué te pasa? No puede bajar. Ayúdenlo. Detengan ese triciclo. (Corre detrás del triciclo.) Rómulo, amor mío, ¿estás mareado? (RÓMULO saca la cabeza y asiente.) Venga para acá, desgraciado.

CAÑERO: Cáigame atrás, a ver si me alcanza.

DIRECTORA: Coño, yo no estoy con ánimo de jugar. Deje de jugar y párese.

CAÑERO: ¡Iuuuju, exactamente, vamos a jugar! Venga, a ver si me alcanza.

DIRECTORA: Apée a Rómulo. ¡Rómulo, agarra el machete y párteselo en la cabeza!

CAÑERO (Ha cogido el machete y lo abanica.): ¡Iuuuuju! Protesta, ¡abajo los mala paga! ¡Abajo los abusadores! ¡Y las abusadoras!

DIRECTORA (Cansada.): No puedo seguir. ¡Raúl!, ¿dónde te has metido? (Cae al suelo.) Deténgase. Rómulo. ¡Y ustedes ahí, como imbéciles, y no me ayudan! ¡Aníbal, tráeme la chequera para pagarle a este hijo de puta!

CAÑERO (Llega hasta un alto.): Ah, ahí queda tendido el enemigo. ¡Ja, ja, ja! Vencido por el cansancio. Qué bueno que me pagará. Pero que conste: yo soy un hombre decente. Si dejé a éste sobre el triciclo, es porque él tiene pies para apearse. (El actor se ha bajado del triciclo, ataca al CAÑERO.)

DIRECTORA (Desde el suelo.): Cuídate, Rómulo, no pelees, te herirá...

CAÑERO: Déjelo. (Está luchando con el actor, le quita el sombrero, le arranca la barba.) Pero ven acá, payaso de porquería. ¿Qué tú te crees? ¿Que me vas a tumbar? Toma. (Lo tiende en el suelo. El actor, sin sombrero y sin barba, recula. El CAÑERO suena el machete frotándolo en las piedras.)

DIRECTORA: Policía. ¿No hay policías aquí?

CAÑERO: ¡Qué policía ni qué vaina!, ya yo no le tengo miedo a nadie... Ustedes creen que porque uno no sea como ustedes tienen derecho a dar patadas, a ofrecer para después tragarse el lucio. No respetan ni a Máximo Gómez. Lo ponen como un biscuí, a moverse como un maricón... Y seguro, ahora, no quiere pagarme...

DIRECTORA: ¡Agárrenlo! Despreciable, muerto de hambre, loco, basura; venirme a dañar la filmación. (Dos ayudantes tratan de agarrarlo. Pero el CAÑERO esquiva la persecución.)

CAÑERO: ¡Acérquense! (Los ayudantes retroceden ante la presencia del machete. Se pone el sombrero de Máximo Gómez.) Como dijo Máximo Gómez en la cinta esa: ¡Viva la tea! o algo parecido. (Tira el sombrero. Va saliendo. Se pierde a lo lejos.) ¡Y si yo no me hubiera metido, esa maldita película hubiera sido un clavo! ¡Ja, ja, ja!

DIRECTORA: Luis, Aníbal, Raúl, Rómulo. Vámonos. No, no continuaremos grabando. ¿Después de esto? Trabajaremos en el estudio. Ya no se puede salir a la calle. (Sube a la escalera.) Señores, les agradecemos la paciencia que han tenido. Seguiremos filmando mañana... Es necesaria la presencia de todos ustedes... En la publicitaria les informarán el lugar de la filmación. (Baja.) Vayan recogiendo el equipo. Lleguen temprano, a la hora indicada. La cinta debe estar lista dentro de una semana, ya que el sonido del comercial se lo pondrán en un laboratorio de los Estados Unidos y ya tenemos el horario contratado. No. Es que no podemos seguir filmando hoy. No tenemos los elementos de utilería imprescindibles. (Han recogido el equipo de filmación y se marchan.) Bye.

Abril /86.