“Allí están
los dos –serpientes emplumadas– cheek to
cheek,
pegados uno a otro, pegadas las bandejas.
Hermanos
siameses forcejeando. Murciélago de la
Bacardí,
mancha de tinta, animal doble, ostra abierta,
cuerpo
con su reflejo…”
Servero Sarduy, De Donde Son Los Cantantes.

Me estás siguiendo
a la casa, o te sigo yo. El caso es que me tomas de la mano y me
dices como si no me estuvieras viendo: “¿has adelgazado?” Y me agarras
la correa y me halas mientras vamos subiendo las escaleras. Hay
veces en las que te miro a la cara y tú miras a otra parte, o me
miras a la cara y yo te meto un dedo en el pantalón. Estás tocando
todos los timbres de todas las puertas y hay que correr. Y jadeando
me empujas al apartamento y tú cierras la puerta, o yo tengo mi
mano en tu pantalón, sacando la llave y tú ya tienes un candado
ACE abierto en la mano. Cuando caminas por el pasillo, todas las
luces se apagan, si hay algún bombillo quemado podría encenderse
y apagarse por sí solo con tu sola presencia. Y tú tienes las manos
juntas, mirando tus pies junto a tus ojos y una sonrisa de oreja
a oreja que tu nariz no me deja ver. Yo estoy frente a ti con un
doble litro de cocacola en la mano o ya tú lo tienes metido en la
boca y además un vaso y además un dedo mío y muerdes la punta y
lo escupes y me das la cocacola con la mano que te queda tan libre
que puedes pasármela por la cabeza y además señalarme que me meta
en mi habitación, que te espere, que vas a terminar de apagar todas
las luces.
¿Quién eres?
¿Dónde te pongo? Tengo la cabeza tan hueca y tú eres un dibujo animado
o una foto rota sobre la mesa. ¿Dónde te quito la camiseta cuando
tú tienes esa cara de que me matas, y yo quiero que me mates de
una vez o que dejes de mirar la calle desde la ventanita del baño?
¿quién tiene la televisión encendida y ha dejado esta borrrachera
sin vergüenza ni paz? Me estoy comiendo las uñas de tu mano derecha
y tú me tocas tierno la cabeza y no dices nada. Yo soy esta rana,
este action figure plástico con la cabeza vuelta al revés y tú no
me estás mirando o miras sin que yo pueda verte. Me parece sentir
que tienes una mano metida en mi bolsillo trasero o es tu zapato
que no deja de molestarme porque es adonde he logrado sentarme para
poder tocarte la cara y pedirte una lengua cuando cierras los ojos.
Hacerme el dormido
o quitarme los pantalones, cerrar la puerta del baño y poner música.
Sucede.
Despierto contigo,
me sorprende que estés en la habitación cuando despierto. Te inclinas
sobre mí, mojado con una toalla en la cintura y el pelo mojado tocándome
la nariz a distancia y cuando abro los ojos ahí estás. De los ojos
te gotea esa luz mojada y ese brillo y de la barbilla y de los hombros
y también de los vellos del pecho te cae tanta agua, un río para
despertarme y me dices mostrándome los dientes blanquísimos y sacando
la lengua:
“Are you having a wet dream?”
Y sales disparado
al baño con la toalla arrastrándose por el suelo con unos pantaloncillos
en la mano. Por las persianas entra una luz caliente y parecen lenguas
enormes quemándome la espalda, o eres tú que te has puesto detrás
de mí para empujarme a la bañera, que me has puesto el jabón en
la axila derecha y un dedo y tu lengua en la boca. Tocándome tanto
tan caliente, un dedo justo donde muere el agua antes de precipitarse
contra mis pies y yo cierro los ojos. Tu mano caliente entre los
muslos y una en la espalda, tantas manos y tú ni siquera estás mojado,
robándome besos a través de la cortina, lamiéndome los hombros con
los ojos tan abiertos que siento que me estás mirando y siempre
he de terminar en esa muerte momentánea y tengo que quedarme bajo
el agua durante un rato mientras termina de suceder este despertar
contigo una mañana cualquiera. Porque sé que estás listo para irte,
que me vas a dejar con la toalla en la cintura parado en la puerta
esperando el último beso cuando tú ya has bajado la escalera y sales
mirando hacia arriba por si aún estoy viéndote.
Este que veo,
que ves, eres tú, eres la misma persona, la cara en el espejo del
baño que siempre tan lleno de gotitas de pasta dental no te ha visto
conmigo haciendo boquitas cuando salgo de la bañera. Estás metiéndote
un hisopo hasta donde no llega el sonido y te rascas la garganta
con ese sonido molesto que yo alcanzo a escuchar metido bajo la
ducha y te digo que apagues como un radio, como el radio que has
puesto sobre el bidé Mancesa que está ahí tan no recomendado por
los especialistas desde la construcción del edificio. Y huele a
dormir y este es el cepillo de dientes, que también huele a cepillo
de dientes y dormir, el azul, el que también es mío y me dejas con
todo y pasta que ya está endurecida cuando voy a salpicar el espejo
con espuma de pasta de dientes, mientras tú tienes el Listín Diario
limpiándolo, hilo dental, Listerine. Y me quitas el cepillo de dientes
y me das un vasito con agua de sal, y es el mar. la lengua retorciéndose
como una lombriz y tú sacas tu lengua y me muestras el brillo metálico
de tu arete y yo no logro ver el mío porque está tan incrustado
en la lengua inflamada y tú la tocas con una mano y con la otra
te tocas la tuya, comparas. Resumes, concluyes más bien, que hay
que ir al médico, que hay que operar, que ya son las nueve de la
mañana y hay que irse.