Foto: Jocelyn Ventura

Solano, gran Maestro

 

Rafael Solano, el grandísimo maestro. Con sólo decir RAFAEL SOLANO, aquí las nubes

Miguel D. Mena

Lo que somos es puro sonido, imagen, palabras. Decir "Rafael Solano" en el país dominicano es lanzarse a tiempos de ternura, esperas, desesperos, amigos, barcos saliendo llegando. La dominicanidad moderna se ha nutrido de sus canciones. ¿Podríamos pensarnos en estos últimos cuarenta años sin que suene en algún tocadisco de nuestro ser "Por amor", "Una primavera para el mundo"? ¿Sera posible escaparse uno de esa figura como salida de algún templo tibetano? Hay Maestro Solano para todos los gustos. Se podrá bailar a "Dominicanita" o  pedir el quinto trago si es que "Magia" ha caído en la vellonera. Y aquí está el Maestro, en su ruta trazadora de hilos de bondad, dignificando la palabra, musicalizando lo más tierno que podamos tener.

MDM.- Me lo imagino de niño, en Puerto Plata y frente a un violín o un chelo. ¿Cómo se produce ese tránsito al piano, a la capital? Y dentro del mismo, ¿hay alguna imagen que le hubiese hecho alguna Revelación?

RS.- Conjuntamente con el piano me interesé por estudiar violín y luego el cello. En este instrumento llegué a alcanzar algun nivel pero sin perspectivas de mucho desarrollo. Ante esta circunstancia, decidí dedicar todo mi esfuerzo a estudiar el piano. Con esta idea en vista, me trasladé a la capital para ingresar al Conservatorio donde llegué a completar todos los cursos. Solo me quedó pendiente el concierto de graduación. La imagen personal y musical que buscaba seguir reposaba en le persona de Vicente Grisolía. Él fue mi maestro en Puerto Plata y luego en Nueva York. Lo admiraba y aun lo admiro por su dedicación y seriedad profesional, además de ser muy culto y conocedor en todo sentido, y por supuesto, excelente pianista. Mi desviación hacia lo popular devino por razones económicas, de supervivencia. Todavía al día de hoy, no hay quien viva de musica clásica en nuestro país.

MDM.- Perdone si vuelva al chelo, pero resulta que es uno de mis instrumentos favoritos. ¿Cree que es un instrumento no-dominicanizable? Pienso en Heitor Villa-Lobos, todo un chelista conquistado por otras tonalidades.

RS.- No temo equivocarme si te digo que no conozco chelista dominicano alguno con categoría universal de concertista. Las cuerdas en general, como el piano, requieren mucha dedicación, la vigilancia de un buen profesor y recursos económicos suficientes. Esto último viene  al caso porque para la dedicación y el buen profesor, se necesita tiempo y durante esas largas de estudio no se puede andar trabajando en otros asuntos (empleos públicos o privados, etc.). Luego, esos recursos económicos son vitales para cubrir aunque sean las necesidades más perentorias del vivir. Todos estos son problemas que solo atañen a países no desarrollados como el nuestro, donde hay otros renglones como electricidad, salud publica, educación, transporte, etc., más importantes que proveerle el estudio del violonchelo a un humilde muchacho, por más talentoso que sea

MDM.- En aquel Nueva York de los 50, entre Leonard Bernstein y Thelonius Monk, cómo fue su vida.

RS.- Yo me fui a vivir a la gran Urbe en el año 1961 poco antes de la caída de la dictadura, habiendo percibido el olor a descomposición política que había en el aire. Aunque solo como músico, mi trabajo me mantenía demasiado cerca de la cumbre político-militar de la época. Basta con decir que fui  pianista y director musical de la gran orquesta de la odiada Radio Caribe, y amenizador de cuantas fiestas familiares y de entre amigos se sucedían en la familia dominante. Esta emisora vino a ser el instrumento de propaganda y combate de la dictadura. La vislumbrada caída del régimen era el leitmotiv de conversación entre mis compañeros de trabajo durantes esas lides musicales, especulando las posibles consecuencias que podria traer para nosotros si la tormenta nos sorpendía ahí dentro. No sin tropiezos, pude salir hacia los Estados Unidos para más luego ser contratado por una orquesta americana para trabajar en el Hotel Americana recién inaugurado en Nueva York. En esa ciudad, logré ser aceptado como alumno particular de composición de Hal Overtone, profesor de jazz y composición moderna en la Julliard. Por su conducto me matriculé en la New School of Social Research en los cursos de composición bajo el mismo profesor.

MDM.- Siempre que pienso en usted, me imagino a un Mozart que se transforma en Cole Potter. ¿En qué momento se dio cuenta que tenía que enfrentarse no sólo al piano, sino a las travesías de las partituras, y peor aún, a las de las letras?

RS.- Me convertí en lo que puede llamarse un compositor como consecuencia de mi profunda amistad con Babin Echavarría, cantante y autor de hermosas canciones. Este amigo, me indujo a escribir canciones románticas, mundo fascinante que yo desconocía como tal, a pesar de mi cercanía profesional con otros compositores. Mi primera composición se tituló “Perdidamente Enemorado”. A esta le siguieron “Confesión de Amor” y “Quiero Verte”. Pero mi primer gran éxito fue  “En Ruinas” y “Cada vez Más”, cantadas por Niní Caffaro hasta desembocar en “Por Amor”. Tambien más tarde escribí la musica de “Una Primavera Para el Mundo” con letras de René del Risco. Tambien con René escribí “Si nadie Amara”

MDM.- De todo su reportorio, "Magia" me parece un texto que muy bien puede sobrevivir como poema. ¿Hablaría sobre la historia de esa canción?

RS.- Te refieres a una canción estrictamente doméstica. Nunca pensé publicarla, porque no fue concebida con la idea de exponerla   al manejo publico. Pero, no pude controlar a mis amigos en ese sentido. La idea de mantenerla solo en al ámbito familiar, era en razón de algunas imágenes contenidas en ella tales como, “entre tus ojos un misterio poner”. En cuanto a esto ultimo, a lo largo de los años muchas personas han inquirido en cuanto a si no hubiera sido más correcto decir: “y en tus ojos un misterio poner”. No siempre doy la  explicación sobre mis predilecciones desde joven por los asuntos esotéricos. De acuerdo a los textos, existe un Tercer Ojo de orden espiritual en medio de, o, entre los dos ojos físicos. No creo que sea prudente que me extienda sobe ese tema ya que no me asiste la autoridad necesaria para ello. Solo puedo confesar que así mas o menos, junto a otras divagaciones convertidas en convicciones, nació la canción “Magia”.

MDM.- Hay un tono elegíaco, casi wagneriano, al final de muchas de las canciones de los años 60. Salvo en Manzanero, en pocos compositores se advierte esa tranquilidad melódica. ¿Se componía así porque el cantante sabía que estaba siempre frente a la masa de un teatro y no frente a la intimidad de un bar?

RS.- Este es un tema un poco complejo de analizar. La canción romántica ha sufrido grandes transformaciones a través de su historia y en ello no se puede negar la participación de los públicos receptores. La gente, a la postre, toma parte en el dictado de los estilos artísticos en cualquier disciplina mediante la respuesta hacia los mismos y en consonancia con los movimientos sociales acaecidos. La mentalidad global comenzó a cambiar desde hace varias décadas, y quizás antes, desde algo más de medio siglo. En esa época a la cual usted hace referencia, se suscitaron grandes acontecimientos de carácter inusitado y explosivo, tales como la llamada revolución sexual sin mencionar aquellos de orden político y revolucionario. El artista no es más que un producto de su entorno. No en vano se nutre la historia de los movimientos trazados por la estética y sus protagonistas.
MDM.-¿Cómo fue el trabajo con los compositores de aquel tiempo, sobre todo con René del Risco?

RS.- René del Risco fue una excelente muestra del potencial dominicano en el campo de la literatura. Su muerte vino a ser una gran pérdida para el país y sobre todo para el mundo joven que reposaba sobre su cabeza y a través suyo y su talento sus esperanzas de expresión realizada. Amigos fuimos y compañeros, y como tales, tuvimos la oportunidad de consumir buenas y productivas horas en el campo de la creación.

MDM.- Sospecho que usted sigue componiendo, pensando, sintiendo. Dentro de esa cotidianidad, qué papel juega la literatura. ¿Podría confiarnos el tema o los autores que en los últimos años lo han fascinado?

La composición musical no se detiene. Hace dos años comencé a colaborar con el Coro de la Catedral, para quienes, a manera de compromiso con su director José del Monte, escribo cada año una composición coral para ser interpretada en sus conciertos de Navidad en la Catedral cada Veinticinco de Diciembre. En cuanto a la lectura, mi mayor fuente de inspiración sigue siendo el hindú J. Khrisnamurti con su extensa bibliografía. No se trata realmente de material literario, sino de reflexion. Lo que más me mueve hacia este autor y pensador es su sinceridad a toda prueba, en medio de este mundo sembrado de falsedades, sobre todo en el ámbito del pensamiento, la moral y la conducta diaria.

Rafael Solano nació en Puerto Plata, el 10 de abril de 1931. A los once años ya era considerado como un niño prodigio y presentado en los teatros del Cibao. Violinista, chelista, tocador de armonio en la iglesia de su barrio, pronto se dedicaría al piano. En 1950 se mueve a la entonces Ciudad Trujillo, inscribiéndose en el Conservatorio Nacional de Música. Pese a su voluntad, asumió la música popular, convirtiéndose en un solicitado director de orquesta. En 1961 se trasladó a Nueva York, regresando al país a mediados de aquellos álgidos años sesenta. Compositor, músico, director, animador cultural, gracias a sus programas de televisión en RAHINTEL (1959), al Primer Festival de la Voz (1971) y a su participación en el Show del Mediodía (1974), se dieron a conocer la mayoría de las estrellas artísticas del país: Niní Caffaro, Fernando Casado, Fernandito Villalona, Adalgisa Pantaleón, entre muchos otros. Su canción "Por amor" ha sido la canción dominicana de mayor éxito en el mundo, interpretada por voces que van desde Vicky Carr hasta Plácido Domingo. "Por caridad", "En la oscuridad", "Pensándolo bien", son algunos de los temas ya clásicos en la música popular dominicana. Rafael Solano ha recogido en su libro "Letra y música. Relatos autobiográficos" (Editora Taller, 1992), cantidad de curiosidades y reflexiones sobre su trayectoria musical.  (MDM).

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