LETRAS PENSAMIENTO SANTO DOMINGO MIGUEL D. MENA EDICIONES
PROHIBICIONES Y PERSECUCION DE CREENCIAS Y PRACTICAS POPULARES EN REPUBLICA DOMINICANA: ALERTA GULOYAS Y GAGA!

Aquiles Castro *

Aún no se ha escrito

la historia de su congoja

...

Por la caña.

Por la mar. Por el raíl ondulante y frío

Muchos quedaron atrapados.

...

Vengo con todos los viejos tambores

Arcos flechas

Espadas y hachas de madera

Pintadas a todo color ataviado

De la multicolor vestimenta de “Primo”

El Guloya Enfermero...”

Norberto James Rawlings (1945)

Fragmento de su poema Los Inmigrantes.

En el presente texto me propongo advertir sobre los reiterados intentos de los sectores dominantes en la sociedad dominicana por prohibir, controlar o tergiversar ciertas creencias y prácticas populares, y llamo a colocar ante ese espejo la tradición de los Guloyas y el Gagá.

A partir de esa reflexión sugiero la pertinencia de unas líneas de acción cultural orientadas a recuperar y recrear la memoria histórica y cultural de San Pedro de Macorís.

1. La historia de una cultura negada, tergiversada, discriminada... criminalizada!

Como se sabe en determinadas esferas de la sociedad dominicana existen serios prejuicios discriminatorios hacia ciertas creencias y prácticas populares en relación con lo lúdico festivo y la religiosidad. Esos prejuicios se traducen en una actitud de intolerancia que en distintos momentos históricos ha concretado en campañas difamatorias y medidas de coerción.

En todo ese proceso el papel jugado por el Estado ha sido clave para legitimar una visión excluyente de la cultura dominicana y mediante vías de hecho “ilegalizar”, suprimir y “satanizar” las referidas creencias y prácticas populares.

Es bien conocido el discurso dominante en la historiografía dominicana contra expresiones culturales populares. Por ejemplo Pedro Francisco Bonó y Ulises Francisco Espaillat, entre otros, escribieron sistemáticamente contra el juego de azar, contra las galleras, el fandango (danza popular) y lo que llamaban superabundancia de días festivos, y su discurso lo desarrollaron al margen de los intereses de los sectores subalternos y el contexto en que esas prácticas se llevaban a cabo.

En ese contexto se debe ubicar la hostilidad, difamación y represión que de distintas formas y en diferentes momentos históricos han sufrido las manifestaciones culturales expresadas en los Guloyas y el Gagá.

Para introducir la reflexión sobre esta cuestión es útil tomar en cuenta los antecedentes sobre otras expresiones culturales populares discriminadas en el curso de nuestra historia.

En la época colonial (1583) fueron prohibidas las corridas de toros en las calles, una de las más concurridas diversiones públicas. Lo mismo se hizo en 1843 cuando la Junta Municipal de Santo Domingo condicionó dicho juego a que se realizara en barreras. Más tarde, en agosto de 1901 el Ayuntamiento ratificó dichas restricciones.

En cada caso, los argumentos fueron similares: puede ocasionar desgracias personales e interrumpe el trabajo.

Igual sucedió con las celebraciones carnavalescas. Al respecto Doña Flérida de Nolasco apunta que el carnaval de San Andrés fue terminantemente prohibido a principios de siglo XX por considerarse contrario a la civilización, al orden, al decoro y al respeto públicos (De Nolasco, 1952: 78).

En 1830, durante la ocupación haitiana, el General Borguellá prohibió la confección de “maniquíes que imitan a judas” (Rodríguez Demorizi, 1955: 308-309).

Ya antes en 1814 y 1820 el gobierno de ocupación había emitido ordenes prohibiendo juegos y diversión (Coiscou Henríquez, 1973: 135-139).

El Reglamento de Policía urbana de la capital emitido por el Presidente Santana en 1846 prohíbe el juego de gallos en días que no sean domingos y días de fiestas (Eme-Eme (29): 154-155).

Celebraciones religiosas populares fueron prohibidas en 1857 mediante Reglamento de gobierno que indica “... por los altares de la cruz (...) las danzas se prohíben bajo la pena de 15 francos....” (De Nolasco, 1956).

El Bando de Policía y Gobernación de 1862 prohibió “el baile llamado judú”, mientras condicionó a una autorización previa los bailes holandés, danois, tango y bambulá (Rodríguez Demorizi, 1971:95).

El 4 de agosto de 1897, durante la dictadura de Lilís, el Ayuntamiento de Santo Domingo, dispuso la prohibición de foetes y vejigas durante el carnaval y prohibió el uso de máscaras después del toque de oraciones.

El 27 de julio de 1922 es abatido Oliborio Mateo por soldados norteamericanos de ocupación, poniendo fin así a una persecución de varios años. Es sabido que ni ese crimen ni el teatro montado con el paseo del cadáver en las calles de San Juan pusieron fin al oliborismo.

Más recientemente, durante la dictadura de Trujillo se produjeron varias iniciativas en el sentido indicado: En 1934 el Ayuntamiento dictó una medida discriminatoria contra los moradores de barrios pobres: prohibió el uso de ropas andrajosas, sucias o deshonestas en las mascaradas y mojigangas, como también se le llamaba al carnaval. El 24 de noviembre de 1939 el Secretario de Estado de Interior y Policía instruye al Jefe de la Policía Nacional para que sean prohibidos los bailes de “vaudou”.

El breve recuento anterior permite apreciar que en diferentes momentos en el discurrir histórico de la nación dominicana, ciertas manifestaciones culturales populares han sido objeto de discriminación, denuncia o coerción por parte del discurso y la cultura oficial. Situación ésta que se prolonga a nuestros días con la vigencia de la ley No. 391 de factura trujillista de 1943 y modificada en 1958, la cual establece penas correcionales para las personas que practiquen los bailes nombrados “vodu” o “Luá”.

La referida ley es recuperada en el Código Penal vigente en el país al incluirla como apéndice del artículo 334 del mismo.

A continuación se transcribe el articulado de la referida ley por su carácter aleccionador en cuanto la denuncia que estamos haciendo a lo largo del presente trabajo:

Art. 1. Se considera como un ultraje a las buenas costumbres y como tal será castigado con penas correciconales, la práctica de los espectáculos conocidos con el nombre de “voudou” o “luá”, asi como cualquier otro de igual o similar naturaleza, ya sea realizada en sitio público o no.

Art. 2. Las personas convictas de haber cometido este delito contra las buenas costumbres serán castigadas con prisión de dos meses a dos años o con multa de diez a quinientos pesos.

Párrafo I. Igual pena les será impuesta a las personas en cuyas casas, establecimientos, fincas o posesiones se celebre cualquier acto de la naturaleza ya expresada.

Párrafo II. Los infractores de esta ley quedarán asimismo sujetos a la vigilancia especial de la alta policía por un período que no podrá ser menor de un año... La sentencia podrá disponer también su deportación, cuando fuere de lugar” (Código Penal Dominicano, Santo Domingo, Editorial Futuro.1989: 339-340, subrayado A. C.)

Eso no es algo del pasado, se trata de la legislación vigente hoy día en el país. En ese contexto es que se deben explicar las campañas periódicas de prensa, tergiversaciones y acusaciones infundadas contra las creencias y prácticas populares de las cuales forma parte el Gagá y las danzas, teatro y música cocola.

2. El Gagá, los Gagá

No hace mucho que el país fue sacudido por un titular repetido hasta la saciedad por una prensa irresponsable: “Queman bandera nacional durante rito Gagá”. Seguramente el auditorio recordará aquello.

Todos recordamos la gran cruzada moralista y seudo patriótica que se levantó en la ocasión. Desde el discurso oficial en voz de las autoridades policiales y judiciales se amenazó y se dio seguridad de una amplia investigación para traducir a la justicia a los responsables de aquel supuesto hecho. Al poco tiempo todo quedó en el olvido, pues ya no había tiempo para aclarar el sensacionalismo de un titular sustentado en versión tan falaz como irresponsable.

En el Gagá, como sucede en no pocas ceremonias religiosas populares dominicanas, la bandera nacional hace parte de la parafernalia que nutre la simbología y estructura de las mismas; y resulta que de pronto la primera plana de los titulares de prensa “informa” que esa bandera había sido supuestamente profanada e incendiada por los mismos que la habían sostenido y respetado.

El truco no es nuevo. En diciembre de 1963 en el número 221 de la Revista Ahora Alejandro Paniagua titula su artículo “La superstición invade nuestro sur” el cual inicia diciendo:

“Les llegó a los “mellizos” el momento de ser enjuiciados. Ya las balas habían acabado con “Liborio”. Esperamos que ahora la actuación de las autoridades pondrá término a las prácticas inmorales de la corrupción liboriana” (p.23).

En ese texto la incomprensión y prejuicios sobre unas creencias y unas prácticas religiosas no dejan lugar a dudas; lo lamentable es que al mismo tiempo fundado en dicha incomprensión se destila todo el odio desde los valores de una cultura oficial dominante sobre la cultura popular dominada. El tono de esas líneas delata el prejuicio del autor cuando todavía estaban frescos los eventos luctuosos de Palma Sola. Ese monumento a la intolerancia que fue el genocidio campesino llevado a cabo por tropas del ejército en nombre del Estado.

Un titular similar del 31 de marzo de 1997 en el diario Ultima Hora reitera dicha visión:

“Asesinan niña en rito religioso. Recibió un balazo en la confusa “celebración”. La primera oración estaba en grandes caracteres. Cuando vamos al cuerpo de la noticia en la página 4, fechada en Vicente Noble, el texto indica: “Una niña de nueve años resultó muerta a tiros y un joven de 18 años gravemente herido en una balacera registrada durante un ritual de Guatapaná”, una fiesta de tradicional religiosidad popular que en los últimos años ha devenido en banacales y orgías durante la Semana Santa. El nombre de esta antigua religiosidad popular fue tomado el árbol de Guatapaná, una especie típica del bosque seco...” (subrayado A. C.).

Obviamente que esa noticia presentada así, desde el titular hasta la última frase dice muchas cosas y deja otras muchas sin decir: El incidente es ajeno a la estructura de la celebración, es como los cientos de muertos y heridos durante la Semana Santa y a nadie se le ocurre relacionarlo con el ritual en las iglesias. Lo de bacanales y orgías no puede ser más sugerente, queda la sensación de que dicha celebración se ha reducido a eso, cuando en verdad ese tipo de celebraciones religiosas en los campos en aras de preservar su esencia los organizadores allí donde la naturaleza del ritual es amenazado por “la falta de respeto” de alguna gente que va allí solo buscando “un can”, están procediendo a limitar la celebración a horas del día donde antes se amanecía. El cuerpo de la noticia comienza y concluye situando geográficamente al lector, ¡es que en el sur tenía que ser!

La noticia aquella sobre la bandera y el Gagá no es fortuita, antes y después fue reproducida.

Sobre el Gagá nos dice la profesora Rosenberg:

“Este complejo sincrético del Gagá es, a nuestro juicio, específicamente dominicano, y tal vez basado inclusive en elementos carnavalescos dominicanos del siglo pasado (XIX). Es además una reorganización estructural de elementos de la religión vodú en sus formas dominicana y haitiana” (Rosenberg, 1979:17).

Los estereotipos y prejuicios hacia el Gagá han llevado a algunos incluidos estudiosos de la cultura, a considerarlo como algo totalmente ajeno a la cultura dominicana. Sin embargo la investigación de campo realizada en diferentes momentos por la Prof. June Rosenberg, Fradique Lizardo y Dagoberto Tejeda, permiten afirmar que efectivamente existe un Gagá dominicano y que el mismo se ha podido constatar, no solamente entre descendientes de tercera y cuarta generación de haitianos, sino entre descendientes dominicanos, sin mezcla de ninguna otra nacionalidad (Tejeda Ortíz, 1998:197).

Es por esa razón que el Gagá no solo se encuentra durante el período de Semana Santa; se ha rebelado la existencia de un Gagá que trasciende ese momento y muy distante de los campos cañeros: acompaña diversas celebraciones de carnaval por ejemplo.

3. De Cocolos y Guloyas

Al margen de las discusiones sobre los orígenes del término, lo que no admite discusión es que al parecer inicialmente se trató de un término peyorativo, que pretendía ser ofensivo y que los cocolos fueron objeto durante mucho tiempo de hostilidad y discriminación.

Cuando la migración de estos trabajadores isleños comenzaba a inicios de 1900 el periódico Listín Diario asumió una oposición, denunciando y condenando dicha inmigración; así, en su edición del 6 de diciembre de 1900 reproduce un artículo del periódico La Defensa de San Pedro de Macorís cuyo texto no deja lugar a dudas respecto de su postura:

“Estos desgraciados cocolos… vienen a Macorís, no a vivir, no a fundar, sino a trabajar cuatro meses, en los cuales solo cambian de traje en carnaval para pedir limosna bailando en las calles públicas; no comen, que viven divinamente con unas gallletas y un poco de bacalao, y al fin de zafra, cargados con el producido de sus jornales, emprenden viaje, hasta la próxima molienda” (Inoa, 1999:106, subrayado A. C.).

En unas condiciones de hostilidad para poder sobrevivir, el cocolo clandestinizó parte de su cultura y es a través del teatro, la música y la danza que escenificaría su cultura de resistencia (Azcárate, 2003, p. 4).

El teatro Guloya con toda su carga simbólica postulando libertad, en el contexto de la dictadura de Trujillo, devino en un factor contestatario que le mereció persecuciones siendo sus miembros encarcelados ininterrumpidamente desde 1943 hasta 1958 (Azcáratre, Ibiden), cuando es penetrado y desmembrado el movimiento por las lecciones críticas en contra del régimen (Guerrero, 2002; Guerrero y Juan Rodríguez, 2002).

Finalmente en el marco del recuento sobre la hostilidad y represión oficial contra las creencias y manifestaciones culturales populares, debemos recordar la campaña que desde la prensa, la iglesia y una parte de la intelectualidad se lleva a cabo para separar la celebración de carnaval, fiestas patrias y cuaresma; proyecto que postula una acción externa a la lógica de la propia práctica cultural, para artificialmente separar una coincidencia que es resultado de un proceso no deliberado y que a nadie hace daño. Si gobiernos o iglesia trataron en algún momento de nuestra historia de aprovechar o manipular el carnaval instrumentalizándolo, lo cierto es que hoy la coincidencia de fechas es reproducida espontáneamente por el pueblo que no ve en ello ningún problema con sus creencias religiosas porque le resulta funcional.

Esa discusión expresa la ofensiva más reciente contra las manifestaciones populares en el país, porque autoridades, jerarquía eclesial y ciertos estudiosos ven un problema allí donde el principal protagonista que es el pueblo no se da por aludido.

4. Hacia el rescate y aprecio de las tradiciones culturales en San Pedro de Macorís.

Afortunadamente no todo ha sido ofensiva para destruir, pues la resistencia de estas culturas les ha permitido sobrevivir. Creo pertinente valorar como parte de esa resistencia iniciativas tan loables como la desarrollada por el grupo de “Artistas por el Gagá”, la cual teniendo como base el Gagá de Similá hizo una importante contribución a la difusión y respeto a esta manifestación cultural nuestra. Asimismo es muy importante el proyecto desarrollado por el Museo del Hombre Dominicano, José Guerrero, Nadal Walcot y Edelmiro Sandino García, “Guloya's coming: Navidad cocola del 25 de noviembre 2001 al 1º de diciembre 2002”. Iniciativas como estas deben ser retomadas y asegurar su continuidad. Lo mismo es válido con los aportes de Luís Díaz, Manuel Jiménez, Juan Luís Guerra, Roldán Mármol, Xiomara Frotuna, Duluc y otros artistas nacionales.

Quiero en este aspecto sobre las propuestas para el rescate y aprecio de las tradiciones culturales del Macorís del mar, retomar algunas ideas planteadas en el año 2002 por Domingo Abreu Collado, conocido espeleólogo y trabajador cultural dominicano.

Abreu Collado propone crear en la ciudad de San Pedro de Macorís la zona “Cocolo Town” escogiendo para ello una de las áreas más característicamente cocola, recuperar para las casas en ese espacio la arquitectura cocola y de principios de siglo XX, escoger algunas de dichas viviendas para museos, instalar restaurantes con comida cocola, escuela y galería de pintura de los Nadal Walcot; escuela de danza sobre Momise y demás bailes y exposición de atuendos. Los museos contentivos de información gráfica, objetos y documentos sobre cultura cocola debe incluir uno sobre la industria azucarera en San Pedro de Macorís, uno sobre bebidas, otro sobre el tráfico portuario en los años 1920 al 1940, uno sobre arte, artesanía y uno sobre folclor cocolo.

Dada la riqueza cultural de Macorís entiendo que esas ideas podrían ser ampliadas con otros circuitos como el museo del Gagá y en un contexto más amplio la recuperación del legado de las figuras destacadas del arte y la literatura que la provincia ha aportado al país.

Se pondría en pié así un ambicioso proyecto de recreación cultural de alcance pedagógico extraordinario en la línea de recuperar la memoria histórica, al mismo tiempo que “un recurso turístico de primer orden con los propios elementos de la cultura petromacorisana” (Collado, 2002).

Los seminarios que eventualmente se realizan sobre estos temas, cobran mayor sentido cuando pueden concluir en algunos resultados de orden práctico, me parece que la articulación de una agenda como la propuesta sería una buena manera de dar seguimiento a la oportuna iniciativa que nos ha convocado.

Muchas gracias,

BIBLIOGRAFIA

Abreu Collado, Domingo. “¿Cocolo Town? ¡Yes, Cocolo Town!, Ho, 2 de junio 2002, pág. 4D.

Azcárate, G. “Los Cocolos, el coraje de ser negro”, Suplemento Areíto, Hoy, 5 de enero 2003, p. 4.

Coiscou Henríquez, C. Nociones para la historia de Santo Domingo, Madrid, 1973: 135-139.

De Nolasco, Flérida. Días de la colonia, 1952.

-------------------------- Santo Domingo en el folklore universal, C. T., Imp. Dominicana, 1956.

Eme-Eme (1977) vol V, No. 29, ene-abr, p. 154-155.

Guerrero, J. Guloya's coming. “El rescate de una tradición cocola”, Ingenio 8 (12): 14, abril, 2002, San Cristóbal.

----------------“Guloya's coming. El Rescate”. Suplemento Pasiones, El Caribe, 6 de enero 2002. Pág. 3.

---------------- y Juan Rodríguez, “Cultura y política en los Momises de San Pedro de Macorís”, Boletín del MHD (28): 227-239, Santo Domingo, 2002.

Inoa, Orlando. Azúcar, Arabes, cocolos y haitianos. Santo Domingo: Cole – Flacso. 1999:106.

Rodríguez Demorizi, E. Invasiones Haitianas 1801, 1805, 1822... ADH. C.T., 1955.

---------------------------Invasiones Haitianas 1801, 1805, 1822... ADH. C.T., 1955.

--------------------------- Música y baile en Santo Domingo, 1971:95.

Rosenberg, J. El Gagá religión y sociedad de un culto dominicano. Un estudio comparativo. Santo Domingo: UASD, 1979:17).

Tejeda Ortíz, D. Cultura Popular e Identidad Nacional, I. Santo Domingo: Consejo Presidencial de Cultura e Instituto Dominicano del Folklore.1998. Serie Ensayo sobre Folklore.

Ultima Hora, 31 de marzo de 1997.


* Antropólogo y profesor universitario. Ponencia presentada en el Seminario “Dos culturas para una”, 13 de abril 2005, San Pedro de Macorís.

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