Hay que tomarse
el café frío y en vasitos de plásticos de las salas de espera de los
hospitales, las funerarias, deambular en horas de la madrugada y chocar
de frente con los ratones acelerados porque no encontraron las alitas
de pollo en las cunetas.
Abrirse las
venas no daría mucho resultado si es que antes la sangre no se ha derramado
por todas las emociones, si no ha enrojecido el rostro e iluminado alguna
esquina olvidada de Santo Domingo.
Me siento cómodamente
en algún cajón de la esquina y espero que los chicos de narcóticos desembarquen
con sus perros, sus trajes Miami Vice y me pregunten que cómo me ha
quedado el último poema de amor que le dedicara a los vecinos de Vincho
por su paciencia de Job por el despliegue de tanta bandera, la Patria
en vela. (La Mariel me dijo que la emoción patria fue tan grande como
para instalarse en la oficina de la Isla del Dr. Castillo una bandera
más grande que el edificio, acción física que por poco genera el despelote
de par de guachimanes que trataban de mantener en alto semejante insigna
mientras la fuerte brisa los empujaba al suelo desde una segunda planta...)
Subo la 30 de
marzo con el pánico de que par de jevitos se me tiren arriba y piensen
que les puedo dar las monedas que les servirán para el jarabe.
Entonces no
me queda más remedio que bajar la 30 de marzo para evitar el desasiego.
Esperaré en
un teléfono público la llamada de la García para que la salve de algún
miedo.
La García no
llamará, lo sé. Si lo hace no captaré nada. También lo sé. ¡Qué maldición
esta la de un país siempre en doble línea y espérate que luego amarro
la chiva!
Me correré a
la puerta de la Cafetería Paco para sentir el desfile de carroza de
sus noches más ciertas que la luna nueva... Estarán los cueros espantando
la mula porque el italianísimo se emborrachó y comenzó a tirar las botellas
que no se pudo tomar... Pasará algún amigo frente al Altar de la Patria
que por suerte nunca advertirá mi presencia, porque con un celular en
mano y el culo en la yipeta, cómo diablos podrá alcanzar el corazón
para latir a la velocidad de las calles... Los policiítas de turno estarán
con más huesos que un esqueleto de la morgue -todavía están en el período
de cabos y por aquí no se puede picotear mucho que digamos... Los choferes
estarán entre la lascivia y el aburrimiento, jodidos porque la mujer
estará a esas alturas bien jarta y durmiendo sola... Me largaré de la
zona, luego, sólo para toparme con Fradique, sentir un grandísimo cariño
por él y no sospechando que sería la última vez antes de que el sida
lo destajara...
Paso por la
puerta del Olimpia, el Rialto, el Colonial, cines-cementerios todos
de nuestras emociones, chequeo que en la Avenida Mella todavían quedan
viejas perversas y viejos más perversos aún guillándose con pelucas
y sombreros a la salida del Lido, perversos todos que me confirman la
existencia mínima de una zona tierna de esta ciudad...
Cojo la Benito,
la Av. Duarte, chequeo la alegría de familias y amigos recién venidos
de alguna parte, compartiendo con los hijos de Confucio y de Mao cerdos
agridulces, ancas de rana, mientras las calles, pestilentes, bajo una
llovizna refrescante, me dan la sensación de estarme topando con algunos
cadáveres de Blade Runner.
No voy a Plaza
de España esta noche. Mejor caigo en la farmacia San Judas Tadeo y le
busco algún MikiMau que consuele la tristeza de mis amigas que abortaron
hace tres días, amigos no repuestos de un viaje con té de hongos en
la mochila, los que se sentarán conmigo en las aceras de Gazcue o la
zona universitaria para tratar de espantar las soledades y tristezas,
aún y sea bajo el amparo de esos inmensos candidatos, reformistas, liberacionistas,
revolucionarios, la misma mierda siempre, la prueba de sobriedad, inteligencia,
pureza, al carajo con todos ellos, la esperanza con corbata, qué país
más jodido este.
Trataré de sacar
de su escondrijo a aquellos que desde hace años no caerán por estos
predios del desorden, a los puntuales en las oficinas de prensa, las
publicitarias, relaciones públicas, redacciones, las reuniones de padres
y amigos del Colegio, la kermese en algún club que se respete. No pasará
nada ya que no me habré puesto mi traje de superman ni haré promesas
de hasta mañana y que te vaya bien.
Entonces no
trataré nada. O sí: el de acabar este artículo de la peste con la sensación
que me consolará: la de no haber dicho nada finalmente -como tantas
veces.
3 de abril 1998