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LOS INCÓMODOS

Fausto Rosario Adames

Los medios de comunicación ejercieron un rol destacado en los gobiernos del doctor Joaquín Balaguer, pero los periodistas casi siempre fueron elementos incómodos, la mayoría de las veces impugnando actuaciones antidemocráticas que se incubaron en el oficialismo, y que sin importar las consecuencias enfrentaron abiertamente al Presidente de la República en el período del chapeo y la guerra sucia, posterior a la guerra de abril y a la guerrilla de Caamaño. Joaquín Balaguer marcó, como presidente y como político, a más de una generación de comunicadores. Sus relaciones con los periodistas estuvieron casi siempre matizadas por la tensión, las contradicciones, la intolerancia oficial y, en ocasiones las agresiones contra los periodistas. Pocos periodistas, con la excepción de dos directores de periódicos, llegaron a consolidar alguna relación con Balaguer, a quien sirvieron eficientemente.
El acercamiento del poder político con los medios y con los periodistas es un fenómeno que se desarrolla en el país a partir el ascenso al poder del Partido Revolucionario Dominicano en 1978, y se profundiza en los gobiernos siguientes, en los que la labor política de los periodistas es aprovechada a través la cooptación o la asignación de canonjías. Esta experiencia fue reasumida por el doctor Balaguer al retornar al ejercicio del poder en el decenio 1986-1996. Poco comunicativo, nunca dado a la espontaneidad y a la respuesta directa, el doctor Balaguer quedó marcado por el ejercicio del periodismo dominicano, y probablemente sus momentos más difíciles como gobernante tuvieron que ver con los periodistas. Plinio Díaz, Guido Gil Díaz, José Enrique Piera Puig, Gregorio García Castro, Orlando Martínez, Narciso González enlutaron el ejercicio periodístico y la sociedad dominicana, pero el gobernante que toleró esos crímenes sufrió las consecuencias de cargarlos sobre sus hombros.
La secuela judicial que siguió a esos crímenes intranquilizó siempre al doctor Joaquín Balaguer, a quien las sombras de Gregorio García Castro, Orlando Martínez y Narciso González no han dejado nunca en paz. En sus memorias, publicadas en 1988, Balaguer relata que “una de las más grandes frustraciones que me llevaré a la tumba, es la de morir sin haber podido conocer a ciencia cierta el nombre del funcionario, militar o civil, que impartió la orden para que tres desalmados le arrebataran inicuamente la vida” a Gregorio García Castro. Cuenta que en este caso “obró una confabulación de silencio que no me fue dable vencer, ni aún con la oferta de jugosas dádivas a los presuntos autores de esa infamia”.
Sin embargo, en el caso del periodista Orlando Martínez sí se enteró Balaguer quiénes lo asesinaron y prefirió guardar silencio, dejando en blanco una página para que fuera llenada “algunos años después de mi muerte” por una persona amiga, “que por razones de edad está supuesta a sobrevivirme y que ha sido encargada por mí de hacerlo público...”. La justicia ya identificó a los asesinos y el performance de Balaguer resultó inútil.
En la relación de Balaguer con los medios de comunicación y con los periodistas hay dos etapas claramente identificadas: la primera entre 1966 y 1978, que estuvo matizada por la tirantez, la intolerancia y el rechazo. No sólo de Balaguer hacia los medios y los periodistas, sino de éstos hacia el político y gobernante. Los medios de comunicación contribuyeron extraordinariamente en la conformación de un frente de oposición contra los doce años, con alguna excepción muy focalizada.
La segunda etapa corresponde al decenio 1986-1996, que estuvo matizada por la reconciliación, la apertura y el entendimiento con los medios y con los periodistas. Es el período en el que más periodistas colaboraron con el doctor Balaguer, tanto en el servicio exterior como en las oficinas gubernamentales, incluyendo el Palacio Nacional.
Durante esta etapa se inició la recomposición de la propiedad de los medios de comunicación en el país, proceso que afectó al pasado y al presente gobierno.
Balaguer muere reconciliado con algunos de los periodistas que le hicieron frente en los años de la más dura contienda por la democracia, pero deja a muchos convalecientes en el ámbito de la política y la moral.

Tomado de la edición digital de El Caribe, agosto 2002

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