Miguel D. Mena: "Yo sé que los choferes la van a escuchar" (2002)

 

Rafael Solano, el grandísimo maestro

Tiene la pinta de un primo de Agustín Lara y la sensibilidad del mismísimo Agustín Lara. “Por amor” ha sido todo un himno de guerra en las tardes optimistas de los años setenta, final obligatorio en todos los concierto públicos y obligatorios del país dominicano, no salvándose del hechizo ni siquiera el cantante lírico don Plácido Domingo.

“Por amor” es el Himno Nacional Dominicano del siglo XX, voz posible de cualquier pausa en la Pascua Juvenil, los temas de Solano siempre han estado lidiando entre un amor cool y un estarse yendo por la sombrita. Sin embargo, si hay un tema de esos que se te meten por los huesos, que siguen corriendo luego que has sacado las llaves del auto y te dispones a ponerle la alas, ese es “Magia”

 

Oigo tu voz en cada amanecer

y un beso tuyo el sol me va a traer

es magia.

 

Una caricia, un beso y otro más

en ese instante el alma se me va

es magia.

 

Quién pudo hacer con pétalos tu piel

y entre tus ojos un misterio poner

es magia.

 

Dime el secreto que hay en tu esplendor

muéstrame el mundo de tu propio yo

a ver si es magia.

 

 

Tiempos grises fueron aquellos en que surgieron esas letras. Amor de corta frecuencia, manos que se quedaban en la caricia más ingenua, miradas que todavía incapaces de gastarse más de dos segundos en el iris del frente, respiraciones más atropelladas que el trotar de los burros por el malecón de Santo Domingo, “Magia” fue la dosis para todo especimen que se preciara de tener un corazón chiquito.

Recuperador de ondas Fabio-Fiallo, pianista con un dejo de Errol Garner, habitué de las noches de un país que sólo vivía hasta las diez de la noche, Solano estaba en esas coordenadas de “La hora del moro” si es que te pescaba ese calorazo de las horas cuasi vespertinas de estos lares. Hablando en sí-bemol, dejando caer sus dedos por aquellas teclas que nunca vimos porque la cámara andaba más despistada que yo por un departamento de esquiaje en Quinta Avenida, Solano podía estar horas y horas, días y días sonando en la vellonera, interpretado por alguna voz triunfante en uno de los múltiples festivales de la Voz que él organizara. Animador, productor, compositor, cantante, todo lo que pasó después de la Guerra y antes de 1978 puede condensarse en su figura, sus palabras, su música.

Tipo abolereado el Solano, cuchara en esta Santa Cena de una dominicanidad en blanco negro, siempre estuvo por ahí, y de repente sale, a flote, como aquél que bien puede repetir uno de  nuestros o suspiros cuando ya todos se han salido de esta pantalla.

2002

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