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¡AHORA NOS CERCAN LOS PARQUES!

Texto y fotos: Aquiles Castro

 

 

“La ciudad se atomiza en individualidades a la defensiva, sin sentido colectivo. Los espacios públicos son de nadie. Se convierten en vertedero o mercado. Se ocupan con la vivienda o el negocio.

“Las puertas se cierran. Se multiplican las verjas. Las urbanizaciones se encierran. Los espacios no privados, no pagados, se vuelven sucios, descuidados, inseguros.

“La ciudad se vuelve ajena y peligrosa ante la impotencia de sus habitantes. Vivimos en  jaulas, entre rejas, guardianes y alarmas”. (Cela, J. en: Política y Gestión Urbana en la Región del Caribe. Coalición para el hábitat. Santo Domingo: Taller. 1997:84).

Las áreas verdes se reclaman y definen, en principio, para uso y disfrute del ciudadano, del munícipe o del poblador urbano, según que sea la categoría alcanzada por quien se supone principal sujeto y actor de ese espacio socialmente construido que nos legara la modernidad; no importa cuán tardía o caricatura, la modernidad es al fin y al cabo el espejismo donde se configuran los sueños que la idea de progreso provoca aún en muchos que la impugnan.

La reflexión que sigue, avalada e inspirada en la serie de fotografía que le acompaña, propone un alerta sobre la política de “protección” en parques urbanos y jardinerías en edificios públicos puesta en pié por ciertos funcionarios, política que se traduce en una agresión contra esos espacios públicos y el derecho ciudadano a su libre acceso y disfrute.

En ciertos lugares, ahora se requiere observar un horario para entrar a un parque lo que equivale a esperar un permiso, porque dizque “hay que cuidarlos” (¡!??) y las jardinerías de edificios públicos antes abiertos, ahora están amuralladas con el mismo argumento.

La agresión contra los espacios públicos desde las propias instituciones llamadas a preservarlas se hace cada vez más notoria en cualquiera de los espacios que en nuestro país llamamos ciudades.

Esa situación se torna patética en los casos de los parques urbanos que son paulatinamente convertidos en fortalezas donde el ingreso es rigurosamente controlado (ver fotos Nos. 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7). Esa realidad es un ejemplo elocuente de lo que, en materia de gestión urbana no debe ser, ella refleja un pobre concepto sobre el espacio público y pésimo estilo de gestión por parte de la autoridad municipal.

Vedar el ingreso a áreas verdes y jardinerías en edificios de la Secretaría de Estado de Educación y el Palacio de Bellas Artes, al parecer, fue el inicio del proceso en curso y que tiene una réplica febril en el municipio Santo Domingo Este cuyo Ayuntamiento avanzó a pasos rápidos cercando parques urbanos por doquier bajo la rimbombante consigna de “remodelación y modernización” (ver fotos Nos. 8 y 9).

El argumento esgrimido es la protección de las áreas bloqueadas y enrejadas porque serían objeto de agresión por los delincuentes que roban las luces y cuanto encuentran a su paso en un parque recién remodelado; se invoca también la necesidad de evitar el uso inapropiado de áreas verdes como la explanada de Bellas Artes que estaba siendo convertida paulatinamente en parada de taxis y “concho” por medio del estacionamiento de decenas de esos vehículos que penetraban hasta la puerta frontal del edificio en el lateral sur del mismo.

Parecerían racionales esos argumentos que nos colocan ante una disyuntiva: dejamos el parque al control de los delincuentes o ciudadanos sin escrúpulos y lo perdemos totalmente   o lo preservamos a cambio de la renuncia al libre ingreso mediante la adopción de un horario controlado por la autoridad municipal. Pero no, lo cierto es que las toneladas de cemento y varillas que tan diligentemente aplican los funcionarios de esas instituciones, deviene en punto privilegiado en la agenda de esos funcionarios por razones muy particulares que ilustra la foto No. 10, mientras destaca la displicencia y desidia cuando se tata de abordar otros temas en el ámbito de su competencia.

Así se explica que un ayuntamiento carece de personal adecuado para mantener vigilancia y orden en un parque sin necesidad de cerrarlo mientras que ese mismo ayuntamiento mantiene nóminas supernumerarias que el clientelismo y los famosos “planes sociales”[1] o “planes de emergencia”[2] apadrinan.

Es oportuno dar la voz de alerta contra el adefesio llamado “remodelación de parques urbanos y áreas verdes”, porque esa visión del concreto y la varilla forma parte de un concepto muy acentuado en la gestión pública en República Dominicana cual es el culto al monumentalismo ante el cual se rinde el funcionario público que se sueña inmortalizado como “bienhechor” con ínfulas de patriarca  cada vez que sonríe para una foto inaugurando cualquier mole. Es una forma burda de recrear el modelo trujillista de gestión, porque “eso sí queda para la posteridad”. Además de su impronta indeleble, la varilla y el cemento constituyen un mecanismo expedito para la acumulación rápida y corresponder favores al socaire del clientelismo.

En ese contexto el parque urbano y la jardinería de un edifico público devienen en monumentos para ser contemplados y su función social de esparcimiento pasa a un segundo plano, eso es lo que sugieren los diseños y el acceso controlado. Recientemente ese mismo modelo “hizo de las suyas” en el parquecito dedicado a María Trinidad Sánchez en la intersección de las calles Mercedes con 19 de marzo de la Zona Colonial, donde “la remodelación” que hizo el Ayuntamiento de Distrito Nacional hace unos días para salvar ese monumento, desmanteló toda el área verde (gramas y flores) y cubrió todo el espacio con un mármol “mal pega´o” y concreto por doquier sin dejar ni una rendija para una flor. 

Quizás se justifica una verja en el caso de un parque infantil para la protección de los pequeños, pero jamás la fortaleza inexpugnable en que han estado convirtiendo algunos parques urbanos (ver fotos Nos. 11, 12, 13, 14, 15 y 16) . En Pedernales no hace mucho inauguraron un parque infantil envuelto en una malla ciclónica altísima, con puerta y candado igualito que en Santo Domingo, lo cual se puede apreciar en la foto No. 17; y en Azua el remodelado parque 19 de marzo también ha sido cerrado con todo y su puerta. Quizás el modelo seguido por el Ayuntamiento de La Vega para un parque infantil es el menos traumático al estar dotado de una verja baja que no rompe la visual sobre las instalaciones dispuestas en su interior.  

El parque es el espacio público de esparcimiento más cercano a la vivienda, lo cual sugiere que controlar su acceso implica una ruptura con el concepto de parque urbano y en el contexto de la realidad socio económica del país, esos horarios organizados por el ayuntamiento no necesariamente corresponden con la cultura del ocio que nos gastamos signados por la informalidad económica o el pluriempleo y todo lo que ello comporta en el tejido social. Al respecto ilustramos el siguiente ejemplo: en la urbanización Eugenio María de Hostos o en Villa Faro, sus vecinos que trabajan durante todo el día “al otro lado del puente Duarte” solo disponen de las primeras horas de la mañana para realizar el ejercicio físico que antes hacían en el parque y ahora encuentran un candado porque el encargado de abrirlo también tiene su horario que no coincide con el de ese público. La foto No. 7 se aprecia el parque de Villa Faro cerrado a las 6:30 de la mañana y en la No. 2 el parque Eugenio maría de Hostos a las 9:20 de la mañana.

Según la lógica de estos “planificadores” dado el índice de delincuencia que ya afecta el parque Mirador Sur donde incluso un ex-gobernador del Banco Central fue asaltado, las verjas también deben llegar allí. De imponerse esa óptica despistada tendremos kilómetros de bloques en concreto armado y acero en una nueva versión de agresión y empobrecimiento del paisaje urbano que auspicia la modernidad “a la dominicana”.

Junio 2006.

Arriba y abajo, imágenes del Parque en la Avenida Venezuela, Ensanche Ozama.

Abajo, Parque Eugenio María de Hostos.


Parque Las Palmas, de Los Mina.

Parque Juan Pablo Duarte, de Villa Faro.


[1] Plan social: Capítulo en el presupuesto del Ayuntamiento que en nombre de subvención de una receta o comida para un desvalido, financia toda suerte de favores y recompensas “ganadas” durante la campaña electoral.

[2] Plan de emergencia: Nómina improvisada para “emplear” parciales no se sabe en qué durante ciertos períodos del año en los cuales la gente necesita especialmente “una ayuda”: días de navidad, de reyes,  de las madres, fiestas patronales… a veces lo extienden mientras hay presupuesto.

 

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