ARTÍCULO DE LA PESTE
Miguel D. Mena

Hay que tomarse el café frío y en vasitos de plásticos de las salas de espera de los hospitales, las funerarias, deambular en horas de la madrugada y chocar de frente con los ratones acelerados porque no encontraron las alitas de pollo en las cunetas.

Abrirse las venas no daría mucho resultado si es que antes la sangre no se ha derramado por todas las emociones, si no ha enrojecido el rostro e iluminado alguna esquina olvidada de Santo Domingo.

Me siento cómodamente en algún cajón de la esquina y espero que los chicos de narcóticos desembarquen con sus perros, sus trajes Miami Vice y me pregunten que cómo me ha quedado el último poema de amor que le dedicara a los vecinos de Vincho por su paciencia de Job por el despliegue de tanta bandera, la Patria en vela. (La Mariel me dijo que la emoción patria fue tan grande como para instalarse en la oficina de la Isla del Dr. Castillo una bandera más grande que el edificio, acción física que por poco genera el despelote de par de guachimanes que trataban de mantener en alto semejante insigna mientras la fuerte brisa los empujaba al suelo desde una segunda planta...)

Subo la 30 de marzo con el pánico de que par de jevitos se me tiren arriba y piensen que les puedo dar las monedas que les servirán para el jarabe.

Entonces no me queda más remedio que bajar la 30 de marzo para evitar el desasiego.

Esperaré en un teléfono público la llamada de la García para que la salve de algún miedo.

La García no llamará, lo sé. Si lo hace no captaré nada. También lo sé. ¡Qué maldición esta la de un país siempre en doble línea y espérate que luego amarro la chiva!

Me correré a la puerta de la Cafetería Paco para sentir el desfile de carroza de sus noches más ciertas que la luna nueva... Estarán los cueros espantando la mula porque el italianísimo se emborrachó y comenzó a tirar las botellas que no se pudo tomar... Pasará algún amigo frente al Altar de la Patria que por suerte nunca advertirá mi presencia, porque con un celular en mano y el culo en la yipeta, cómo diablos podrá alcanzar el corazón para latir a la velocidad de las calles... Los policiítas de turno estarán con más huesos que un esqueleto de la morgue -todavía están en el período de cabos y por aquí no se puede picotear mucho que digamos... Los choferes estarán entre la lascivia y el aburrimiento, jodidos porque la mujer estará a esas alturas bien jarta y durmiendo sola... Me largaré de la zona, luego, sólo para toparme con Fradique, sentir un grandísimo cariño por él y no sospechando que sería la última vez antes de que el sida lo destajara...

Paso por la puerta del Olimpia, el Rialto, el Colonial, cines-cementerios todos de nuestras emociones, chequeo que en la Avenida Mella todavían quedan viejas perversas y viejos más perversos aún guillándose con pelucas y sombreros a la salida del Lido, perversos todos que me confirman la existencia mínima de una zona tierna de esta ciudad...

Cojo la Benito, la Av. Duarte, chequeo la alegría de familias y amigos recién venidos de alguna parte, compartiendo con los hijos de Confucio y de Mao cerdos agridulces, ancas de rana, mientras las calles, pestilentes, bajo una llovizna refrescante, me dan la sensación de estarme topando con algunos cadáveres de Blade Runner.

No voy a Plaza de España esta noche. Mejor caigo en la farmacia San Judas Tadeo y le busco algún MikiMau que consuele la tristeza de mis amigas que abortaron hace tres días, amigos no repuestos de un viaje con té de hongos en la mochila, los que se sentarán conmigo en las aceras de Gazcue o la zona universitaria para tratar de espantar las soledades y tristezas, aún y sea bajo el amparo de esos inmensos candidatos, reformistas, liberacionistas, revolucionarios, la misma mierda siempre, la prueba de sobriedad, inteligencia, pureza, al carajo con todos ellos, la esperanza con corbata, qué país más jodido este.

Trataré de sacar de su escondrijo a aquellos que desde hace años no caerán por estos predios del desorden, a los puntuales en las oficinas de prensa, las publicitarias, relaciones públicas, redacciones, las reuniones de padres y amigos del Colegio, la kermese en algún club que se respete. No pasará nada ya que no me habré puesto mi traje de superman ni haré promesas de hasta mañana y que te vaya bien.

Entonces no trataré nada. O sí: el de acabar este artículo de la peste con la sensación que me consolará: la de no haber dicho nada finalmente -como tantas veces.

 

3 de abril 1998

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