Una belga seducida por la República Dominicana
Alejandro González

Rita de Maeseneer se ha dedicado al estudio de la literatura dominicana
Que una filóloga belga le haya dedicado tiempo –bastante en este caso- al estudio de la literatura dominicana, resulta un halago. Pero que haya cruzado el Atlántico para tocar en las puertas de esta media isla con un libro acerca de nuestra literatura contemporánea en las manos, es algo más que un obsequio.
Es para nosotros, por lo menos, un comprmiso. Porque esto demuestra claramente dos cosas: una, que la literatura dominicana está alzando cabeza en el panorama internacional; y dos, que ya es hora de que la sociedad dominicana empiece a valorar sus letras como estas se lo merecen: con ojos distintos a los de la mediocridad y la indiferencia.
¿Cómo surge su interés por la literatura dominicana?
Empecé a estudiar la literatura cubana y más específicamente la obra de Alejo Carpentier, que era una especie de llave de acceso a la literatura caribeña. Sé que tildan a Carpentier de afrancesado, pero su obra no se puede entender si no se toma en cuenta también el contexto cubano, caribeño.
Luego fui estudiando la literatura puertorriqueña y constaté que sobre la otra isla de habla hispana –Dominicana- el aparato crítico era mucho menos grande. Por supuesto, existen estudios valiosos sobre todo de dominicanos pero me intrigaba esta ausencia en el mapa internacional y el silencio de la crítica especializada, por eso quise investigar y saber más al respecto.
A su juicio, ¿por qué la literatura dominicana no ha tenido la presencia internacional que ha tenido la cubana y la puertorriqueña, en menor escala?
Es sobre todo la literatura cubana la que ha opacado estos últimos años el mercado editorial internacional. Esto se debe, entre otras razones, a que la literatura dominicana es menos mercadeable en términos políticos en comparación con la de Cuba, además la literatura cubana tiene una larga tradición literaria, más conocida en relación con la dominicana, y, aunque ha habido grandes escritores en Quisqueya también, la difusión de la literatura dominicana ha sido más reducida. Pero creo también que está el elemento de la valoración que se le da a literatura en la misma sociedad.
Usted ha mencionado que entre las contradicciones que la República Dominicana presenta en su dinámica literaria, se encuentra la obsesión por la historia. ¿No pueden escapar los escritores dominicanos a la sombra histórica de Trujillo y Balaguer?
Es obvio que este demonio histórico esta allí y que un periodo tan largo de autoritarismo marca la literatura. Basta con entrar en cualquier librería dominicana para comprobar que sobre la narrativa dominicana “de dentro” planean las sombras de ambos: abundan las novelas cuyo núcleo central es el autoritarismo y/o su contrapartida, la resistencia. No obstante, veo que en los escritores más jóvenes esta presencia ya se encuentra de manera más tangencial o ya no se encuentra.
Tras devanar nuestra madeja literaria, ¿ha encontrado algún tema tabú recurrente entre los escritores dominicanos?
Pienso que Quisqueya presenta una serie de particularidades a nivel histórico, geográfico, étnico que pueden nutrir su literatura y la pueden hacer diferente de las dos otras islas, Cuba y Puerto Rico. Tiene un gran acervo de cultura popular, la música, la fusión de religiones. Por poner un ejemplo, presenta una estructura particular por ser una media isla que vive en una situación de odio y amor con su vecino Haití.
Este puede que sea uno de ellos: la relación dominico-haitiana se ha tratado de manera muy tímida. Otro, es el recato en el tema sexual en relación con lo que pasa en Cuba y Puerto Rico, donde el tema ya tenía predecesores. Pero tal vez aquí también habría que estudiar la música y otras manifestaciones artísticas para matizar esta idea.
¿Cómo valora el panorama de la literatura dominicana actual?
La narrativa dominicana (reitero que no he estudiado la poesía) está en un momento interesante. Está emergiendo en el sentido de que va adquiriendo más visibilidad y es menos tradicional que en las décadas anteriores. Pienso en textos de Rita Indiana Hernández, de Aurora Arias, Veloz Maggiolo, Efraím Castillo, Pedro Valdez, en los escritores de la diáspora como Junot Diaz.
¿Alza su cabeza la literatura dominicana en el panorama internacional?
Últimamente se han publicado antologías y textos dominicanos en Europa, pues está emergiendo allá la literatura dominicana. Hay interés. Recientemente una revista francesa, Critique, me pidió la traducción de un texto de la narrativa dominicana contemporánea y se va a publicar una parte de La estrategia de Chochueca.
La labor de Miguel de Mena allí también es importante. En estados Unidos, el Hostos College organizará un primer coloquio sobre temas dominicanos y la labor editorial de Daisy Cocco y de Chiqui Vicioso, así como de Silvio Torres Saillant, lo cual es muy importante.
19 de marzo, El Caribe

Rita de Maeseneer y Aurora Arias, durante una presentación de la primera durante la Feria Internacional del Libro del 2005.
(Foto: MDM)