Letras Pensamiento Espacio urbano Caribe Ediciones Enlaces Miguel D. Mena

LOS "AJUSTICIAMIENTOS" Y SUS HUELLAS EN LA CULTURA DEL MIEDO EN LA SOCIEDAD DOMINICANA.

Tahira Vargas

.

La presencia de declaraciones de líderes religiosos y organismos policiales que exhortan al uso de la violencia como mecanismo de control de la delincuencia tiene múltiples efectos en la sociedad dominicana y sobre todo fortalecen la cultura de la violencia y del miedo en nuestra ciudadanía.

¿Por qué hablar de mano dura contra los delincuentes? ¿De qué delincuentes estamos hablando?

Al hablarse de mano dura contra la delincuencia se está dejando de lado la delincuencia de “cuello blanco” tan presente en nuestra cultura. Su ejercicio es frecuente en nuestra sociedad, expresándose en grandes robos y atracos a la ciudadanía y al estado. Sin embargo, esta forma de delinquir está excluida de las declaraciones sobre lucha contra la delincuencia y fortalece la discriminación de clase social así como las otras expresiones de  delincuencia. Hay que destacar que la transmisión de pautas culturales se produce en la esfera de lo implícito (emic) mas fuertemente que en la esfera de lo explicito (etic).

¿Cómo se promueve la delincuencia común y juvenil con estas expresiones?

La existencia de permisividad ante la corrupción administrativa y las extorsiones, robos y atracos que se realizan a grandes niveles, como el caso del fraude bancario de Baninter entre otros, legitima la delincuencia común porque se crea una pauta cultural de que  “no se juzga a nadie” o “solo van a la cárcel los pobres”. En la cultura social se ha ido creando una visión de que solo se necesita estar “bien pegao” para no ir a la cárcel.  

¿Cómo se fortalece la violencia y la cultura del miedo con el uso de la violencia contra la delincuencia común?

La aplicación de métodos violentos para el control de la delincuencia genera en la ciudadanía efectos como los siguientes:

1. Legitimación del uso de la violencia en el control de la delincuencia.

 

Las expresiones de “mano dura” contra la delincuencia excluyen la justicia como mecanismo de control de la delincuencia, aumentando la poca credibilidad en la misma en el imaginario social. La justicia es sustituida por el “ajusticiamiento” “intercambio de disparos”.

Otro elemento que hay que destacar es que cuando se hacen ajusticiamientos como los que hace la policía contra los “supuestos” delincuentes se fortalece este método no solo en la esfera policial sino también en la ciudadanía. Más aun cuando este método es legitimado social y religiosamente.  

No es de extrañar que la ciudadanía haga ejercicio de prácticas como los “linchamientos” que se han registrado en la presenta en diversas ocasiones, los linchamientos son una extensión de los “ajusticiamientos” siendo ambos una violación a los derechos humanos y una inhibición del uso de la justicia.

2. Reforzamiento de la cultura del miedo.

 

El miedo es una pauta cultural muy asimilada en nuestra convivencia social y debilita el ejercicio ciudadano y la democracia. El miedo también esta presente en las esferas cotidianas desde las relaciones al interior de la familia entre hombre-mujer (cónyuges) y en las relaciones padres/madres---hij@s.

La presencia de organismos policiales ejecutando y matando jóvenes en los barrios y en las comunidades ha generado mucho miedo. Un miedo que sostiene la espiral de la violencia porque a su vez se convierte en agresividad e impotencia. Nuestra población infantil y juvenil de los barrios y comunidades vive esta situación cotidianamente que incrementa cada vez más su miedo. Este miedo se expresa en dos vertientes: en la incapacidad de defender derechos y  en violencia.

Otras formas de expresión del incremento de la cultura del miedo es el crecimiento del uso de armas. Las armas se utilizan cuando la persona siente miedo a ser agredida y recurre a ellas como mecanismo de defensa. Sin embargo las estadísticas han demostrado que la mayoría de las armas son utilizadas contra las personas más cercanas al que la porta, su esposa, sus hijos, hermanos o amigos. El arma se convierte en una amenaza para la armonía y la unidad familiar y de la sociedad.

3. Los ajusticiamientos fortalecen la violencia en la población infantil “que juega a los policías” desde hace muchos años.

Hay que destacar que el ajusticiamiento como método de erradicación de la violencia deja un mensaje muy violento en los niños, niñas y jóvenes en nuestra sociedad.

Nuestros niños y niñas están continuamente jugando con el uso de la violencia, la violencia es un juego, jugar a los policías con pistolas, peleas entre niños, los video-juegos son violentos, la televisión tiene muchos programas y películas violentas. La violencia ha ido ganando cada vez mas espacio en distintas esferas de nuestra niñez, de su fantasía y de su recreación.

¿Si jugar a los policías y ladrones con pistolas “de juego”  es un viejo juego de nuestra niñez qué matices tendrá ahora este juego cuando la policía mata diariamente y se legitima esta matanza?

La erradicación de la violencia de nuestra convivencia social implica una ruptura de la violencia como mecanismo de control de delincuencia y una ruptura del discurso violento en que se aborda la resolución de problemáticas como esta.

La violencia no puede ser utilizada como forma de resolución de conflictos ni puede sustituir a la justicia en el control de la delincuencia. El uso de la violencia genera una espiral que cubre la convivencia cotidiana y la trasciende.

La búsqueda de las causas de la delincuencia común y juvenil debe ser el primer eslabón del control de la misma y la intervención con medidas sociales, económicas, culturales y judiciales que tomen en cuenta a la juventud como sujeto de políticas.

Una sociedad que permite la corrupción, la delincuencia y la violencia utilizando privilegios de clase social y amiguismo en algunos casos,  legitima estas prácticas sociales en muchos otros casos. La presencia de la permisividad debilita el sistema de justicia frente a la ciudadanía y fortalece la delincuencia común y juvenil.

Si queremos una sociedad sin violencia, con una cultura de paz y de no-violencia debemos empezar por difundir mensajes de paz, justicia y de derechos.

Ediciones CIELONARANJA, septiembre 2008 ::: webmaster@cielonaranja.com