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JUVENTUD, SOCIEDAD Y LIDERAZGO

Tahira Vargas


En la República Dominicana nos encontramos con bandas juveniles en los distintos estratos sociales, e los sectores populares y en los estratos medios. 

 

¿Las bandas juveniles en nuestro país son un fenómeno nuevo?

Al hablar de las bandas juveniles en nuestro país tenemos que enfatizar que la presencia de este fenómeno no es reciente. Encontramos que ya en los años 60 en nuestro país existían bandas de jóvenes en los barrios urbanos marginales y se enfrentaban sobre todo por conflictos territoriales, conflictos relacionados con relaciones de pareja y por fiestas y actividades lúdicas.

En nuestra historia a finales del siglo XIX encontramos también rasgos característicos de las bandas como son la presencia de grupos territoriales matizados por el caciquismo con elementos políticos o únicamente territoriales. El caciquismo ha sido parte de nuestra identidad histórico-cultural. El caciquismo ha tenido un peso importante en la formación de nuestras estructuras políticas partidarias y en las organizaciones sociales como gremios, sindicatos, movimientos campesinos y barriales, los que se han estructurado en base a caciques locales o grupos basados en el liderazgo territorial con reminiscencia de un tipo de "cacique”.

La reseña histórica de la presencia de las bandas en nuestra historia social y también presente en América Latina y Europa nos muestra que las bandas juveniles no son un fenómeno reciente.

En estudios realizados por el antropólogo Jean Monod (2002) en París destaca que “las bandas de jóvenes no son un fenómeno nuevo, ni están ligadas de forma esencial a la civilización industrial. Hay grupos de jóvenes de la misma clase de edad en numerosas sociedades primitivas, particularmente en África y antiguamente en los indios de llanuras de América del Norte. La única novedad es que estos grupos de jóvenes no tienen ningún estatuto institucional en nuestra sociedad y que su alejamiento de la norma reforzado por todo lo que hay de vago y contradictorio en la definición de su estatuto toma carácter de permanencia y estilo de vida y a ojos de la sociedad “responsable” se convierte en un fenómeno patológico que desencadena todo un sistema de represión, de explotación y de recuperación”.

Las bandas juveniles representan en los grupos generacionales de sociedad y etapas históricas distintas una representación de contracultura juvenil que se asocia a:

La Masculinidad

Formas de Vestir

Tipos de música específica

Identidad asociada al territorio

Actividades delictivas

Presencia de determinados liderazgos temporales

Estos elementos son comunes a la estructuración de las bandas juveniles en los distintos países y los elementos que pueden llamarse nuevos (aunque en otras sociedades ya estaban presentes hace varias décadas) se integran a la sociedad dominicana en las últimas dos décadas como son el tráfico y consumo de drogas. En la actualidad también están presentes diversos nombres asociados a las bandas según los estratos y lugares a que corresponden estas como son las naciones y las gangas. En el caso de las naciones hay elementos de estructuración interna que difieren de otros grupos como es su jerarquía interna.

 

Diferentes Tipos de Bandas Juveniles en diferentes estratos sociales

En la República Dominicana nos encontramos con bandas juveniles en los distintos estratos sociales, en los sectores populares y en los estratos medios. No podemos por tanto asociar las bandas juveniles ni la delincuencia juvenil únicamente a los sectores más pobres estableciendo asociaciones de causalidad directa no existentes en la realidad entre marginalidad y delincuencia, porque la delincuencia y las bandas juveniles también están presentes en los sectores de medianos y altos ingresos.

En los sectores populares encontramos que las bandas juveniles tienen elementos y configuraciones comunes y distintas a las de los sectores medios.

 

ELEMENTOS COMUNES ENTRE BANDAS DE ESTRATOS POPULARES Y ESTRATOS MEDIOS

Los elementos comunes presentes en bandas juveniles de sectores medios y de estratos populares son los siguientes:

1. Edades de l@s miembr@s de las bandas juveniles. Encontramos que tanto en las bandas juveniles de los barrios urbano-marginales como en la de los estratos medios se encuentran miembr@s que tienen edades que oscilan entre 12-22 años. En estudio realizado por Fabio Abreu (2002) sobre la juventud de barrios urbanos marginales involucrada en problemas delictivos, el rango de edad encontrado en la población entrevistada fue que un 60% era menor de 21 años de edad y sólo el 28% oscilaba entre los 22-29 años de edad. En las bandas de estratos medios encontramos este mismo rango de edades.

2. Preponderancia de la Masculinidad. Aunque se está produciendo un incremento de la presencia femenina en las bandas, todavía siguen siendo predominantemente masculinas. Estudios realizados por Rita Ceballos (2002) sobre la violencia en los barrios y por Hubar Alcántara sobre las bandas juveniles en la zona oriental de Santo Domingo, destacan la masculinidad en las bandas juveniles. Esta masculinidad es parte de una historia cultural donde la asociación de los liderazgos territoriales masculinos y las bandas que han existido en nuestra sociedad en otras etapas tienen también este rasgo. La masculinidad en los patrones de socialización de nuestra sociedad tanto en estratos populares como en estratos medio se construye con elementos culturales como son:

Manejo de la Violencia. Violencia asociada a la virilidad. “Aprende a defenderte” “Si te golpean, golpea” “Trata de ser el primero que da”. Frases como estas marcan las pautas de crianza de niños y jóvenes en los distintos estratos y la “pelea” es un ritual masculino en nuestra sociedad que se aprende desde edades muy tempranas.

Sentido gregario de la masculinidad. La masculinidad entra en patrones de socialización donde formar parte de “grupos” fortalece su sentido como tal. Así los niños desde edades tempranas se agrupan en ambos sectores sociales y en la adolescencia el sentido de identidad asociado al agrupamiento se incrementa y se convierte en un elemento hegemónico.

3. La Música. Tanto en los estratos medios como en los estratos populares hay un tipo de música de preferencia en los jóvenes y adolescentes independientemente de que pertenezcan o no a bandas. Las preferencias musicales en la adolescencia marcan el tipo de grupo (no necesariamente bandas) en el que se identifica el joven-adolescente. Así tenemos que las preferencias varían entre: Regaeton, Música electrónica, Heavy Metal o Rock.

4. Uso de armas-Violencia. En las bandas juveniles tanto en estratos medios como en estratos populares se utilizan armas blancas y en muchos casos armas de fuego.

5. Uso de drogas. El consumo y venta de drogas puede o no estar presentes en las bandas juveniles tanto de estratos medios como de estratos populares. No todas las bandas juveniles consumen y venden drogas.

6. Actos delictivos. En las bandas de ambos estratos encontramos la presencia de actos delictivos. En este sentido se destacan: robos, asaltos y ventas de drogas.

7. Conflictos y enfrentamientos entre bandas. Los conflictos y enfrentamientos entre bandas los encontramos frecuentemente. La mayoría de las denuncias de “violencia” en los barrios están asociadas a los enfrentamientos entre bandas que se producen por diversas razones, entre ellas:

Conflictos territoriales

Conflictos asociados al control de las mujeres

Conflictos de poder-liderazgo

Conflictos asociados al control de puntos de drogas

 

DIFERENCIAS ENTRE LAS BANDAS DE ESTRATOS POPULARES Y ESTRATOS MEDIOS

Si bien encontramos elementos comunes en las bandas de ambos estratos sociales también hay diferencias, las diferencias están marcadas sobre todo por la desigualdad y la exclusión social.

Bandas Juveniles de Estratos Populares

En los sectores populares los jóvenes no tienen inserción económica, están excluidos socialmente en condiciones de marginalidad social y marcados por sus expectativas de consumo en una sociedad que ha incrementado en la última década sus niveles de consumo a niveles muy altos, estos jóvenes tienen serias dificultades para satisfacer estas expectativas.

Los jóvenes de estratos populares se encuentran en su mayoría en el desempleo, una gran parte ha desertado de los centros educativos y liceos públicos y en su entorno social no hay espacios de recreación ni de inserción para los jóvenes.

Otra característica de estos jóvenes es el “tigueraje”. Los moradores de los barrios urbano-marginales denominan a estos jóvenes como “tigueres”. El “tíguere” es una representación simbólica en la cultura popular y la auto-denominación de “tíguere” está asociada a actitudes y destrezas para “buscársela” con la habilidad de romper con las normas establecidas.

Hay que destacar que en la opinión pública se utiliza el concepto de “delincuentes” y de “bandas juveniles” con una fuerte estigmatización reducida únicamente a los sectores populares. Igualmente hay un gran sesgo en el análisis de la delincuencia donde se asocia la delincuencia a la falta de educación que está muy lejos de la realidad social.

Bandas Juveniles de Estratos Medios

En los estratos medios la presencia de las bandas de jóvenes es un fenómeno oculto y menos público que en los sectores populares. La poca publicidad dada al fenómeno y el poco conocimiento del mismo tiene que ver con el manejo “privado” que dan los estratos medios de sus problemáticas, así como las condiciones socio-económicas que convierten a estos sectores en grupos de “poco acceso” y de manejo “íntimo” de su cotidianidad.

Estos límites establecidos en la cotidianidad de los estratos medios tanto en sus residencias como en su inserción social permea las bandas juveniles presentes en estos estratos. Estas bandas no se enfrentan en las calles de los residenciales como las bandas de estratos populares. La esfera de enfrentamiento entre las bandas se traslada a otros espacios no-territoriales como son: fiestas, plazas comerciales, lugares de diversión (bares-café-discotecas) y en las salidas de algunos colegios.

El sentido del agrupamiento en las bandas de jóvenes de estratos medios es distinto a los estratos populares. Encontramos que estos jóvenes en algunos casos se agrupan alrededor del territorio y en otros con relación al colegio a que pertenecen o a grupos de diversión.

Otro elemento de diferencia significativa entre ambos estratos es el contexto socio-económico. Los jóvenes de estratos medios no sufren la marginalidad, ni la exclusión de los estratos populares, pueden satisfacer ampliamente sus expectativas de consumo y aún así no se sienten satisfechos.

La presencia de las bandas juveniles de estratos medios cuestiona los cimientos de la asociación violencia-marginalidad que se maneja en la opinión pública en nuestro país. No es posible hablar de que la causa principal de la violencia juvenil es la pobreza y la marginalidad, pues esto no explica porque los jóvenes de estratos medios entran al círculo de violencia y se organizan en bandas igual que los de estratos populares. Hay que destacar que la violencia en las bandas juveniles tanto de estratos medios como en estratos populares tiene múltiples asociaciones y factores como son: la masculinidad, las pautas de crianza y socialización violentas en que crecen niños y jóvenes, el sentido de identidad juvenil y contracultura y una sociedad que tiene un estilo de vida violento y corrupto que permea todos los ámbitos de la vida social y política de nuestro país.

La violencia y la delincuencia en nuestra sociedad no proviene únicamente de los jóvenes, en nuestra sociedad las pautas de convivencia cotidiana están marcadas por la violencia en los distintos ámbitos: familia, escuela, relaciones sociales, relaciones políticas, el tránsito, las prácticas ciudadanas y el ejercicio de control social.

La corrupción y la violencia están legitimadas en nuestra sociedad desde la familia, con las golpizas (“pelas”), con la represión y el ejercicio autoritario de las sanciones sociales. Los jóvenes en nuestra sociedad se socializan en medio de la violencia y reproducen la misma, igualmente ocurre con la delincuencia. Los estilos delictivos del ejercicio político y social se aprenden en nuestra sociedad desde los micro-- hasta los macro–espacios.

Se hace necesario una reflexión profunda y seria del fenómeno de la violencia social y de nuestro estilo corrupto y delictivo de accionar y cómo esto permea la cultura juvenil, que se reafirma en estas pautas. Igualmente es necesario intervenir de otro modo en este fenómeno de la delincuencia juvenil porque con violencia y represión sólo se acrecienta y se agudiza el fenómeno.

Clave Digital - 8/22/2006

Ediciones CIELONARANJA, noviembre 2007 ::: webmaster@cielonaranja.com