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EL "CIRCUITO MONETARIO SOMBRA"

Fernando Pellerano

Antes describí una encomia monetaria de la producción, ahora describiré la economia monetaria de la especulación.

La desregulación del mercado financiero norteamericano desde los años ochenta hasta ahora generó innovaciones tanto en el diseño institucional como en la proliferación de nuevos instrumentos financieros. Estas innovaciones crearon presiones competitivas por parte de las nuevas instituciones (fondos de pensiones, compañías de seguro y fondos de inversión) sobre los bancos comerciales, que estaban regulados por encaje legal y capital normativo. Mientras los bancos requerían unos márgenes entre las tasas de interés que cobran por sus activos y las que pagan por sus pasivos de 450 puntos básicos, las nuevas instituciones financieras desreguladas operaban con márgenes muchos menores.

Se crearon los instrumentos de titularización mediante el cual los bancos podían emitir títulos respaldados por un pool de préstamos que servía de colateral del bono. Al vender el bono, el banco sacaba de su balance estos préstamos reduciendo así sus activos y, por tanto,  el monto del capital normativo, a la vez que aumentaban su liquidez.  A su vez, las otras instituciones ofrecían fuentes de fondos para los clientes tradicionales de los bancos a través de una variedad de instrumentos complejos (derivados). De esta forma las otras instituciones financieras fueron erosionando la participación de los bancos dentro del sistema financiero.

De ahí que una de las formas que los bancos tenían para mantener su rentabilidad eran los ingresos por comisiones en la generación de nuevos préstamos, que luego eran “trasladados” a las otras instituciones vía titularización. Como el pool de préstamos diversificaba el riesgo, las agencias de calificación (S&P, Moody’s, Fitch) evaluaban el riesgo del paquete completo, y las aseguradores protegían a los compradores de los títulos contra el riesgo de perdidas. Esta situación reducía el incentivo de los bancos de evaluar correctamente la solvencia de sus prestatarios. Para recuperar los ingresos perdidos los bancos empezaron a tomar posiciones (invertir) en los títulos emitidos por los fondos y los aseguradores, por lo que ahora se exponían ellos mismos al riesgo de pago de deudores que no habían evaluado.

El crecimiento extraordinario de este mercado financiero y la creciente complejidad de los instrumentos hacía cada vez más opaco y difícil de evaluar el riesgo de estos derivados. La competencia entre instituciones financieras las empujaba a tomar cada vez más riesgos para un mismo rendimiento y a confiar más en las agencias de calificación que basaban sus juicios en modelos construidos en base a un periodo inusual de estabilidad. La relativa estabilidad necesariamente estimula un comportamiento que transforma la estructura financiera desde el predominio de las unidades cubiertas (liquidas y solventes) hacia el predominio de las unidades especulativas (ilíquidas) y las unidades Ponzi (insolventes).

La generación de la burbuja especulativa de las acciones de las llamadas compañías punto.com en el 2000 y ahora la burbuja del mercado inmobiliario, han corroborado la hipótesis de la inestabilidad financiera de Minsky y desmentido la hipótesis de la eficiencia del mercado del neoliberalismo.

 

 

© Ediciones CIELONARANJA, noviembre 2008 ::: webmaster@cielonaranja.com