Paul Álvarez
(Santo Domingo)

DOS LÍNEAS

En el pavimento del Highway
Van algunos borrándose
Las radios encendidas no se escuchan
Bajo el oído del día que termina
En la carretera van caras conocidas
Delante de los volantes, noches y reflectores
Sin usarse
Extinguidas
Caras irreconocibles, escondidas
Corriéndole a los maleteros cargados de
Cadáveres con lágrimas que no vieron
Sino la carretera, sino una dirección

III

Podría nacer poesía en lo que dices en tus palabras:
Vendo perfumes, colonias, sombra para los ojos,
Pinta labios, jarabes para la tos, sangrías,
Órganos, pétalos disecados, hormigas, abejas
trabajando,
tarjetas de congratulaciones, celos, invitaciones,
parientes lejanos
Vendo un puñado de mis cabellos, mis órganos, mi
pobre generación compactadas en las cajetillas de
cigarrillos y talones de cine
y las sombras automáticas de los hoteles,
tocadores, dos espejos vacíos
una gota de sangre que siempre toca
las sabanas, el alfombrado, las salidas
sangre que toca, abriendo la vida

 

EXIT 79 DEL QUEENS BOULEVARD
Hay veces en que es necesario ver la sangre transformándose en camino, en un grito desesperado por caer y romperse en mil cosas anegadas por la memoria, hay veces en que es necesario comerse las uñas y los ojos y los párpados de quien se ama, hay veces en que es necesario drogarse debajo de los puentes, drogar a los abandonados, a los idiotas, a los que pierden una librita de más todas las tardes, a los sedientos que se olvidan de su ser para quedar abrazados, a los que se quedan parados enfrente de los especiales de 99 centavos, a los que piden todo el día y la semana, a los que recogen la basura, los preservativos usados, las ratas muertas, a los que miran sin ser observados, a los que vomitan sangre en las mañanas, a los que lloran porque dicen no saber qué pasa, a los que leen su nombre en la quinta página del Times, a los viejos cirujanos y sus alcanfores, a Woody Allen, a los arquitectos que no cuelgan su diploma, a los boricuas que dicen trabajar 16 horas y en realidad son más, a los que no llegan a su casa, a los que están a punto de morir en el bar por no pagar o por el fulano que le queda al lado, a los meditabundos sin futuro, a los que saludan con muerte en las manos, a los hediondos a gasolina, a los que estuvieron golpeando a Antonin Artaud cuando murió con un zapato en la mano, a las que maman pingas en los asientos traseros de los Ford’s, en la semioscuridad de los baños públicos, en los callejones, en el subterráneo,
a las putonas que suben las escaleras, a los hijos de puta, a los que no cierran la puerta a ninguna hora, a los que abren las puertas y olvidan cerrar las puertas, a los de una pierna, a los que salen con revistas para quizás luego revisarlas en los trenes, a los que catalogan de psicópatas en los noticiarios, a los que violan en las esquinas forzosamente, a los que les gusta ser violados en las esquinas forzosamente, a las que hacen striptease, a los que prestan, a los ignorados, a los buscavidas, a los hipnotizados, a los que aguardan en los ascensores de los rascacielos, a los que salen de la nada en pleno día, a los que nunca se olvidan, a los que usaron lentes de contacto el mes que nos vieron y escupieron y siguieron de largo, a los que toman el autobús y se pierden, a los que se pierden de una vez y para siempre, a las que hunden las uñas en la espalda de su amante, a los que son besados, a los que esperan el beso, a los que arrebatan el beso, a los que dicen hasta luego y adiós, a los que no se arrepienten, a los tigueres que vinieron sin un chele, a los que cantan de repente en un taxi, a los que van a la playa a enterrarse o ahogarse, a los que nos salvaron sin querer, a los que les dijiste y te dijeron, a los que planifican tener hijos sin casarse, a los que pasan y no te reconocen, a los que no reconoces,
también a los que se hacen pajas, a los jóvenes del alto Manhattan, al cibaeño que le dieron un tapón en la cancha y se quejó y le metieron un balazo en la pierna, a los que sudan repitiendo “esta es mi sangre”, a los paramédicos, a los hackers, a los que se meten una escopeta en la boca, a los que le ponen puntos suspensivos a su vida, a los que oran de madrugada cuando sueñan con América y de noche cuando se levantan de la cama, a los asmáticos, a los que ya no respiran más, a los que mastican nubes, a los que montan a caballo, caen, se inmovilizan, envejecen, se sujetan de la brida, oyen relinchos y fallecen, todo esto en medio de la quinta avenida, a los que quieren suicidarse en Agosto, a los que no saben aguardar, a los que no escucharon el silbido del tren o de la aurora boreal, a los que no les duele que le saquen sangre, a los que se derrumban en los hospitales, a los que no vuelven a leer más periódicos, a los que podría haber asesinado en el laundry, a los que vieron una, dos, tres veces mi cara sin máscaras,
a los que me recordaron un instante después de la muerte, a los que me vieron agonizando y no dijeron nada ni se miraron sus rostros asombrados, a los que quemaron el MOMA y escondieron mis ojos, a los que creí, a aquellos en que me vi, a los que atentaron contra mí, a los que no buscaron nunca nada en mí, a los que he traicionado,
a los que por amor se entregaron a mí,
a los que por casualidad se entregaron a mí,
a los que por venganza se entregaron a mí,
a los que por entregarse se entregaron a mí

(Nueva York, 2000 )

LA PELOTA

“Cuando uno se entrega totalmente a alguien o a algo generalmente deja huella. Es el Amor, esa fuerza incontrolable que nos hace triunfar.”
Michael Jordan.
Aquí viene la pelota

La que cada uno esperaba llegar
Con el uniforme de un sastre
Con la cara sucia de seis semanas seguidas
Con los ojos en los ojos de la rubia
Con mil cabezas alborotadas por el desnudo
Aquí viene otra vez la pelota cascada

Sobre las culatas de las balas
Con frías nubes de fuego y telas
Con la cabeza afeitada
Con la espalda partida como un pantalón
Con ferias y comilonas sin apetito
Aquí viene la pelota ¡dame la bola!

Tierra en su pata de madera
Con ruedas a los lados del vientre
Con la frente escasa
Con la blusa en las rodillas que suplican un tiro más
Con cigarros pidiendo pies

Aquí la pelota se queda

En el final de la soga
Amarrando a los niños por las orejas
A las mujeres que sirven las copas
A aquel hombre que mira de lado
Con bigotes morenos
Con cejas que no mienten
Con alguna última noche remangada en las sienes
Con temor a que le maten detrás de la penúltima botella de ron

QUIERO ALQUILAR UN CUARTO

tanto que alquilar
el otro día un señor mayor
me ofreció uno
dijo tengo varios
yo le miré sin hacerle mucho caso
en la Paz también alquilan
no me veo alquilando en la Paz
el dinero no importa
a la hora de alquilar
un cuarto o un carro
es para tu bien
sino estas mal
veo muchachas que me observan
queriendo alquilar un cuarto
pero no alquilo
estoy también buscando
temprano alquilar
todos tenemos oportunidad
los policías que miras
el hombre que camina y se monta
la mujer que te nota la calvicie tan joven
aquel se rueda y aquella se apea de la OMSA
poco que hacer cuando estas solo
y calles
quiero alquilar un cuarto
aunque no esté a mi alcance
aunque sea lo último que haga

 

NI ESCALERAS NI ASCENSORES

sentado en la escalera
mira arriba las persianas sucias
una cucaracha le rodea hace un rato

el fondo del florero que sostiene en una mano

su intención es dejar todo para mañana
se cuenta la historia una y otra vez
el humo sonrisa, el humo persiana, el humo que no fuma
nadie en la brisa juega y conversa

y entorpece a los transeúntes que van tarde
aquella joven negra que parió un varón
¿quién era? Nadie en la escalera
¡ayúdenme!
mirando arriba

de la escalera
desciende

alguien

y se va


P@UL ÁLVAREZ: uapaul69@hotmail.com

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