La "antipolítica" en
América Latina.
Algunas propuestas de lectura.*
Miguel D. Mena
„La
era de la globalización enfrenta un vacío moral junto a la inacción
ciudadana, una pérdida de autonomía de lo político en tanto espacio
fundador de la identidad de la sociedad civil y de la legitimidad del
estado, una decadencia global de la capacidad del estado para incentivar
la participación y para responder a los acuciantes desafíos de la inequidad.“
En nuevoespacio http://network.com.ar/nuevoespacio/d-global.doc
Con un dejo de ironía, cinismo o nihilismo
se dice que vivimos los tiempos del espectáculo. Todo se escenifica.
Las líneas demarcatorias entre lo privado y lo público tienden a esfumarse
a favor de una conciencia juzgadora que siempre estará en lo otro. Parece
confirmarse la vieja suposición de Guy Debord [1967, tesis 9],
de que La verdad es un momento de la falsedad.
Lo que antes era pura literatura -llámese
realismo mágico o maravilloso- hoy es algo presente en
el diario acontecer. Macondo no ha sido un accidente: es un espacio
que siempre hemos tenido, que nos ha estado halando desde siempre, en
el que nos hemos estado conformando, con distintos resultados, pero
siempre ha estado ahí.
El imaginario político latinoamericano ha comenzado
a privilegiar dentro de sus opciones aquellas representaciones envueltas
dentro de lo espectacular artístico. Personas, acciones y situaciones
que antes sólo hubieran movido la imaginación literaria, cuando no la
risa, ahora se transforman en claras alternativas de dominación.
Si hasta las dictaduras militares las teorías
dependentistas conformaron los parámetros a partir de los cuales se
situaron las variables conformativas de nuestras sociedades, lo que
le siguió estuvo marcado por la más crasa desorientación. ¿O es que
siempre estuvo la teoría halando lo ideal mientras la realidad estaba
conformada por otros elementos?
Pasamos de las lecturas de F. Cardozo y E.
Faletto, de R.M. Marini y A. Frank, a N. Poulantzas y más acá, a N.
Lechner, como de un abecedario a una sopa de letras.
Entre set y set estarían Marx y Weber, situados
a prudente distancia.
Del primero no resultaba ya satisfactoria su
teoría sobre la lucha o la conciencia de clases, mientras del segundo
comenzamos a valorar que, dentro del desencanto generalizado, los carismas
se rutinizaban, y sin embargo, no vencía la racionalización en nuestros
medios latinoamericanos.
¿Vivimos la política como espectáculo (Baudrillard)
o es que los nuevos gustos revelan el agotamiento de las formas racionales
(o tradicionales) de hacer política? ¿Sufrimos los efectos de la globalización
á la americana o es que finalmente están aflorando nuestras estructuras
carnavalescas de pensarnos en el mundo?
Aunque el concepto de „antipolítica“ no tiene
un status propio dentro de los últimos desarrollos del pensamiento latinoamericano,
sus márgenes sí han sido estudiados bajo la forma de la emergencia del
nuevo sujeto social, la recomposición de nuestras sociedades civiles,
los nuevos paradigmas de globalización o tribalización, etc.
La „antipolítica“ -que a partir de ahora denominaremos
„nueva política“ por parecernos más una alternativa que una simple negación-
es no sólo fenómeno de nuestro folklore político sino síntoma de los
nuevos dispositivos de la cotidianidad y sus representaciones.
Que en Italia se pueda saltar de la popularidad
televisiva -con el caso de S. Berlusconi- a la primera magistratura
de la nación nos enseña que desde ahora, todo es posible en la viña
del Señor.
Que en Brazil -ex- futbolista Pelé como ministro
de Deportes-, Panamá -y el salsero Rubén Blades como candidato presencial-
y República Dominicana, donde tuvimos un síndico sacado de los camerinos
televisivos-, se postulen a cantantes y desportistas a altas funciones
ejecutivas, nos quiere decir, entre muchas otras cosas, que los contenidos
del imaginario y de nuestras identidades se ha resituado, faltando todavía
una reflexión que trascienda el asombro o la simple carcajada.
El ejemplo de los Estados Unidos puede servir
como referente, en el sentido de cómo el espectáculo formula los márgenes
del accionar social.
Hablar de „poder“, por ejemplo, requiere escindir
este de las viejas nociones marxistas de clase e ideología. Sin tener
que caer necesariamente en una casuística del poder, tendremos que hablar
ahora de estas viejas arritmias o disonancias en nuestras sociedades,
que más que constituir una excepción, van conformando lentamente una
regla.
Aquí presentamos algunos tanteos:
Lo nuevo no es más que lo viejo pero
con nueva capa. Se habla de „fujimorización“
(entre otros sentidos) a la rapidez con la
que se forma un liderazgo. Alberto Fujimori salta a la luz pública y
logra en cuestión de escasas semanas escalar y luego ganar las elecciones,
gracias, en parte, a la original confección de su campaña: había salido
a las calles montado en un tractor. ¿No habían vencido los españoles
montados a caballo? [Recordar el poema de J.Santos Chocano: „los
caballos eran fuertes...“] ¿No se había paseado Fidel en un tanque
de guerra? Caballos, tanques, tractores, al final no son más que signos
de fuerza, celeridad, poder. La historia bien podría ser la lucha por
ganar en celeridad (P. Virilio). Los métodos son parecidos desde los
conquistadores hasta nuestros días: el discurso, para hacerse creíble,
tiene que estar complementado con un elemento de fuerza, con lo que
la razón, por sí misma, no tendría el impacto que la Aufklärung (la
Ilustración) había demandado.
2. La antipolítica como acceso transmoderno
de la política.
En los años 80 comienza un proceso de superación
de las dictaduras militares, con lo que el imaginario colectivo tiene
que resituar su cotidianidad con nuevas propuestas democratizan-tes.
Las representaciones tradicionales -partidos
políticos- comienzan a ceder zonas sensibles de su accionar a los movimientos
sociales o a sectores progresistas de la Iglesia, al mismo tiempo que
las izquierdas no logran compactar un consenso dentro de la sociedad
civil lo suficientemente significativo como para presentarse en tanto
opción de cambio.
Los pactos, las alianzas, las coaliciones,
conllevarán un cambio de estrategias políticas en la que los viejos
conceptos fundamentales tendrán que ceder en tanto la transición así
lo requiere (el caso chileno, argentino, nicaragüence...).
Como consecuencia de ello, se produce una crisis
de identidad de lo político al desencontrarse la gramática política
de los partidos y las necesidades, realidades y aspiraciones de la población.
Los partidos pierden su capacidad de congregación y de consenso. Siguen
conceptuando al sujeto social y sus márgenes dentro de los viejos conceptos,
de espalda a los procesos de integración de nuestras sociedades al nuevo
orden internacional.
La clase obrera y los sectores campesinos van
reduciendo su peso en lo social, a la vez que surgen nuevos espacios
de realización de la clase media.
A nivel del discurso no se trasciende una actitud
de trinchera (hay que defender, somos el último bastión) mientras
se insiste en una simple actitud de rechazo frente a los procesos de
integración con el Primer Mundo (el caso cubano). Los liderazgos no
se reciclan (caso dominicano). Ante esta crisis de paradigmas se apelará
a los extremos: o se optará por los rastros de viejas administraciones
(Costa Rica, Venezuela, Dominicana, Uruguay, Chile) o se apelará a lo
más nuevo, a lo extra-político espectacular (Perú, Colombia), mientras
se mantiene el esquema de sociedad cerrada (Cuba).
3. Nos globalizamos: vamos de lo
público a lo privado. Mientras lo anterior podría
constituir una especie de variable vertical,
en el sentido de la relación Partido-Estado-Gobierno-Poblacion, los
procesos de integración dentro de lo global sería lo horizontal.
Ya somos parte de la Aldea Global gracias a
la comunicación digital y por cable. Consumimos -la mayoría más como
deseo que como realidad- todo lo que el Primer Mundo produce, aumentando
así el nivel de nuestras necesidades imaginarias. Y consumimos más como
un deseo de disponer o de poseer, generándose un conjunto de insatisfaccione
sociales. [Recordar lo de la prohibición de Jesús en Mateo: „desear
a la mujer del vecino ya es pecado“: el contacto visual con la oferta
es una parte del consumo].
Los medios moldean nuestros gustos, la imagen
que debemos tener de nosotros mismos, aquello a lo que se puede apostar
o se tiene que desear. Los parámetros de lo deseable políticamente aparece
cada vez como parte de un diseño narrativo al tiempo que las viejas
utopías no generan ya un habla ni un diálogo.
La política, más que las ideas o conceptos
a defender, es una puesta en escena. La televisión ya no será solamente
uno de los medios esenciales de educación o entretenimiento, sino también
uno de los marcos por excelencia de contacto con lo político, creándose
así un nivel de pasividad que se refleja, por ejemplo, en el abstencionismo
electoral. Ver es ya participar, se piensa en el sentido común. La política
se quedará en la sala de casa.
Mientras más podemos consumir -gracias al acceso
virtual- y más necesidades subjetivas se nos crean -el consumo como
parte del status-, más se privilegia la esfera de lo privado y de lo
cerrado, frente a lo público, lo participativo y lo abierto.
Las ofertas que tienden a atraer serán aquellas
que vengan dentro de los paradigmas de lo producido, del efecto rápido,
de las medidas a corto plazo. Si la política se concibe como un espectáculo,
y si este es un texto narrativo donde la sorpresa y el sentido de fiesta
(:el juego) son los parámetros esenciales, entonces la nueva política
consistirá de acciones anteriormente propias de las vanguardias artísticas.
El dadá habrá vencido al realismo, viviremos en un surrealismo radical.
Una sombrilla abierta dentro de una guillotina nos seguirá iluminando.
Lo político se ha globalizado. Una manera de
participar los latinoamericanos dentro de los marcos de la modernidad
es rescatar el sentido de fiesta como estrategia desactivadora de lo
escatológico, inscribiéndose en el presentismo („hay que vivir el momento“),
expresándose así cierto nihilismo del sentido común.
Nueva autoridad carismática. En
el proceso de modernización en América Latina se han
yuxtapuesto técnicas, discursos y dispositivos
desarrollistas sobre una base patriarcal, como se ha señalado desde
los días de José Martí hasta Octavio Paz.
Tal compatibilidad ha permitido la sobrevivencia
de valores formalmente contrapuestos pero que en el sentido de la verdad
-recordar las teorías de Isaiah Berlin sobre el hecho de que cada uno
tendrá sus verdades, de todas tendrán su pertinencia.
Dentro de las adhesiones a los programas partidarios
y/o proyectos políticos, la autoridad carismática jugará cada vez
un papel esencial más esencial, dado los sustratos agrarios de nuestras
sociedades, pero no precisamente en el sentido en que Max Weber la había
vislumbrado.
Los carismas han cambiado: del sentido de la
épica (que van desde los guerrilleros hasta las dictaduras militares)
se ha pasado a lo cómico. En el sentido común se tiene la creencia de
los carismas heredados por lazos familiares -Los Figueres en Costa Rica,
los Frei en Chile, para sólo citar dos casos- o por necesidad histórica
-el caso del alicaído Carlos Menem en Argentina..
5. La política es nuestro negocio.
Habría que corregir a M. McLuhan y, más que decir que la
„culture is our bussines“, decir mejor que es la política.
Las promociones políticas se realizaban antes
en base a convicciones o conceptualizaciones. Ahora son una inversión.
Cualquier puede invertir en un candidato y luego alzarse con una secretaría
de Estado, no importando las ideologías sustentadas. Vence la lógica
instrumental a la racional.
La disminución del papel de los Estados Nacionales
-y sobre todo del Estado de Bienestar- dentro de los procesos de globalización,
del triunfo neoliberal -el papel del mercado como regulador de ofertas
y demandas-, conduce a una reorganización de los sentidos de agregación
social. La celeridad de estos cambios y el grado de efectividad de los
mismos no ha permitido una digestión de sus efectos. Como consecuencia
de ello se produce una especie de crisis de identidad colectiva, de
falta de referentes, donde lo público ahora se reduce a lo privado,
lo social a lo persoal. Los parámetros de éxito en lo empresarial o
lo artístico se traducen en lo político. Las viejas racionalidades -con
sus contenidos éticos- han dado paso a las técnicas de sugestión. La
política se considera como juego o complemento del éxito espectacular
por parte de los artistas. Por el lado de los políticos tradicionales,
la apelación al espectáculo es su garantía de popularidad. Se va sedimentando
cada vez más la idea de que lo que importa es la efectividad, no importando
los costos sociales de la misma. Las viejas ideologías se van diluyendo
en apuestas electorales a las que hay que recurrir sin programas alternativos
y conscientes de las realidades sociales. Lo importante es dominar las
riendas del poder, aunque no se tenga claro la forma de cómo saber conducirlas
en los principios de democracia y justicia social.
6. Reducción de la nueva cotidianidad. Al Estado cada vez le resultan menos
interesantes las iniciativas propias para atender
las necesidades culturales de la población -en el caso dominicano la
televisión y la radio oficial no han sido desde 1978 más que fieles
competidoras de las privadas en beneficio de... las manos privadas que
ocupan su dirección con el título de „secretaría de Estado“. La calidad
de vida de nuestras ciudades va acentuando a un proceso cada vez más
menudo, individualizador y competitivo. Cierran los cines a favor del
video, el estado de violencia en nuestras calles crece, entre muchos
otros factores, gracias a la falta de una infraestructura que garantice
un uso óptimo del tiempo libre. Santo Domingo es una ciudad donde, a
pesar de las grandes áres verdes, en los parques urbanos ¡no se cuenta
con un sólo parque de diversiones infantil!, lo que traducido a buen
dominicano significa, ¡no hay un sólo columpio para más de quinientos
mil niños!
7. Los relatos televisivos como el
nuevo ordenador de los sueños sociales. Ante la desatención
del Estado, cualquier iniciativa privada ligada al espectáculo puede
incitar inmediatamente a la acción política. Cualquier oferta vale.
La política es acción, gusto por la empiria y el aplauso. Al viejo imaginario
dominicano lleno de revolucionarios, guerrilleros, gente en el exilio
y en las cárceles, ahora le sigue una vía los relatos de los mass media.
Si antes había la posibilidad de elegir entre los buenos y los malos,
ahora las posiblidades para el sentido común es verse obligado a escoger
entre los menos malos. La política pierde sus viejos contenidos conceptuales
y en ella lo banal pasa a formar parte de sus estructuras más significativas.
Un truco televisivo -la supuesta confesión de que Juan Bosch no creía
en Dios- concitó en su momento (1990) y a pocos días de la contienda
electoral, una reducción significativa de votos. En este contexto no
es de extrañar que un viejo promotor radial y organizador de fiestas,
convertido en un rico propietario de medios de comunicación, R. Corporán
de los Santos, haya podido alcanzar la alcaldía de Santo Domingo. Para
las elecciones de 1998 se contempla a Roberto Salcedo -un mal comediante
pero un inteligente conductor televisivo- como candidato al mismo puesto
por el gobernante Partido de la Liberación Nacional.
8. La política se ha descarnado.
Ya no es posible distinguir entre lo blanco y lo negro. Viejos dictadores
-como A. Pinochet en Chile o H. Bánzer en Bolivia-, cuentan con una
parte de legitimidad en función de los éxitos económicos, o se rehabilitan
al poco tiempo como ejemplares demócratas -el caso dominicano de J.
Balaguer.
9. De la telepolítica a la telecracia. La política dominicana vive desde los 80 pendiente de la
televisión. Antiguas enigmáticas figuras ahora se relevan como la conciencia
nacional gracia a la teatralización que realizan mediante las vías televisivas
(el caso del doctor M.V.Castillo). También se constituyen en árbritos
de los diferentes conflictos sociales viejas estrellas de la televisión.
En el caso dominicano, no hay una comisión mediadora de conflictos huelguísticos
o electorales donde no se respecte, junto a alguna figura eclesiástica,
la presencia de F. Beras Goico, de quien se sospecha será el próximo
vice-presidente, de consolidarse el PLD y su posible candidado, el actual
Vice J.D.Mirabal. Telepolíticos como el doctor Castillo forman una avanzada
junto a telécratas como F. Beras Goico y R. Salcedo. Los anti-intelectuales
-como los dos primeros- se juntan con los no-intelectuales (como el
último) y conforman parte de la vanguardia de la política dominicana
actual.
10. ¿Esperanzas?
Dice la vieja conciencia nihilista dominicana que la esperanza era
verde y se la comieron los burros. No voy a concluir esta ponencia
con ese aliento optimizante que por lo general conforma todo final,
a la hollywoodense. Prefiero quedarme en el plano de la provación, comparar
casos, sacar perfiles comunes y diferentes, para luego tratar de imaginarme
-y de imaginar con ustedes-, cómo podríamos disponer de voluntades y
conceptos originales como para volcar esta situación y tratar de buscar
una mejor. Mientras tanto, les doy las gracias por la atención prestada.
*Ponencia leída en el seminario sobre Discursos
Interdisciplinarios, celebrado en el Instituto de América Latina de
la Universidad Libre de Berlín, el 31 de octubre de 1997.
Bibliografía
Debord, Guy (1967): Society of Spectacle.
http://www.nothingness.org.