Letras Pensamiento Espacio urbano Caribe Ediciones Enlaces Miguel D. Mena

ESPACIO CARIBE

El mestizaje y la colonia lúdica.

Marcio Veloz Maggiolo

 


La constante llegada de navíos a la isla de Santo Domingo a partir de 1502 y de nuevos pobladores venidos algunos de más allá de las fronteras andaluzas, constituyó un asentamiento de gran importancia en el momento en el que Frey Nicolás de Ovando comenzaba la campaña de “pacificación de la isla” en la que la población  comienza a ser diezmada. Los nuevos viajeros traen consigo costumbres cotidianas que se dispersan con la fundación de las nuevas villas, las que fueron claves para cierta permanencia de  los asentamientos hispanos. Las primeras encomiendas dieron base económica al proceso de explotación de la tierra y a la estabilidad hispana en muchos lugares, superando finalmente la crisis de La Isabela y de la fundación de la villa en 1498.

Está claro que la cultura hispana y la aborigen tuvieron en este período un contacto incapaz de generar fusiones culturales. El aborigen iba siendo sustituído por el africano y la zona cultural entre indios y negros se interrelacionó dentro del ámbito de la subsistencia, con la adopción de los conucos, los frutos y la permanencia de los nombres de muchos lugares.

En pocos sitios se puede hallar un arte hispano-indígena en la isla de Santo Domingo, como tampoco uno afro-indígena, en el lugar de la fundaciÚn de Santo Domingo donde encontramos restos de alfarería aborigen que imitaba los platos y formas hispanas, o en La Vega Real donde cerámicas enrolladas y con formas españolas y decoradas al estilo hispano muestran que el indio fue entrenado para hacer artefactos con las técnicas del conquistador. En el viejo ingenio de Engombe, trabajado por nosotros, las homas de azúcar y los burenes, eran si dudas un modelo incorporado a la labor africana por los productores de azúcar, siendo los artefactos más importantes el burén para hacer casabe, heredado el indio, y la horma para el papelón, herencia hispana.

Sin dudas, ya durante el segundo gobierno de Diego Colón (1525) estaban dadas las bases económicas para una cultura que tenía como principal actividad la de los pocos cortesanos y la de los religiosos de la órdenes de San Francisco y Santo Domingo, en cuyos solares e iglesias simples se inició un proceso cultural apegado a los valores de la entonces naciente cristiandad americana. El mestizaje había comenzado. Los saraos crecieron, y la vida social trajo como consecuencia el que los entretenimientos de la metrópoli se consolidaran en la vida dominicana de los primeros años coloniales.

A fines de 1509 habían llegado los primeros cuatro frailes dominicos, portados en las naves de Diego de Nicuesa, quien era importante intérprete de la vihuela, con la que acompañó a algunos cantores de la época. Nicuesa murió en una de las acciones iniciales en la llamada Tierra Firme, luego de sus diferencias con Vasco Núñez de Balboa.

Los versos más comunes en la época fueron los romances españoles, octosílabos de rima asonante que eran comunes como poesía que cantaba los hechos de los castellanos, pero también historias moriscas y aventuras de amor y muerte. La más antigua literatura española los refiere como elementos narrativos de historias personales o de orden medieval, tal y como los recoge Menéndez Pidal en su obra “Flor Nueva de Romances Viejos”

Vale recordar que las cañas, juego medieval, se realizaba en las calles desde las primeras épocas, y que lo mismo los toros formaron parte de la vida lúdica colonial al igual que las carreras de cintas y otras expresiones como las mascaradas.

Se habla del areíto indígena como baile encontrado por los españoles. Toda una mitología sobre un supuesto “areito de Anacaona” ha circulado queriéndose justificar su presencia al través de los siglos  y su influencia en la cultura dominicana. El areito era en realidad una fiesta de recordación y su música no pasó los linderos de ser el contenido de las memorias y leyendas aborígenes, con el uso acompañante de las llamadas ocarinas, de las cuales hay pocas en las colecciones dominicanas, como las pertenecientes a la colección del  arqueólogo Emile de Boyrie de Moya, o bien las flautas de caña, las olivas o caracoles que se usaban en sartas rodeando  los tobillos para hacer ritmo, las maracas y el tambor mayohuacán, usado no como elemento rítimico, sino más bien como instrumento para avisar y enviar ciertos mensajes a distancia. Entre los artefactos musicales arqueológicos se destaca el confeccionado con el llamado “lambí”,  con el que se produce aun el fotuto, (caracol grande de la especie Strombus, cuyo ápice era cortado para poder soplar por su parte más estrecha), y el que ha quedado hasta hace bien poco tiempo como instrumento que fuera usado por los esclavos de la parte occidental de la isla, Haití, para comunicarse entre sí durante las luchas de los esclavos contra los amos franceses, y en la parte dominicana por el campesinado para el aviso de la llegada de la carne a las carnicerías tras las matanzas.

El obispo Alessandro Geraldini, natural de Amelia, sin dudas hombre importante por sus ideas renacentistas y su enorme imaginación, ya en el primer cuarto del siglo XVI elogia las construcciones y en ocasiones exagera la grandeza de sus hallazgos. Llama “ínclita” a la ciudad, habla de “sus nobles caballeros siempre vestidos de púrpura”.  De seda “con recamaciones de oro”. Sobre la corte y  Diego Colón afirma que éste era orgulloso y que posiblemente tendría el rey que llamarle la atención, refiriéndose al segundo gobierno, durante el cual la esclavitud se manifiesta en sus posesiones y la matanza de negros se hace “ejemplar” cuando el virrey aplaca la rebelión en su ingenio de azúcar.

Aunque en 1510 la situación colonial no era la mejor desde el punto de vista festivo, todavía la creciente población, la llegada de gente que buscaba fortuna, la presencia de una naciente población judía incorporada ilegalmente  y el descubrimiento de las nuevas tierras, contribuyen a que cada vez más haya presencia de personalidades importantes, algunas de las cuales, aparte de los conquistadores que usan la isla como base para las invasiones a nuevas posesiones, tienen cierta connotación.

La producción creciente de azúcar fue sin dudas un atractivo renglón, que atrajo familias y generó riquezas de hacendados que hicieron de las fiestas un importante quehacer colonial. Ya no solo los virreyes eran los directores de las festividades de alta importancia, sino que también los oidores, muchos de ellos ricos por el negocio de la venta de sentencias y la corrupción colonial señalada por muy diversos autores. El contrabando, y el tráfico de influencias fueron desde el primer gobierno de Diego Colón punto clave en la concreción de las riquezas locales. Ya en el segundo gobierno de Diego Colón la corte de María de Toledo era modelo de  aristocracia a la que todos aspiraban y muchos eran  los juegos sociales, entre los cuales el ya mencionado juego de cañas destacaba con Nicuesa como uno de sus excelentes ejecutores. Aparte de las carreras de caballo, fueron importantes la cacería de aves y la posible cetrería, lo mismo que la de cerdos cimarrones ya presentes durante el gobierno de Ovando quien proveyó los campos de este tipo de animal para el uso de la alta sociedad en parte creada  por él, según datos de Fernandez de Oviedo...

España transportaba a la América inicial cristiana, sus sistemas lúdicos, sus instituciones y sus recuerdos de la medievalidad. Serían actividades  importadas que se diseminaron en el territorio. Las tradiciones lúdicas indígenas no subsitieron. El juego de la pelota, y los bateyes para la ejecución del mismo, desaparecieron pronto, porque el batey con plaza central era, en términos generales un poblado indígena  donde el juego era practicado con contenidos religiosos y lúdicos a la vez, puesto que está documentada la apuesta como parte del juego. Con la desaparición de los rituales ligados al batey, el mismo terminó desapareciendo como espacio ritualizado.

Lo cierto es que en las Antillas, donde la demografía sufrió el más dramático de los derrumbes con la conquista, el modelo indígena y menos las creencias, alcanzaron alguna fusión significativa. La esclava negra, y el mestizaje entre indios, negros y españoles, crearon una base criolla personalizada luego en la cultura del ganado, de larga acción, y fundamental para confeccionar síquicamente la mentalidad del  futuro dominicano. Pienso que al hato ganadero sería la matriz de la vida criolla posterior.

Listín Diario, Miércoles 20 de Febrero del 2008

http://listin.com.do/app/article.aspx?id=48703

Ediciones CIELONARANJA, octubre 2007 ::: webmaster@cielonaranja.com