Ediciones del Cielonaranja
LETRASPENSAMIENTOSANTO DOMINGOEDICIONES MIGUEL D. MENA

Cancionero Popular

 

Iba por la Ramón Ramírez, tejiendo chismes con el culo, levantando con las nalgas un reguero de insultos. Decían “cuero-quita-macho-peladora” y la verdad es que Blanquita no era paja de coco. La primera vez que la vi fue en boca de Chanchi. Estábamos él, Espía, Moreta, Karla y yo pujando el demo de nuestro grupito punk-conceptual, el demo que esperaban con ansias en la oficina de Wilfrido Vargas, de donde llegaría el patrocinio que nos arrebataría para siempre del cuarto de servicio de Chanchi y del bajo a pantymedia y desodorante Deporte. Nosotros, que tocábamos por tripeo o misión con la humanidad y teníamos una lírica tan profunda que ni los metaliquitos (esos metálicos de mierda) ni los jevitos de la Lincoln iban a entender nunca.

Todos juraban habérsela cogido alguna vez, que la hembra sabía de eso, que tenía el bollo más grande del mundo, que había vivido en La Fe y allí le decían bocachula, que se había mudado porque una vieja amenazaba con hacerle un siete en la cara porque le había vuelto maricón a un nieto, que los niños de la cuadra le chupaban las tetas gratis, que con ella se estrenaron todos los varones de la familia Bermúdez, los Hernández, los Cabral, los Báez y los Fiallo, “porque la jeva sabe”, repetía Chanchi, “porque tiene el bollo más grande del mundo”. Karla, la mariconcita más bucha que ha tocado el bajo jamás, se fue a la cocina metiéndose un dedo.

Blanquita doblando la María Montez con unas licras rojas y una blusita blanca. Un moreno policía le gritaba: “¡Ven a decirte una cosa y a meterte otra!”. La miré tres segundos y volteé para tener casi en la boca la erección de Espía, una monumental erección escondida detrás de una batería, un bulto musical. Chanchi se agarraba el suyo y daba brincos como una arañita de las que tienen una bombita de aire. Chanchi era un animal, sus expresiones grotescas a nosotros nos parecían un retro-anarquismo exquisito. La banda había empezado a tocar algo de los New York Dolls para callarlo. Luego cambiaron el ritmo y resultó una melodía juguetona. Karla salió del baño y recogiéndose el pelo en una cola de caballo suspiró: “Blanquita, Blanquita” y yo improvisé un par de líneas obscenas. Mantuvimos el ritmo y armamos una canción nueva. La tocamos una o dos veces. La mostramos a los amigos y conocidos. Había nacido “La Rubia del Bollo”, la mejor pieza jamás compuesta por un grupito punk-conceptual en la genuflexa historia de la república. De hecho, era el mejor merengue de doble sentido desde que Blas Durán y los Peluches lanzaran su magistral “Pelando pa’ que otro chupe”. La grabamos y la llevamos a las oficinas de Wilfrido. “Nuestro primogénito, un parto difícil”, dijo Espía al entregar el minidisc a la secretaria, una mamita de 17 que ya tendría cinco tragando leche de merengueros. Eran las 3:30 p.m. cuando sonó el teléfono y el propio Wilfrido, padre del patrocinio y las oportunidades, el grande, el soberano fusionador de electro-boogie y jardineros de la Vega Real, dijo que quería vernos para hablar de contrato. Fue así como nuestro grupito punk-conceptual salió de la inedición y Chanchi, Espía, Moreta, Karla y yo logramos éxito a nivel nacional. La magia duró poco. Poco antes de que comenzara nuestro tour “ Me pica la cebolla y no me la puedo rascar”, que incluiría presentaciones en todos los destacamentos de la frontera and beyond, “La Rubia del Bollo” fue fusilada en una versión más “tropical” por el combo de meren-house “MariMambo”, con todo el apoyo de su excelencia, Wilfrido Vargas, versión que ganó estima y popularidad inmediata en oídos de un público poco apto para nuestra propuesta.

Yo aproveché el escaso dinero que Wilfrido nos soltó por los derechos para venir a España a reclutar aliados para formar un grupito de funk-indie-folkie-salsa que revolucionará la escena étnico-vanguardista gay de Castilla. Chanchi aún vive en Villas Agrícolas, en su último e-mail me cuenta que Blanquita se puso gordísima, y así gordísima se la llevó de encuentro un camión con una propaganda de Seguros Pepín de un lado y Leche Rica del otro, la rubia del bollo no sobrevivió el impacto, por supuesto. Todos se alegraron que no se muriera de SIDA, porque, según ellos, en la capital no había varón que no hubiera metido el zapato en ese lodo, por lo menos una vez.

La Vie Secret Des Anges “cuán tristes las metáforas”
Potato, tomato.
Cancionero Popular
Taquito “de los desórdenes”
Fashion Foam “el esquizoide desempleado”
Mighty Fantastic Invisible Mono-Chested Siamese Identical Twin Average Thundercats Brothers.
Some Like Parties
Electra “labor de los electrodomésticos”
Sapo
Episodio Rosado
Revolver
El Ángel Exterminador
13 “Formato Alquitrán”


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