LETRAS     PENSAMIENTO     SANTO DOMINGO     MIGUEL D. MENA     EDICIONES  

LAS IDENTIDADES DEL VÉRTIGO
"Toda creación de arte es gestada por su tiempo y, muchas veces, gesta nuestras propias sensaciones"

Vassily Kandinsky

Alanna Lockward

Marcos Lora Read

La proyección del video Stalker 3 del artista chechenio, Sergei Bugaev, en la galería I-20 de Soho en diciembre de 2002, apareció en la cotizada primera página del Art Newspaper con un titular algo exasperado, “Snuff-movie or art as journalism”. Entre otros motivos, el periodista -o narrador- argumenta que tal vez la inagotable sopa Campbell warholiana seduzca sin remedio a los artistas superestrellas cuyas imposibles agendas, esclavizadas por la proliferación pantagruélica de bienales y eventos internacionales, encuentran en la “novedad” mediática, grotesca sin esfuerzo, un remedio para su mal.

La perplejidad del que escribe es evidente y comprensible. El video es una apropiación de Burgaev en donde se muestra sin cortes la ejecución -o asesinato- de soldados rusos por miembros de Al Quaeda en Chechenia. El narrador, que no autor, Burgaev, evalúa su obra como un ready-made en el más estricto dada, y es precisamente en este sentido que la recuperación y reciclaje de la performance del traslado, del desarraigo, de la emigración, que la necesidad de contar las historias de Visa es vital en más de una acepción.

Dice Alejo Carpentier en una clara alusión a la exactitud de Kandinsky*: “…Aquí puede ignorarse el año en que se vive, y mienten quienes dicen que el hombre no puede escapar a su época. La Edad de Piedra, tanto como la Edad Media, se nos ofrecen todavía en el dic que transcurre… Pero nada de esto se ha destinado a may, porque la única raza humana que esta impedida de desligarse de las fechas es la raza de quienes hacen arte”.

Utilizando esa doble performance caribeña de narrador y narrado, de espectador y productor y actor del espectáculo, tan característica de la narrativa antillana, Carpentier ilustra dos aspectos que paralelamente se manifiestan en los trabajos presentados en esta exhibición. Me refiero por un lado a la corporalidad de un sistema de representación basado en la experiencia personal, -en el caso de Tanja Ostojic es virtualmente anatómico-, y por el otro a la conexión mutatis mutandi entre los que viajamos desde la otredad hacia la instancia de poder receptora: el primer mundo, con el común propósito de “vivir" el arte.

Tal como le comunique a la curadora, Beate Eckstein, cuando me propuso escribir este texto, deseo recorrer el camino trazado por la temática y el fuerte contenido performático de algunas de las obras de Visa incorporando, en el más estricto sentido Carpentiano, - y amparada también por mi caribeño origen-, mi relación personal con el perfil de esta exposición. Hace apenas unas semanas, tras cuarenta y cinco minutos de ataque de pánico en la fila de migración de los “non-something” en el aeropuerto de Miami, descubrí una filiación hasta entonces desconocida, una familia nueva con primos lejanos, más cercanos y hermanos también. Mientras trataba de reducir mi absoluto e infundado temor de no ser aceptada en los Estados Unidos recitando un mantra secreto, pude percibir en cada centímetro de mi plexo solar los diferentes grados de nerviosismo que me transmitían mis compañeros de travesía, mi nueva familia. En otras palabras empecé a incorporar (ir)racionalmente en más de un sentido lo que para muchos representa la mayor crisis de identidad que haya enfrentando la humanidad.

Después del 11 de Septiembre cualquiera puede ser un terrorista, o una familia de terroristas de aspecto inocente como los alemanes que en frente de mi, mal disimulaban su incomodidad por la prolongada espera sonriendo sin motivo aparente y sin pausa. Esos eran mis primos más lejanos. La joven, tal vez nicaragüense, que durante 25 minutos contados le respondió sin perder la calma en la fila de al lado al oficial de migración, era mi hermana mayor. El pasajero indio o pakistaní que detrás de mí movía sin cesar su maletín como un péndulo, el primo que no saludo ni siquiera en misa. Tienen razón los teóricos, mi identidad transnacional me bautizó sin padrinos y sin promesas, sin regalos.

Las identidades transitorias del no-lugar (1) no son como pudiera interpretarse por error, artificiales o fantásticas, son tan reales como el vértigo que se adhiere al plexo solar como un gemelo imprudente y molestoso, como un tumor exhibicionista que tratamos por todos los medios de camuflujear con todos nuestros sentidos, con todos nuestros recursos. Y es también aquí donde la intensidad de los “vínculos” que establecemos con nuestros inéditos conciudadanos negocia sus posibilidades, sus alcances. Como decía anteriormente algunos tienen menos miedo que otros, pero lo tienen.

En esta nueva cartografía del miedo, invisible para aquellos que pertenecen a “El” lugar, -léase la Unión Europea o los Estados Unidos-, los espectros del pánico encuentran en proyectos como VISA una superficie reflectora más que necesaria, urgente. Si bien es cierto que el tema de la migración en la creación contemporánea no es nuevo, también lo es que la capacidad de difusión de los espacios neutros de las artes visuales compite desigualmente con la contraparte mediática que desafía, digamos que casi hasta la impotencia.

Para hablar de estas identidades del vértigo, el término transnacional, acuñado en su acepción migratoria a principio de los noventa, es muy útil. En un esclarecedor ensayo de Jorge Duany, del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, se explica que el transnacionalismo es el proceso mediante el cual la gente establece y mantiene lazos socioculturales a través de bordes geopolíticos. Sin embargo, aunque la creciente movilidad de la población mundial podría anunciar la quiebra de las identidades nacionales "desde abajo hacia arriba", cruzar un borde no significa borrarlo. "Al contrario, las políticas públicas actuales en el mundo industrial avanzado (Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón) son cada vez más hostiles hacia los trabajadores migrantes. Mientras los países emisores de migrantes formulan políticas públicas cada vez más transnacionales, la mayoría de las leyes y regulaciones en los países receptores sigue intentando reafirmar, controlar y proteger las fronteras de estados nacionales." (2)

En esta nueva cartografía del vértigo no existen los viajeros epistemológicos en el sentido Barthiano, esos que corrigen su diario asumiendo la inexactitud de su valoración de los lugares que visitan como “naciones ficticias”, tratándolas abiertamente como “objetos novelísticos”. Las narrativas de Visa se escriben apresuradamente, a tropezones, son historias en proceso de ser contadas, visualmente, como si en esta nueva oralidad se alojara el conjuro para tanto silencio, para tanto miedo.

Sin embargo la brutalidad de este miedo tiene una diferencia esencial con la del video de Burgaev, -necesario y urgente también, aunque algunos no sientan tanta simpatía por su desdén por las fronteras entre la narrativa visual y la periodística o documental-. Esta sensación no es un ready-made, es la prefiguración en sí misma de un fenómeno de pan-etnicidad de dimensiones inimaginables. Pero por el momento dejemos descansar al miedo y sus fantasmagóricas proyecciones y detengámonos en analizar el contenido azaroso de la mochila de Joseph Nazaire, ciudadano de Haití:

1 cuaderno
1 identificación de partido político
1 identificación de pago de impuestos
1 página de un diccionario en inglés
14 hojas con notas, cartas y partituras
1 sobre usado

Dentro del proyecto Bon Dieu Bon de Edgar Endress, de origen chileno y residente en Estados Unidos, en esta mochila abandonada en las playas la isla de St John se encuentran algunas claves que conectan esta convocatoria plenaria de VISA con lo que el martiniqueño, Edouard Glissant, define como la “criollización” del planeta. La primera de ellas resuena en las filiaciones múltiples de los participantes: Afrecha, Caribe, América Latina y Europa Oriental. El Caribe como corolario de la hibridación, como meta-archipiélago, como presagiante origen de una globalización ‘otra’, es esa isla que se repite “desplegándose y bifurcándose hasta alcanzar todos los mares y tierras del globo a la vez que dibuja mapas multidisciplinares de insospechados diseños.” (3)

Otra de estas claves esta dada por la especificidad de su discurso de resistencia, contundente, sin ediciones, ultrabarroco, con el que contribuye al canon narrativo de la posmodernidad que según Benítez Rojo consiste en “...el cuestionamiento del concepto de “unidad” y el desmantelamiento, o mejor, desenmascaramiento del mecanismo que conocemos con el nombre de ‘oposición binaria’, el cual sustenta en mayor o menor grado el edificio filosófico e ideológico de la modernidad”. (4)

Y es en este desmantelamiento, en este lúdico intercambio de roles, donde las reglas del juego son teatralizadas, caricaturizadas, reducidas al absurdo, sublimadas una por una. El proyecto de Tanja Ostojic, -en proceso e iniciado con una búsqueda formal y subversiva de buscar marido con un pasaporte europeo-, es otra prueba irrefutable del estatuto transnacional de VISA, de su condición ‘caribeña incógnita’. Nada más común a la idiosincrasia de un caribeño que el uso de este recurso para legitimar su residencia. Pero para calibrar mejor la enorme voluntad de transmutación de este proyecto performático, volvamos a la interminable fila del aeropuerto de Miami, hagámonos algunas preguntas.

Si las bases de datos son ahora tan veloces, si las formas de identificar a un individuo son cada vez más infalibles, por cha la fila de migración dura 3 veces más que hace tan poco? Porque el artista que debe viajar ahora más que nunca dado que esto es parte de la naturaleza misma de su relación con su obra, es decir, con su tiempo, debe entregar cada vez más papeles a las embajadas? Qué defiende el primer mundo con más brío y con más fe que en las mejores épocas de su vigor colonizante? Para tanto desequilibrio y doble moral no existen respuestas unívocas. Nunca las ha habido de todas formas. Valga decir entonces que en esta iniciativa de exposición de una problemática cada vez más compleja e injusta, queda un registro de los "non-something", de la voz otra, sin solemnidades, desnuda como la imagen rasurada de Tanja Ostojic, como la voz de un tiempo humano y eterno.

Notas

1. En referencia a la cita que del anthropology fiancés, Marc Augè, hace la curadora en el texto introductorio: "The passenger gains his anonymity (and with it his freedom of movement), but only after he has given proof of his identity and has, in a certain sense, countersigned the travel contract..."

2. Duany Jorge, Identidades en Tránsito. Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de Puerto Rico, 1999. p. 7

3. Benítez Rojo, Antonio. La Isla que se Repite. Editorial Casiopea, Colección Ceiba, 1998. p 17.

4. Ibid. p. 185.

1
hindi adult dvd

hindi adult dvd

tail 50 united state of america

50 united state of america

winter broome community college binghamton ny

broome community college binghamton ny

shell