UN helipuerto PARA EL PROGRESO
Luis Carvajal
La ciudad de Santo Domingo, igual que todas nuestras ciudades, carece de un sistema de políticas públicas urbanas lo que convierte a los gobiernos municipales en ejecutores continuos de la improvisación institucionalizada y en simples correas de transmisión de las tendencias hegemónicas en la sociedad.
Desregulación, privatización, concentración y enriquecimiento ilimitados, desigualdades socioeconómicas, especulación y corrupción no son abstracciones conceptuales, sino que se reflejan en la vida misma, en el existir diario de los ayuntamientos y pueden rastrearse en cada ejecutoria de sus autoridades.
Los argumentos del humorista, político y síndico del Distrito Nacional Roberto Salcedo para justificar la conversión de un bien del dominio público en un coto de gestión privada al transformar una espacio recreativo en un helipuerto evidencian, además del irrespeto a las leyes, su falta de criterios en torno a la ciudad.
Es en los espacios públicos donde los habitantes ejercen la ciudadanía; donde se constituyen, definen y proyectan como entes urbanos y se reconocen en el derecho a lo colectivo; donde desarrollan el sentido de pertenencia común, de identidad y por lo tanto se convierten en munícipes.
Al afirmar que ¨una pista de aterrizaje implica desarrabalización y remozamiento de una de los espacios públicos del malecón de Santo Domingo¨ el humorista político se desnuda.
Estas frases estereotipadas dicen bastante del tipo de sociedad que se quiere. Se trata nada menos que de fabricar sentidos públicos y, por lo tanto, de una cuestión política ligada estrechamente con la transferencia de poder al sector privado y no de ordenar el uso social del espacio común.
Pero más graves aún son las expresiones atribuidas al síndico en Clave Digital ¨ cuando se produjo el desalojo de negocios de expendio de comidas y bebidas alcohólicas, las brigadas del Ayuntamiento encontraron centenares de preservativos usados y basura. Además, aseguró, que el lugar era utilizado para consumo de estupefacientes¨
Cuál es la función que le atribuye a los espacios públicos el síndico, político y humorista.
Los espacios públicos albergan todas las expresiones del hombre y la mujer urbana. Si su preocupación es la basura, es obvio que privatizar el sitio hará que se vierta en otros espacios, que también deberán ser privatizados; si se trata de los condones, deberá asociarse con los moralistas y prohibir a novios y amantes furtivos su uso, o desarrollar una campaña educativa para que estos sean dispuestos adecuadamente en lugares concebidos para ello.
Si le preocupa el consumo de drogas, le puedo asegurar que tendrá que hacer helipuertos en muchas de las grandes plazas de la ciudad, en las mejores discotecas de la gente bien, en muchos complejos hoteleros, en algunos de los más renombrados colegios del país. En las lujosas villas de Romana o en las fincas de generales y políticos enriquecidos al vapor.
Por suerte no tendrá que privatizarlos, todos son privados.
En la misma nota de Clave Digital el dirigente político, humorista y síndico reelecto del Distrito Nacional pidió que ¨no se politice el tema del helipuerto".
Por una razón inexplicable, los dirigentes políticos en ejercicio de poder, que vigilan atentamente el color y la genealogía política de cada empleado, de cada contratista, de cada suplidor de materiales o de plantas no quieren que le politicen los temas.
Pero se trata de un tema profundamente político, necesariamente político y de una decisión política, salida de un político, al servicio de una política determinada.
Hablamos de la importancia que las personas le atribuyen, por un lado, a los espacios que son usados de distintas maneras por toda la comunidad y, por otro, a los privados, que tienen una naturaleza casi siempre limitante o segregacionista.
Se trata del ejercicio de la función ciudadana, del ejercicio biológico de la supervivencia y del reclamo social a ser parte de, del combate a la exclusión y del reclamo justo e impostergable de nuevas formas de ejercicio político.
Del derecho justo a la resistencia contra el absurdo, el abuso y la prepotencia.
Esta lucha apenas empieza
Luis Carvajal
5 de abril de 2007