Ediciones del Cielonaranja
LETRASPENSAMIENTOSANTO DOMINGOEDICIONES MIGUEL D. MENA

Potato, tomato.

 

2063. Durante los simulacros de manejo espacio-tiempo en la base espacial Libelly Vásquez, los científicos alemanes Danny N. Shuffle y Melko Keene descubrieron una brecha en un módulo estelar que un astrónomo llamado Nástulus, el inventor del Astrolabio en el 927, quien cambió su nombre a Miltiadis Pappadopolus cuando arribó a costas dominicanas en 1940, llamó PriceMart. El astrónomo, que ha fungido como observador electoral en las últimas doce elecciones presidenciales del país, censuró el proceso investigativo que se realiza en la base espacial. Durante una rueda de prensa realizada en su villa en Casa de Campo, donde murió hace 25 años, Miltiadis Pappadopolus ha dado instrucciones exactas para el manejo de la red interestelar y de los 80 módulos existentes en esta galaxia. Afirmó que Puerto Plata, el Colmado La Beba y un apartamento en la 19 de Marzo son puntos estratégicos para lograr la teletransportación en los módulos, y usando las instrucciones de la forma más precisa posible, puede, al igual que el mismo astrolabio de su invención, mejorarse.

Aquí redactamos la declaración textualmente:

El mundo, digo. No un conjunto de ríos que van a dar a ninguna parte, el refugio lleno de agua, colorcitos, boquitas y ojos: el planeta. Digo el mundo y me sobra un pedazo de camisa que meter en el pantalón, señalando con la nariz la calle intransitable donde pululan todas las boquitas con sus voces y sus ojos. Y Angela con el sol, que bien parece un tinaco en llamas, iluminándole la cara. Le digo que el mundo es una miniatura con cordeles para colgar ropa limpia y sucia que también conducen electricidad de puerto a puerto, millones de televisores conectados a los tubos de pvc fundido y concreto armado que suben y bajan el puente sin la presencia bastante necesaria de pasolas, guitarras eléctricas, helipuertos donde caer desnudo luego de una avalancha de comida sin grasa y sin sabor. Así es el mundo, digo, la cosa. Esta mañana me caí de la cama, un efecto dópler, digamos, cuando se sueña se está expuesto a tantas cosas. Enfermo esta mañana, con una sobredosis de Fendramín cuando deberíamos estar todos haciendo el recuento oficial de la historia mundial desde el 1600, o de una película de Kusturika, o de Fassbinder. Pero hay que comer y no hay quien aguante lenguas extranjeras. La literatura española nos da de comer hoy domingo por la tarde por la módica suma de 200 pesos. Dos tomos antiquísimos que el papá de Angela trajo de Cuba junto a muchas fotos de La Habana, un sacerdocio y la estrategia para exterminar el comunismo en la república. Este es el mundo, decía en la dedicatoria cuando el comprador abrió el compendio y aprendió a leer en una caligrafía que perfectamente podía ser la del mismo Cervantes. Y como sólo teníamos en el estómago un pan con chocolate de agua que nos repartimos como buenos hermanos alabando las dotes culinarias de Angela, no objetamos cuando nos ofreció el par de billetes de cien. Lo que pasa, digo, es que Alonzo con una cara de primate nos cuenta la odisea que es pedir un crédito en el colmado cuando están en inventario, en producción de tetas boricuas que bajan frías a dos por chele. Alonzo dijo que el banilejo dijo: A esas no la brinca una chiva, mientras entregaba el papelito donde se le pedía, hasta el día 30:

2 doble litros Coca-Cola

10 Panes de Agua

3 Barritas de Mantequilla

2 Marlboro Grande

10 pesos de queso

1 Botellón de Agua

2 Cajas de Fósforos

Y me decía lo que te acabo de decir. Entretanto, Angela preparaba una salsa de tomate para acompañar el pan que no llega y tuvimos que tomárnosla como sopa. Angela tenía una gorra del H4 en el tres, un pañuelo en la cabeza y una curita en la mejilla aunque no tiene más que una cicatriz que le dejó montarse en un perro rabioso como lo hacía siempre cuando tenia 8 años. Cuando la pimienta de la salsa de tomate empezó a bajarnos la presión, nos sentamos todos en el cojín rosado que tenemos en la sala, un regalo de Patutus, una pieza de arte contemporáneo, artículos de moda en los hogares cool de la isla. La noche anterior habíamos estado en la galería, con tanta gente de moda y tantos parachoques en las carteras, tanto cd de moloko y la gente preguntando: “¿molokow?, ¿molokow? y los catálogos de las exposiciones del año pasado, series fotográficas y textos muy pretenciosos que estuvieron guardados en el mismo cajón de la mesita de noche donde se guardan también las entrevistas entre Franco y Hitler. Tres viejas en equis exhibían las chancletas que tenían frente a un micrófono en un salón lleno de piezas de El Salvador en muy mal estado y las cervezas las servía un mozo con un traje negro seis números más grandes. Está de moda, digo, se lo digo a Angela que, por miedo, se esconde detrás de un panel de plexiglás amarillo y en los ojos se le refleja una bocota enorme que en ese momento saca la lengua y se chupa el labio inferior como para arrancárselo, es una de las viejas que ha terminado de hablar y, metiéndose la cartera entre las piernas y balanceándose de atrás adelante, da paso a la segunda, que no deja de mirar hacia arriba. Libelly se me acerca. Y si no es Libelly, puede ser la galerista que para el momento hace las mismas muecas de Libelly y me dice la voz que todas parecen ser Libelly, la Vásquez, todos tienen la cara derretida, a todos se les están cayendo los pantalones y se los amarran de la gargantilla de plata que les regalaron y llevan usando en cada evento de la galería desde hace dos años, cuando estaban de moda, digo.

A esta hora, con esta temperatura y con esta concurrencia, todo se me parece a Villa Mella, una casa con verjas verdes de la primera etapa de un proyecto de vivienda para desarrabalizar esa parte de la ciudad donde viví durante dos años, junto a una boricua que supuestamente era bruja y se había chupado ocho niños y tumbaron del techo con un puño de sal una noche. Al caer, solo vieron una perra sin cola, un carrete de hilo negro y un timón de bicicleta, precisamente el de mi bicicleta, ese que me dejó marcas indelebles en los pulgares. Sin fulnitura, decía la vieja señalando el interior de su casa, donde solo había un altar con Santa Marta y un Gran Poder de Dios, pero con la esperanza de sillones térmicos para controlar la temperatura, como la gente del 568 2222.

Alonzo leía el papelito, aprendiendo a leer en la caligrafía del banilejo, donde todas las vocales parecen números. Al cabo de tres horas, con el estomago cantando la bamba, ya se había descubierto un clavo de pastillas que hacen el mismo efecto de tres equis amazónicas, se había hecho la historia del maricón que hubo que atracar para que aparecieran esas pastillas, la teoría de que las sustancias añejadas son mejores, llegó el grupo de hip hop Lo Correcto y se fueron al balcón a ensayar el sencillo que habla de la situación y la emoción o la amistad o algo así. “¡Me estoy poniendo mala! ¿Qué es lo que estoy? ¡Me guallaron uñas!, gritó una voz muy ronca de mujer tocando la puerta con cuatro manos. Cuando entró la estampida de pelucas y uñas postizas, tuvimos que devolver las amazónicas y venderle los dos tomos de literatura española a un negociante de armas de fuego y artículos de primera necesidad que nos hablaba de la importancia del Internet y de que eso era la demanda.

Esto es un disparate, digo. Y cuando digo disparate, no me refiero a la gripe de Angela, que siempre llega con una jaqueca de un solo lado de cabeza de esas reuniones de la galería, tampoco a Alonzo, que está escuchando los gatos de Regina Angelorum gritándole obscenidades desde que abandonó al gato de la casa por mearle en la ropa limpia justo al lado de la residencia parroquial. Mucho menos a Libelly, la Vásquez, la pobrecita se ha bebido dos pastillas que encontró rodando en un zócalo y la hemos sorprendido tres veces confesándole a su mamá que está embarazada, su novia es uno de los travestis amigo del dueño de las pastillas; Pepe, se hace llamar y en cuanto entró le cogió la mano derecha y la puso a acariciarle sus tetas llenas de aceite Crisol y le metió un dedito aquí, otro allí. Al final se la llevaron, se llevaron el dinero, las equis y un cassette de Regina y Reutelio que Angela y yo compramos en Zuni Disco un domingo en la mañana cuando salimos a la Duarte a que nos llenaran de insultos, humo y colores en los ojos. “¿Qué es eso?, preguntó un gordo que se quitaba el sudor de la panza con una Comunicard haciendo franjas secas en una esquina. Un disparate, digo yo.

La Vie Secret Des Anges “cuán tristes las metáforas”
Potato, tomato.
Cancionero Popular
Taquito “de los desórdenes”
Fashion Foam “el esquizoide desempleado”
Mighty Fantastic Invisible Mono-Chested Siamese Identical Twin Average Thundercats Brothers.
Some Like Parties
Electra “labor de los electrodomésticos”
Sapo
Episodio Rosado
Revolver
El Ángel Exterminador
13 “Formato Alquitrán”


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