Ediciones del Cielonaranja
LETRASPENSAMIENTOSANTO DOMINGOEDICIONES MIGUEL D. MENA

Taquito

“de los desórdenes”

 

Porque siempre me quedo en casa esos días en los que todos llaman para sacarme de la cama, que me quitan la computadora de las piernas, me sacan las hojas de debajo de los brazos, me meten uno, dos, tres pases y me halan por las manos. Alguno hasta me pone los zapatos y luego las medias. Cuando alguien pregunta: “¿Se acabaron los kanks?, cuando alguien ha clavado la mitad del perico del grupo y se mete la mano en los bolsillos y dice: No, men, yo no lo tengo, entonces es cuando decido quedarme en casa a llenarme la cabeza de colorcitos en programas infantiles, hasta que un merenguero llamado Kike Mangú sale a menearse y dos muchachitas que no pasarían de los doce como en ácido, como en equis, como en cuerería pesada salen a menearse con él. Cambio el canal. Una repetición de Basquiat, un disquito rayado, una barbie haciendo el papel del verdugo, del verdadero verdugo. De la boca de Eddy sale verdugo y es justamente cuando abre su edición especial de Tacones Altos, donde una dómina española le mete un taco hasta la garganta a un muchacho que también le está metiendo algo en la boca a una niña, que también se mete algo en otra parte, que es un objeto cilíndrico con forma de pene. Eso es una vaina pa maricone, dice Eddy, “que solo lo usan los maricones y los cueros, y las niñas sumisas, que le están metiendo vainas por la boca directo desde el ano del muchacho. Y el repetía Bárbaro, animal, pero yo no escuchaba nada, había un ruido como de madera contra concreto, un ¡bum! como de carne contra hueso, como de mano sobre boca abierta y uñas en espalda. Y era que en la pieza contigua, Ernesto le rompía las piernas a Raysa a una velocidad de espaldar de cama a 250 golpes/seg. Tablazo, grito, empujón, “¡Dale!, “¡coge!”. “¡Bum!”. Claro que Eddy salió manoseándose al baño. Consigo se llevó tres revistas y, disimuladamente, un desodorante. Con los golpes se movía mi cama, mi mesita de noche y un vinyl de Raul Recio que tengo sobre mi cabecera esperando que me libre de todo bien. El cuadro cayó justo sobre el florero lleno de canicas que compré en la miscelánea junto a la fábrica de muebles de mimbre. Al golpe salió Eddy subiéndose el ziper. Como si nada agarró el control remoto del vhs y puso una película de Hitchcock, una de las que hizo cuando viejo y todo lo que hacía parecía una serie de Teleantillas, buscó un Clamato y empezó a chupárselo mientras buscaba el mejor punto en el suelo, entre todas las bolitas de colores, para sentarse.

A Eddy hace tres meses le dio con dejar de beberse las 21 divisiones en el colmado de Don Lépido. Se tomó fotos con los Mellos, La Prieta, Australia y Joaquín Joaquín el día en que se declaró, se juró, se prometió, se decretó, se afirmó y se reafirmó que se acabó la birra fría, se acabo el jodedero en la calle en la madrugada, se acabaron las cervezuanas, se suspende el crédito en el colmado. Bulla, bulla, mucha bulla, pero ninguno de los cueros estuvo contenta, le cogieron mala voluntad en la casa de citas de Lilo y Janet, la que está al lado de la miscelánea, al lado de la fabrica de muebles de mimbre donde trabaja Patchy, que está más buena que la codeina en primavera, que se supone lleve a cenar todos los días a cambio de favores orales. Siempre nos agarraba la madrugada o la lluvia o un bonchecito de kanky matriculado en el techo, aguantando la respiración y las ganas de rompernos los brazos porque nadie soportaba que Mami estuviera lavando el baño y escuchando lo que decíamos, si sonaba un gemido o una fosa nasal en plena succión. Supuestamente yo no sabía que Patchy se acostaba con Eddy, pero es que ella es un tirapiedras. Una Honda Lead en las manos y se va a la cuarentidós con Eddy a ligarse el mil de los treinta polvos, famosos por su larga duración y fabulosa demostración del poder físico de Eddy, a quien siempre están esperando en casa de Lilo para que floje un par de frías y un par de pases, tal vez un pica pollo y un pote, pero como hay fotos que atestiguan su nueva y rampante sanidad, él prefiere meterse en mi propio cuarto a hacer musiquita y mandármela al techo a hablar. A los 20 minutos, después de que suena la cubeta de agua vaciándose sobre el cuerpecito de la muchachona, viene fresquesita y con la nariz blanquita a parlotearme de su, de mi, de nos, de mis, de tus, de ex, de que a veces... recostada sobre mis piernas sobándose el coxis y a veces hasta la cara con las marcas delatoras del espaldar de mimbre. A mí me suena el ¡Bum! en la cabeza. ¡bum! ¡bum! y Eddy me pregunta que si es Raysa la que está, que si es Raysa la que es, que si no es, ¿que quién es? A mi me importa tan poco, porque es que también tengo que aguantarme a Ernesto, el hermanito de Patchy, un enanito, el típico proto-panky de los barrios, el chamaquito que no suda, que tiene flow, baqueao por el dominican-york de turno, esperando a que maten a su padrino para ser adoptado por algún otro que le compre mejores tennis. Ernesto se coge a cualquier niña del barrio sin saberle el nombre ni el número de botones que se quitó él o le quitó ella, sin compasión, sin pena y con toda la gloria que todos los gritos de la niña pueden darle. Raysa era la última adquisición, me dijo una vez que me dio un ataque de profamilia y lo agarré por el brazo para darle un paquete de condones, la bizca, me dijo, y bien que lo hace la perra, me dijo, gracias, manito y se metió en la habitación y casi pude escuchar la caja cayendo en el fondo de una gaveta y un salto en la cama y el ¡bum, bum, bum!

Raysa no piensa en otra cosa que el sexo, una sensualidad fingida que más bien parece retardo mental, los ojitos torcidos y un diente menos. O dos, o tres, nunca se sabe porque nunca se ríe, tiene la boca ocupada haciendo boquitas frente al espejo. Se mudó al cuarto de servicio con Ernesto hace una semana y ya la tengo metida en mi habitación, en la cama, en la computadora, en la cuenta de correo, en el gavetero y en los condones que me devuelve con una cara de desorden y bum bumes. Se robó tres ceniceros, ocho portarretratos, trece libros y 26 cds que luego también devolvió rotos y rayados, junto a otros tantos que no eran míos, pero que aceptaba como recompensa para que Patchy no se me fuera de la casa. El bum cesó y Eddy recogió una canica, el florero, la echó dentro y fue a buscarse otro clamato.

La Vie Secret Des Anges “cuán tristes las metáforas”
Potato, tomato.
Cancionero Popular
Taquito “de los desórdenes”
Fashion Foam “el esquizoide desempleado”
Mighty Fantastic Invisible Mono-Chested Siamese Identical Twin Average Thundercats Brothers.
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El Ángel Exterminador
13 “Formato Alquitrán”


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