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DOSSIER JUNOT DÍAZ

El trujillato en The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (2007) de Junot Díaz

Rita de Maeseneer, Universidad de Amberes

Rafael Leónidas Trujillo

Barón Castillo,

El Caribe.

19 de junio 1952, 1.

Sinopsis: Después de un breve repaso de las diferentes tendencias en la evocación del tema histórico del (neo)trujillato en la narrativa dominicana y dominicano-americana, me detengo en la última publicación de Junot Díaz, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao con el fin de detectar las diferentes maneras como se enfrenta a este demonio histórico. El juego entre la incorporación en la intriga de sucesos ocurridos bajo Trujillo y la relegación del trujillato a notas irreverentes permite al escritor enfrentarse de una manera innovadora a este tema histórico insoslayable.

El demonio histórico más evocado en la literatura dominicana es sin duda alguna la dictadura de Trujillo (1930-1961) y, por extensión, los sistemas autoritarios que han imperado en la República Dominicana hasta (casi) hoy en día, a veces designados por neotrujillato.[1] El que el dictador sobreviva en la memoria de muchos dominicanos se ve ilustrado por la siguiente frase extraída del libro que va a ser objeto de mi análisis: “They were at the only nice restaurant in the city [Samaná, República Dominicana], where El Jefe [Trujillo] dined on his visits (they’ll still tell you that)” (Díaz 2007: 133, mi énfasis).[2]

En las dos últimas décadas del siglo XX se ha producido un verdadero boom de novelas sobre el (neo)trujillato en la República Dominicana.[3] En Ritos de cabaret (1999), por ejemplo, uno de los muchos escritos de Marcio Veloz Maggiolo, el autor más consagrado de la República Dominicana, el ambiente asfixiante que impera en la novela se relaciona claramente con el trujillato. También han proliferado epígonos, no siempre muy logrados, de la novela del dictador, sobre todo en su vertiente garcimarquiana, por ejemplo, Musiquito. Anales de un déspota y un bolerista (1993) de Enriquillo Sánchez. Incluso existen novelas centradas en los servidores de Trujillo, como El Personero (1984/1999) de Efraím Castillo, hasta cierto punto precursor del padre de Urania Cabral, Cerebrito, evocado por Vargas Llosa en La Fiesta del Chivo (2000). A pesar de esta avalancha de publicaciones no se ha logrado “narrar el trujillato”. Retomo esta expresión de un artículo de Neil Larsen publicado en el único número de Revista Iberoamericana dedicado a la literatura dominicana que ya data de 1988. Larsen cuyas conclusiones son aún válidas indica que no se ha llegado a describir el trujillato de manera satisfactoria por la falta de relación entre el presente y el pasado, el afán de adoctrinamiento y el carácter anecdótico y biográfico de muchas novelas. Efectivamente, muchas novelas sobre el trujillato no encuentran un equilibrio logrado entre historia y ficción y muy pocas integran los procedimientos característicos de la nueva novela histórica en sus vertientes metaficticias o carnavalescas. Raras veces adoptan la perspectiva de la mujer o transponen lo público a lo privado, por mencionar unas tendencias bastante claras en las recientes nuevas novelas históricas.

Además, las novelas más leídas sobre Trujillo fueron publicadas fuera de la isla y no provinieron de dominicanos pur sang (una variante de por sí inexistente). Ya he mencionado la obra de Vargas Llosa y podría agregar Galíndez (1990) de Manuel Vázquez Montalbán. El único éxito ‘dominicano’ de índole histórica fue publicado en Estados Unidos en inglés. En In the Time of the Butterflies (1995) la dominicano-americana Julia Alvarez dio a conocer la resistencia de las hermanas Mirabal y su muerte absurda en un supuesto accidente hacia el final del régimen de Trujillo. Esta obra escrita desde el punto de vista de una mujer gringa de origen dominicano gustó mucho, sobre todo al público norteamericano, ávido de exotismos y situaciones en este caso no mágico-realistas, sino mágico-horrorosas.

Por supuesto, se podría explicar la presencia aplastante del (neo)trujillato en la narrativa dominicana de dentro y de fuera por las propias vivencias de los escritores. Es cierto que en los novelistas más jóvenes la importancia del tema dictatorial va menguando. No obstante, su sombra sigue planeando sobre bastantes textos. La última novela de la dominicano-americana Angie Cruz (1972), Let it Rain Coffee (2005), vuelve sobre la Era de Trujillo desde lo privado, por ejemplo. Incluso la escritora dominicano-nómada muy iconoclasta, Rita Indiana Hernández (1977), no puede escaparse del todo del peso del autoritarismo. Publicó en 2005 una novela corta titulada Papi, en la que una niña exalta a su superpadre, que de hecho es un gangster. A pesar de que Rita Indiana Hernández no quiere ser asociada con la “diarrea novelera trujillista” (para citar sus propias palabras de un correo), una lectura un tanto más detenida de la obra revela casi todas las características consabidas de la novela del dictador, aunque transpuestas al ámbito personal. Como aparentemente el contexto histórico es difícil de obviar, postulo que una manera de bregar con este pasado insoslayable es dejando de hacer novelas históricas sobre este período y/o dejando de ubicarlo en el primer plano al tratarlo por desplazamiento y contigüidad.

Veamos hasta qué punto podemos aplicar esta propuesta al escritor dominicano-americano Junot Díaz, nacido en 1968 y residente en Estados Unidos desde los seis años. En 1996 se dio a conocer con Drown, un exitoso libro de cuentos que giran todos alrededor de la familia del Cabral. En este libro aparece el problema del autoritarismo del padre, pero casi no hay referencias al trujillato. En su novela muy esperada, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, esquiva mucho menos el legado histórico. Al igual que sus cuentos, este texto enfoca a una familia (en tres generaciones en este caso) y se ubica en parte en Estados Unidos y en parte en la República Dominicana. Retoma por tanto ingredientes casi indispensables en los (y sobre todo las) latino writers como Sandra Cisneros, Cristina García, o, limitándome a las dominicano-americanas, Julia Alvarez, Angie Cruz o Nelly Rosario. No obstante, el tono duro e irónico hace que difiera mucho de las evocaciones a veces sentimentaloides de muchas de estas latina writers. El protagonista es el obeso Oscar, apodado Oscar Wao, una deformación de Wilde. Este escritor en ciernes está fascinado por la literatura, las películas y los juegos de ciencia ficción. Busca desesperadamente deshacerse de su virginidad, pero fracasa en todas sus relaciones amorosas. Como un nuevo Quijote se recluye y huye en su mundo ficticio. Termina por ser matado por unos hombres que ejecutan las órdenes del novio de una ex prostituta dominicana Ybón, de quien Oscar se ha enamorado locamente. Aunque se dedica más atención a Oscar y su vida maldita -nada maravillosa- también nos enteramos de fragmentos del pasado y del presente de otros miembros de la familia: la madre Beli (capítulo 3), la hermana Lola (capítulo 2), el abuelo Abelardo (capítulo 5). Del padre innominado sólo sabemos que procreó a Lola y a Oscar en los dos años que compartió con Beli, lo cual constituye “her third and final heartbreak” (164). Pues en este caso no se opta por explotar la veta del autoritarismo paterno, aunque la madre en parte retoma el papel sancionador. Dos capítulos (el cuarto y el octavo, que es el último) son contados desde el punto de vista de Yunior. Este personaje es una suerte de amigo de Oscar y también hace de novio de Lola durante un tiempo. Yunior ya estaba presente en Drown y puede ser considerado en ambos textos alter ego de Junot Díaz. En la novela se le puede identificar con el narrador, llamado a veces también Watcher, nombre de un personaje de una historieta de ciencia ficción, Fantastic Four.  

Algunos de los ocho capítulos llevan fecha. Para el tema del trujillato se destacan el tercero, “The Three Heartbreaks of Leticia Cabral 1955-1962”, y el quinto, “Poor Abelard 1944-1946”, ambos situados en la República Dominicana. El capítulo 3 se centra en la adolescencia de la madre de Oscar, cuando vivía en Baní. Culmina la presencia del trujillato en el segundo gran amor de Beli, quien es apodado el Gangster. Es un calié como se diría en dominicano, es decir, un matón al servicio de Trujillo, quien resulta estar casado con una de las hermanas de Trujillo. La cruel venganza de la esposa que ordena asesinar a Beli por razones pasionales se fusiona de esta manera con el contexto político. Se subraya este nexo entre el trujillato y el intento de matanza de Beli que casi por milagro se escapa de la muerte, ya que lo ocurrido viene a coincidir con el asesinato de Trujillo el 30 de mayo de 1961.

En el capítulo 5 el abuelo Abelardo es el punto de interés. Es torturado y encarcelado, porque hubiera insultado al dictador (habría dicho lo que el narrador llama “the Bad Thing”) y/o se hubiera opuesto a entregar en ofrenda a su hija codiciada por El Jefe (causa designada por el sintagma “The Girl Trujillo Wanted”). El capítulo va precedido por una introducción y un epígrafe que proviene del periódico dominicano “La Nación”:

Men are not indispensable. But Trujillo is irreplaceable. For Trujillo is not a man. He is... a cosmic force.... Those who try to compare him to his ordinary contemporaries are mistaken. He belongs to... the category of those born to a special destiny. (204)

Las descripciones de la violencia ejercida sobre Beli y Abelard pueden competir en crueldad y repugnancia con otros acercamientos al trujillato. Pienso en las escenas de tortura en La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa y en la violencia descrita en In the Time of the Butterflies de Julia Alvarez o en The Farming of Bones (1998), obra que trata de la Masacre de haitianos y dominicano-haitianos de 1937 y que fue escrita por la haitiano-americana Edwidge Danticat, la “hermana” de Junot Díaz, tal como lo pone en sus agradecimientos al final del libro. Pero a la vez se desmitifican y se relativizan estas aberraciones tan típicas del régimen de Trujillo. El mismo narrador no se decide sobre la causa de la caída de Abelard. Al insulto agrega como otras razones probables la protección de la hija y luego la supuesta redacción de un libro sobre las raíces sobrenaturales de Trujillo. Hasta desvirtúa la originalidad de sus explicaciones:

Let’s be honest, though. The rap about The Girl Trujillo Wanted is a pretty common one on the island.29 [nota a pie de página en el texto]  [...]. So common that Mario Vargas Llosa didn’t have to do much except open his mouth to sift it out of the air. There’s one of these bellaco tales in almost everybody’s hometown. (244)

Y para rematar su argumento remite en la nota 29 a la primera mujer codiciada de la isla, la indígena Anacaona. La relativización se expresa asimismo de otra forma. Los fragmentos de tortura y violencia en estos dos capítulos encuentran un eco en el intento de asesinato en un cañaveral de Oscar por parte de los matones al servicio del novio de Ybón, un capitán muy temido bajo Balaguer. La violencia pública se ve por tanto mezclada con la privada, lo cual provoca la siguiente observación por parte de Lola: “[...], Ten million Trujillos is all we are” (324).

 Al lado de esta integración en dos capítulos específicos de vivencias directas bajo el trujillato, detectamos a lo largo del libro otras modadlidades de remisión a este período. Por falta de espacio me limitaré a indagar en la primera referencia a Trujillo, que se sitúa en el capítulo introductorio a las fortunas y adversidades de la familia. El narrador empieza discurriendo sobre una maldición, llamada fucú[4] en la República Dominicana que dominaría la vida de Oscar y de toda la familia. Este fucú existe desde la misma llegada de Colón a La Española y vendría encarnado por excelencia en Trujillo, el dictador de los tiempos de los padres de Oscar:

But in those elder days, fukú had it good; it even had a hypeman of sorts, a high priest, you could say. Our then dictator-for-life Rafael Leonidas Trujillo Molina.1 [nota a pie de página en el texto] No one knows whether Trujillo was the Curse’s servant or its master, its agent or its principal, but it was clear he and it had an understanding, that them two was tight. (2-3)

Ya desde la primera vez se ubica a Trujillo en un contexto de maldición y fatalidad. El fucú implica un poder no controlable por la razón. Proviene de la tradición oral y popular, tan importante en la cultura caribeña, y va más allá de un mero toquecito real maravilloso, siempre exitoso a la hora de la venta de libros de caribeños. Díaz introduce un concepto sumamente dominicano para expresar algo universal, la fatalidad, los poderes negativos que dominan la vida, una variante sobre las Parcas, el destino si se quiere.

Pasando ya a la designación de Trujillo, se le denomina a la vez con un término religioso y culto, “sumo sacerdote”, y con un término de música moderna y popular, “hypeman”, un rapero. Implica que la ironía y la irreverencia por la yuxtaposición de remisiones a cultura alta y baja van a imperar para abordar la historia dominicana. Esta tensión entre cultura baja y alta se encuentra ya en los dos epígrafes generales, uno extraído de un libro de historietas de ciencia ficción, otro de Derek Walcott, el escritor caribeño originario de San Lucía. En el primer epígrafe la relación con lo dictatorial es obvia, ya que se cita una pregunta formulada por el personaje de Watcher: “Of what import are brief, nameless lives ... to Galactus? Fantastic Four. Stan Lee and Jack Kirby (Vol. 1, No 49, April 1966)”. En una primera comparación Galactus, también llamado el Devorador de Mundos, sería Trujillo y la vida sin nombre se podría aplicar a los perdedores como Oscar y por extensión los dominicanos o los jóvenes en Estados Unidos. El segundo exergo, parte de la segunda estrofa del poema “The Schooner ‘Flight’” de Walcott, evoca a un tal Shabine a la deriva entre las islas caribeñas e incluye los versos muy citados: “I’m just a red nigger who love the sea,/ I had a sound colonial education,/ I have Dutch, nigger, and English in me,/ and either I’m nobody, or I’m a nation”. Mediante la sucesión de dos epígrafes se nos sugiere que lo no asible y lo rizomático, asociado con lo caribeño, se opone a y va acompañado del mal que acecha desde un mundo dominado por la ciencia ficción.

Además de esta oscilación entre high y low culture con objetivos desmitificadores de lo histórico y del texto en su totalidad, se utiliza ya en esta primera mención otra técnica de relativización del demonio histórico. La cifra 1 en sobrescrito remite a una nota a pie de página que contiene datos supuestamente más factuales sobre Trujillo. Aunque la información sobre El Jefe queda relegada a una nota a pie de página, acaba por ocupar la mitad de la página 2 y una cuarta parte de la página 3. Ya conocemos las implicaciones subversivas de este procedimiento por lo menos desde El beso de la mujer araña (1976) de Puig. Al inicio del libro Trujillo parece merecerse sólo una nota - algo secundario - pero por su extensión este elemento periférico ataca la autoridad del cuerpo del texto. En total se encuentran diseminadas en el libro 33 notas a pie de página bastante heterogéneas. Incluyen citas de Tolkien - uno de los grandes hipotextos -, informaciones sobre ciencia ficción, una aclaración del dominicanismo “parigüayo” (pendejo) para definir a Oscar, algunas observaciones del narrador sobre cambios o explicaciones ulteriores que le dieron, por mencionar algunos ejemplos. 17 de las 33 notas atañen al trujillato: hay explicaciones sobre las hermanas Mirabal (“Great Martyrs of that period” 83 n.7), el yerno Porfirio Rubirosa (“fucked all sorts of women” 12 n.4), Ramfis Trujillo (“Lil’ Fuckface” 99 n.13), Galíndez, el profesor secuestrado y matado, tildado de “basque supernerd” (96 n.9), Johnny Abbes García, el Jefe del Servicio de Inteligencia Militar asociado en el libro con SIM-ians, “the Demon” Balaguer cuya nota se inicia de la siguiente manera: “Although not essential to our tale, per se, Balaguer is essential to the Dominican one, so therefore we must mention him, even though I’d rather piss in his face” (90 n.9). Como otro modo de relativización, al lado de estos nombres famosos también se inserta en una nota un caso menos sonado, la desaparición de un maestro, un tal Rafael Yépez.

Volviendo a la primera nota a pie de página el narrador presenta a Trujillo de manera sumamente irónica, ya que se dirige a “those of you who missed your mandatory two seconds of Dominican history” (2 n.1). Primero evoca de manera jocosa algunas características frecuentemente asociadas con él: su brutalidad, su interés por las apariencias, su dirección del país como si fuese su propiedad privada, su mulatez y su blanqueamiento de la piel y su “fondness for Napoleon-era haberdashery” (2 n.1). Este último dato no puede sino hacerme pensar en la foto más exitosa de Trujillo que he puesto como exergo de mi texto y que ha sido reproducida muchas veces en portadas de libros sobre El Jefe.

Lo denigra también inventándose unos apodos como “Fuckface” y “the Failed Cattle Thief” en lugar de mencionar los conocidos como Chapita. Incluso remite a la cuasi imposibilidad de describir a este dictador latinoamericano: “At first glance, he was just your prototypical Latin American caudillo, but his power was terminal in ways that few historians or writers have ever truly captured, or, I would argue, imagined” (2 n.1). Se podría leer esta observación como una crítica indirecta y un diálogo con toda la verborrea trujillista en la República Dominicana que he esbozado brevemente. A la vez admite la dificultad de narrar el trujillato, ya que confiesa que ni Oscar Wao sería capaz de evocarlo, ni en su variante de ciencia ficción ni en su vertiente tolkieniana: “He [Trujillo] was our Sauron, our Arawn, our Darkseid, our Once and Future Dictator, a personaje so outlandish, so perverse, so dreadful that not even a sci-fi writer could have made his ass up” (2 n.1). Al enumerar una serie de razones que justifican su fama, el narrador sintetiza los temas exitosos en numerosas novelas sobre Trujillo. Así evoca su dominio de los nombres geográficos (por ejemplo, Santo Domingo cambió en Ciudad Trujillo), su poder financiero y militar, su deseo de veneración completa sintetizada en “Dios y Trujillo” y su dimensión sobrenatural, todos elementos muchas veces evocados en las novelas del dictador. Tampoco puede faltar su obsesión sexual por las muchachas jóvenes, tema que incorpora el mismo Díaz como ya he comentado. Hasta se hace una alusión implícita al sistema de delación en los periódicos mediante la columna “Foro Público”, ya que Trujillo es famoso “for stripping friends and allies of their positions and properties for no reason at all; (...)”[5] (3 n.1). Se alude a esta estrategia en La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa y en el cuento “Pormenores de una servidumbre” (1985) del dominicano Pedro Peix.

Es como si Díaz en esta nota hiciera una síntesis de todas las obsesiones tratadas en la narrativa sobre el (neo)trujillato. Termina enumerando una serie de hazañas de Trujillo, incluyendo uno de los hechos más callados en la literatura dominicana (y que muy significativamente aparece asimismo únicamente en dos notas en Díaz): el genocidio de haitianos y dominicano-haitianos en 1937. Habla igualmente del sostenido apoyo estadounidense, que duró más que en Argentina o en Chile (“([...] this was a hardearned victory, the chilenos and the argentinos are still appealing)” (3.n.1)), y de la kleptocracia (“Trujillo was Mobutu before Mobutu was Mobutu” (3 n.1)), de manera que ensancha la problemática. Concluye de manera positiva proclamando que gracias a Trujillo los dominicanos entraron por fin en la modernidad adquiriendo una identidad. La misma combinación de información y de crítica descarada y feroz caracteriza las otras notas que atañen al trujillato.

En The Brief Wondrous Life of Oscar Wao Junot Díaz ha elaborado un diálogo con el legado literario sobre el trujillato, aunque a la vez ha ido mucho más allá. El recuerdo de sucesos en la Era de Trujillo desde las historias privadas y la relegación a notas a pie de página caracterizadas por un tono de irreverencia, contextualización y relativización son las estrategias más sobresalientes para enfrentarse al trujillato. Entre otras obsesiones que no he podido profundizar Díaz convoca, invoca, revoca, evoca el trujillato. Quiere dar a conocer la complejidad de esta media isla marcada por este fantasma histórico. Mediante la repetición y la relegación, que al fin y al cabo son dos modalidades típicas para superar un trauma, Junot Díaz ha llegado a narrar el trujillato de una manera innovadora.



[1] De sobras es sabido que el antiguo ministro de Trujillo, Joaquín Balaguer, continuó el régimen del dictador bajo el velo de la democracia de 1966 a 1978 y de 1986 a1996.
[2] De ahora en adelante sólo citaré la página de The Brief Wondrous Life of Oscar Wao publicado en 2007 (New Cork, Riverhead Books). La novela ya ha sido traducida a varios idiomas, por ejemplo, al neerlandés. En el momento de la redacción de este artículo la traducción al español aún no había sido publicada.
[3] En Trujillo y su fantasma. Historia de la novela del trujillato de 2006 (Paris, Editons Mare & Martin) Ana Gallego Cuiñas comenta más de treinta novelas. Remito también al primer capítulo de mi Encuentro con la narrativa dominicana contemporánea igualmente publicado en 2006 (Madrid, Iberoamericana).
[4] Fucú se parece fonéticamente a “fuck you”. Por falta de espacio me es imposible indagar en la dimensión lingüística de este texto caracterizado por constantes cambios de código y juegos de palabras que requieren un conocimiento de cierta jerga en inglés y del español (dominicano), por ejemplo, para entender por qué escribe “Truji-líos”.
[5] Remite asimismo a este sistema de denigración en relación a Abelardo, pero curiosamente llama la columna “Foro Popular” (223).
 

Ediciones CIELONARANJA, noviembre 2007 ::: webmaster@cielonaranja.com