Ediciones del Cielonaranja
LETRASPENSAMIENTOSANTO DOMINGOEDICIONES MIGUEL D. MENA

Elektra

“labor de los electrodomésticos”

 

Me pareció llegar a La Romana por un letrero enorme de Elektra metiéndose por el cristal que apoyaba mi cabeza. Había estado llorando dormido por la bachata con sentimiento de Yoskar Sarante y los párpados se me habían pegado a las mejillas. No podía ver, a estas alturas, quién conducía o qué un chamaco con cara de sanky panky me estaba tomando fotos con una cámara digital y fue enseñándome, sin voltear a verme, cuántas lágrimas llegaron a mi camisa negra que sentía ya pegada a mi asiento por el calor de la superautopista del este a las tres de la tarde. El sanky también tenía cara de pendejo, así que puse un dedo en la cámara y ya no pude ver más. Desde el asiento trasero lo escuché decirme la historia de las tres divas españolas que han de venir a salvarlo de las matas de cocos. “Es que estoy harto de las palmeras”, me dijo abriendo un ojito que se le puso verde y después azul y más tarde de un miel que se volvió un amarillo intenso y se metió en el mío con una estrella roja. Adentro del ojo, electrodomésticos que Manuel señaló con el pulgar izquierdo y dijo: “Vamos a venir aquí a comprar las cosas para tu apartamento, si hay que cojerlo fiao no importa”. Yo me aterro, me revuelco tres veces y dibujo en mi mascotica verde, la que me regaló un noruego al que tampoco le gusta el este, otra mujer de una sola pierna, mientras la sostengo como un escudo vikingo para que el pulgar de Manuel no me deje tuerto. Es que me traen a vivir a la Romana, qué horror. Fueron a buscarme con un vasito de café con leche y una galleta de soda para convencerme, me llevaron a comer a Outback con un alemán vendedor de blancas y morenas de Los Alcarrizos para impresionarme, me metieron en un carro nuevecito que se calentó tanto por el sol que vi una mosca freírse en la calva del alemán mientras me decía: “Este se eista convirtiendon Maiami” y desaparecía con ese mismo rumbo en su jeepeta verde.

Al cabo de una hora de vueltas por la ciudad, descubrimos por qué todas las calles están cerradas: el pueblo está de fiestas patronales y Tulile toca hoy en el parque. Rodeamos el lugar casi pisando El Seibo y por fin llegamos a nuestro destino. El sanky pasó en un carro con una rubia escandalosa diciendo adiós con las dos manos, pero en inglés, mientras la rubia sostenía el volante con la boca y se agarraba las tetas para que no se le vieran los panties. Subimos a una segunda que, más que segunda, parecía un sótano y me enteré de que este es el negocio de Manuel, el que yo debo manejar, una compañía de grabaciones turísticas a la que toda española que se precie debe acudir a la hora de tener un moreno de siete pies grabándola y poder mostrar a sus amigas de infancia cuantas horas duró topless y cuantas horas grabó el moreno. También ofrece servicio de grabación nocturna, pero los cassettes mini-dv parecen gastarse rápido y solo se graban los primeros cinco minutos de la fabulosa velada en el restaurant del hotel, el show, y el restaurant del hotel, de nuevo, muchas horas más tarde.

En un cuartico de tres metros por dos, doce personas peleaban por la mejor excursión. Uno, sacándose la barba completa con una pinza, peleaba con la secretaria por setecientos pesos, la insultaba, le rogaba, pedía perdón, pedía setecientos pesos, salía y volvía a entrar y todo eso por setecientos pesos, en señas y sin que Manuel se enterara. Manuel agarró un negro enorme por la muñeca y resultó ser Ramón, el jefecito, la mano derecha o la muñeca de Manuel, nadie sabe, pero Ramón le estaba contando y Manuel también, así que nunca me enteré. A mi me sentaron en una silla plástica frente a una computadora y una gorda como de tres pies me señalaba un programa primitivísimo de contabilidad llamado Mónica y me decía al oído: “Hay que meter esas facturas aquí, yo no sé como, pero hay que meterlas” y me dio un fajo enorme de papelitos donde lo único que podía leerse era Video y todo lo demás eran garabatos escritos por un sanky con una cámara en la mano. A mí hasta pena me dio todo el asunto, y luego hambre, y luego un calor que se me notaba en la cara. Ramón me vio y me abrió dos ojotes negros de campesino y sacó del bolsillo de su camisa una fundita de maní. Yo aparé la fundita con los dos brazos, le metí la mano y de a puñados me la comí. Debajo de todas las facturas y detrás de la computadora, lo único que se me veía era la cabeza, así que cuando Manuel, a quien descubrí que en ese lugar todos llaman Papi, se dio cuenta de todas las muecas que hacía, se apiadó de mi y me llevó a otro cuarto donde estaban todas las cámaras y tres monitores con el mismo close-up a un par de tetas italianas que “deben ser entregadas en el front-desk del hotel mañana a primera hora”, le dijo a un sordo que tenía tres aparatos que hasta la fecha desconozco en las manos. El sordo me miró de arriba abajo, agarró también una escoba, me la tiró y me dijo casi hablándome: “¡Barre!” y sus labios decían tres malaspalabras en griego. Yo, por supuesto, barrí, ya lo había hecho antes en el Plan Piloto cuando caí preso por andar con escandalosas figuras de la escena gay local y otras especies interesantísimas, así que todo fue muy sencillo, del suelo pude rescatar tres memos que nadie leyó jamás y un video de Whitney Houston que llegó como regalo por la compra de 80 cámaras digitales 18x High Definition. Cuando solté la escoba, ya era tarde, así que Manuel me sacó de allí, le dio a Ramón doscientos pesos para mi manutención y arrancó hacia la capital, se devolvió a dejarme mi mascotica verde, a recoger su celular, y se fue otra vez. Cuando llegaba a San Pedro todavía lo escuchaba decir: “Tienes que estar aquí temprano mañana, quédate, búscate un hotel o algo” y fue justamente en ese momento cuando Ramón me dijo: “¡Ahora vamos a beber! Te quedas en mi casa y mañana duermes el día completo y en la tarde vamos a la represa a bañarnos y después, tal vez, vamos a trabajar, mañana no hay nada que hacer en esa oficina, jip”. Pánico, tristeza y angustia. Ramón se fue con su hipo, su cerveza y tres traspiés en la puerta de un bar de maricones undercover que hay al lado de la compañía que no hizo más que recordarme cuantas veces pueden poner Hotel California en la copia del Soho más deprimente del ala este del apartamentito que llamamos país.

Yo estaba sentado jugando Cuatro conmigo mismo y viendo un póster de la exposición Jackson Pollock en el MOMA del 93 junto a las fotos de los Beatles de Richard Avedon y, en la pared del lado, donde un gordo hace de dj frente a una pc viejísima y de vez en cuando saca el micrófono y dice: “On a dark desert highway…”, hay, por supuesto, una tabla de surf con un reloj con una cosa que gira que no es una aguja y me está volviendo loco. El gordo suelta el micrófono y se para a bailar con una mujer coja a quien le pregunté tímidamente: “¿Yo te conozco?” y me contó que fue mi vecina, antes de que Rafaelina se mudara allí y se autosecuestrara. Despues de ocho cervezas, Ramón lloraba su pobreza. Su mujer y su cuñado, un bizco enanísimo que me agarraba las nalgas, estaban dando brincos porque, a petición popular, se repite esa canción de Lionel Ritchie que no soporto. Alrededor de cinco horas más tarde en el reloj de la tabla de surf, la mujer de Ramón soltó la cerveza, dio tres brincos y dijo que a “mi hay que llevarme a Studio 2000”, y Studio 2000 resultó ser un antro con lo que una vez fue una alfombra roja y un travesti y ocho mujeres bailaban en el medio de la pista los mismos cinco pasos, los mismos cinco pasos, los mismos cinco pasos. Cuando la canción de Thalía se acabó, el travesti se me acercó y me dijo: “¿Yo te conozco?” y yo resulté ser uno de sus primeros amores cuando todavía era un hombre y yo no me veía tan mal con la décima cerveza en la mano. Me dijo: “Me llamo Mónica, antes Raúl, pero aquí trabajo solo unos meses para ahorrar el dinero de mi operación”. Yo le dije lo mismo y nos despedimos con un besito. Ramón me pregunta que quién es esa muñecasa y después de la palabra muñecasa lo único que escuché fue un merengue de los Reyes del Carnaval y entraron el sanky y la rubia escandalosa que fue anunciada por otro dj gordo como “La Mortificadora” y la vi romper, tal y como en la lucha libre gringa, una franela con los dientes, pegarse una paleta en el toto y luego pegar la paleta en su lengua y su lengua en la de un tipo que le ponía un pedazo de hielo y/o una paleta en el mismo toto que estaba cubierto únicamente por el restante de un cinturón que empezó como cinturón y ahora es sólo eso. Yo ya quería vomitar y, como no tengo una cámara, le dije a Ramón casi llorando que me llevara a acostar, a un hotel, al parque, adonde sea, pero que me sacara de ahí que me estaba cayendo de la borrachera. La mujer de Ramón hizo un par de pucheros y luego se me pegó de un brazo y me dijo, levantando la mano e imitando a Shakira: “Tú me tienes que enseñar a bailar suerte, yo sé que tu sabes”. Yo no dije nada.

A estas horas las calles de La Romana ya ni se parecen a las de la capital, antes de entrar a la discoteca juro que vi la bomba de la esquina de mi casa y desapareció al salir. Ramón dio tres vueltas al parque dizque buscando al cuñado que se había ido a acostar hacía rato y luego de ocho vueltas más, llegamos a la casa. Me dieron una habitación con un cubrecama enorme color vino sobre la cama y el aire más ruidoso de la Bio de Samsung y una sabanita rosada de un material parecido a la seda. Un exceso de Lacroix nunca podría igualar tal visión. En un extremo de la lúgubre habitación, un gavetero con espejo se veía arropado por ochenta peluches de colores que, un rato después, empezarían a hablarme si Ramón no entra a hacerme firmar con esmalte de uñas mi contrato de trabajo.

Grabado de Belkys Ramírez

La Vie Secret Des Anges “cuán tristes las metáforas”
Potato, tomato.
Cancionero Popular
Taquito “de los desórdenes”
Fashion Foam “el esquizoide desempleado”
Mighty Fantastic Invisible Mono-Chested Siamese Identical Twin Average Thundercats Brothers.
Some Like Parties
Electra “labor de los electrodomésticos”
Sapo
Episodio Rosado
Revolver
El Ángel Exterminador
13 “Formato Alquitrán”


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